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Jueves, 24 de julio de 2014

METILLI Y MELLERA, LOS PIBES DE ORO DEL STAND UP

“Es un humor virgen, simple, barato y para todos”

Encabezan una nueva generación, la primera desde que el género quedó instalado. Y eso es a la vez su gracia y su desafío.

 Por Brian Majlin

Hace tres meses, el stand up, modelo de monólogo humorístico descarnado, desnudo y prácticamente con nula escenografía, ganaba su espacio a fuerza de shows y exponentes y llegaba hasta nada menos que una cadena nacional presidencial. Parafraseando al máximo referente joven del asunto, Fernando Sanjiao, el stand up era una joda –aún lo es– y quedó. Nacieron decenas de monólogos y shows que pululan desde el Paseo La Plaza, donde se instaló la escena standupera, hasta cada rincón del país. Este año, dos de los que cursaron estudios con “el maestro” –como llaman a Sanjiao– son los mejores exponentes de una camada que explota el género y le aporta nuevos bríos. El dúo dinámico M & M, Fernanda Metilli y Luciano Mellera, que se conocieron en clases y hoy –con mucho de las enseñanzas de Sanjiao y de Martín Pugliese– dan clases y renuevan el stand up local. Son, además, los abanderados locales del Stand Up Sin Fronteras 2014 de Comedy Central.

“Mezclamos stand up y teatro humor, la estructura y la obsesión por el armado del monólogo –el qué– con la actuación y gestualidad, la interpretación –el cómo–”, dicen a coro ambos, consustanciados entre sí hasta niveles, precisamente, risibles. “El es el apasionado y obsesivo del stand up y el humor”, dice Metilli del joven que ronda los 30 y abandonó una vida de oficinista de publicidad para poner su creatividad al servicio de su arte. Que, claro está, es hacer reír. Mucho. “Ella es la pedagogía con patas”, consiente él cuando refresca los pasos de ella –del interior, de artes dramáticas, de conservatorio, clown y hasta de televisión– hasta llegar a ser la mujer más destacada del rubro.

Sus videos se reprodujeron cientos de miles de veces. El con su hablar cansino y la cadencia que pone al servicio de la inocencia y el discurso pícaro pero cómplice que lo distinguen. Ella con la capacidad –tácita– de quitar el clisé del género y capaz de ser la que, en escena, retoma su pasado de actriz infantil y le saca la ficha al papá pajero con voz de Campanita. Miles de seguidores en Twitter y sus propias webs personales, material propio circulando por el universo paralelo de Internet y, como comediantes avezados, con elementos distintivos: “Buenas gracias, muchas noches”, es el latiguillo de Mellera que pocos desconocen. Y Metilli es el eclecticismo, la polifuncionalidad, la que va de La Pelu y Señores Papis –Telefe– al teatro infantil y al stand up, su refugio-desafío actual.

Una de sus lecciones a los alumnos es que no repitan lo hecho... ¿Cómo hacer para no repetirse en tiempos de Internet?

Mellera: Hay que ver mucha comedia. Cuando querés ser músico, escuchás a todos; cuando sos futbolista, tenés que ver a Messi y al Turco García, y si querés ser humorista, tenés que ver todos los géneros de la comedia. Por subir videos puedo laburar de esto. Me hizo tener difusión y no voy a ir en contra de eso.

El stand up es un género narrativo, humorístico y de obsesión. De revisión y reinterpretación constante del chiste. Siempre hay una palabra ideal y, dicen, la musicalidad de lo dicho es clave. ¿Por qué lo eligieron? Metilli: “Porque desde que lo vi y lo hago lo defino como el género más difícil de hacer. Ese desafío me atrapó. Es el opuesto de lo que hacés en teatro. En stand up no hay personaje ni máscara, sos vos al desnudo”. Mellera: “Por curiosidad, al principio, y esa sensación de “yo sé cómo hacés eso y puedo hacerlo”. Y porque no se me ocurre laburo mejor que hacer reír a la gente. ¿Qué laburo me vas a ofrecer? Nada me divierte más”.

¿Puede hacerlo cualquiera?

Metilli: Sí, pero hay que encontrarle la vuelta y tener preparación. De ahí a que puedas inventar un estilo y sigas laburando es otra cosa.

Descreen –a dúo también– de que sea una moda pasajera. Hablan de la magnitud -en espectadores y en hacedores– y de una evidente función social del humor.

“Este humor es muy virgen, muy simple y barato de producir y de mostrar, podés comer mientras lo ves, es para todos”, ensaya una explicación Mellera. Y Metilli profundiza: “Es el humor en carne viva hacia vos y en tu cara”. En este género que pueden definir como el non fiction del humor entra en juego el voyeurismo cultural, la empatía entre la miseria del que cuenta y el que oye: hay un igualamiento. Atrae esa horizontalidad. E igual la risa en un contexto de angustia social. Decía Nietszche que se inventó el humor para hacer tolerable la existencia.

¿Tienen algún tabú para el humor?

Metilli: En Argentina el stand up no está tan maduro: son diez años apenas, la gente no está preparada para el humor negro, pero ya llegará.

Mellera: Creo que no me privé de hacer humor negro pero estoy jugando un poco más ahora. Me gusta hacer que la gente, sin serlo yo, se sienta racista. Es una forma de reflexión y de algo no dañino.

¿Un chiste o una reflexión?

Mellera: El que quiere encontrarla, lo hace. Es una lectura entre líneas que yo la veo, pero no es obligatoria para disfrutar el chiste. El humor en cierto punto es estereotipar. Lo divertido del chiste negro es la sensación incómoda y contradictoria de la persona que se ríe.

¿Qué función social tiene el humor?

Metilli: Es parte de la sociedad y es una forma de vida. La gente hoy necesita reírse, quizá por lo que pasa todo el tiempo. Es una forma de hacer bien. Y hoy el stand up está trayendo pibes jóvenes al teatro, lo que es genial.

* Desde el sábado 26 de julio por Comedy Central.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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