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Jueves, 5 de junio de 2014

CASTORES MUERTOS-VIVOS PARA TODOS

Castores muertos-vivos para todos

Al y Jon Kaplan dirigen Zombeavers, otra película para la batea “zoo”mbie.

 Por Javier Aguirre

Volver de la muerte con la carne putrefacta, el cerebro imbecilizado y un hambre feroz por los sesos y otros apetitosos tejidos humanos ya no es patrimonio exclusivo de los homo sapiens. Mal que les pese a los dogmas internos del tanque comictelevisivo The Walking Dead, la curva narrativa de Hollywood insinúa que cualquier animal pueden ser vector de la plaga zombie, regresar del más allá y perseguir a personas sin otro objetivo que morfárselas vivas. Cualquier animal, así sea pequeño y, en vida, herbívoro. Cualquier animal, incluso un castor.

Esa es la tesis de la flamante película de horror-divertido Zombeavers, en la que los famosos roedores acuáticos no dirigen sus dientes cuadrados a troncos sino a carnes humanas, en especial, las de chicos en malla y chicas en bikini que veranean en aguas boscosas. El NO interpeló a la doble cabeza detrás de esta idea monstruosa (en varios niveles), los hermanos Jon y Al Kaplan, guionistas y creadores de Zombeavers, quienes revelan todo el poder de fuego que puede subyacer en un simple juego de palabras. “Un día, hace años, a Al se le ocurrió la palabra ‘zombeaver’, y fue como una lucecita que empezó a brillar cada vez más. Nos sonó como título, como idea, como gancho, nos propusimos hacer una película, y aquí estamos”, evoca Jon.

Es que el mundillo zombie amaga con crecer, y no sólo por las caminatas de maquillados en Plaza San Martín. “Desde las perspectivas técnicas y de presupuesto, es más fácil hacer zombies humanos que zombies animales –propone Al–, así que creo que los zombies humanos van a seguir dominando el mercado por mucho tiempo. Antes que otros animales zombies, seguramente aparecerá algún superhéroe zombie, acaso DeadMan, si no fue inventado ya.”

La elección del castor implicó un plus: en inglés, beaver es sinónimo de vagina. “Eso le dio a la película una capa de significado más”, concede Jon. Y reconoce: “En un momento nos fuimos al carajo y consideramos hacer una película de vaginas zombies, pero por suerte recapacitamos”.

Volviendo a los castores, y con perdón de estos mamíferos norteamericanos introducidos en Tierra del Fuego que hoy allí son plaga: técnicamente, no es la primera vez que un animal se convierte en zombie. El ejemplo más reciente y resonante lo dio Zombie Apocalypse (2012, de la factoría bizarra de SyFy y The Asylum) y su escena final con dos enormes y desagradables tigres zombies. ¿Los ideólogos de Zombeavers habrán evaluado sumar otro animal? “Sólo pensábamos en zombies castores”, responde Jon Kaplan, y para desarrollar rinde pleitesía, otra vez, a Su Majestad el Juego de Palabras: “Al respecto, creemos que si un animal va a convertirse en zombie, su nombre tiene que tener un sonido de ‘i’ acentuada, que permita que la palabra ‘zombie’ se combine naturalmente con esa sílaba. Ultimamente nos han sugerido trabajar con otros animales zombie, como zombulls (‘toros-zombie’) o zombears (‘osos-zombie’), pero nos parecen ideas horribles por cómo suenan, ya que no tienen la sílaba compartida. Con la letra ‘b’ no es suficiente”. Tan vehemente explicación invita a llevar el problema al castellano y el brainstorming llega solo: ¿Puede el mundo hispanoparlante permitirse la existencia de zombisontes, de zombvizcachas, de zombvicuñas o –a tocarse el izquierdo– peor aún, de zombvíboras? Eso sí que da miedo.

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