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Jueves, 11 de septiembre de 2014

CAVALERA CONSPIRACY LIBERA SU PANDEMONIUM GRINDCORE

“El mundo se está yendo al infierno”

Max e Igor Cavalera vuelven a Buenos Aires antes del estreno de un nuevo disco, aunque siguen buscando su obra maestra.

 Por Mario Yannoulas

Imposible olvidar el calor del carajo que hacía la última vez que los hermanos Cavalera tocaron en Buenos Aires, en 2012. Eran como las cinco de la tarde, el sol bañaba obscenamente a GEBA y pretendían cobrarte 30 pesos por una botellita roñosa de agua. En la hasta ahora única edición argentina del festival Maquinaria, Cavalera Conspiracy sudó fuerte, con la esperanza de que unos cuantos viejos temas de Sepultura pudieran sacar lo mejor de ellos y barrer, como la visión ilusoria de un oasis, una omnipresente sensación de fatiga. Como sus dos primeros discos –los no tan regulares y de moderado rebote Inflikted y Blunt Force Trauma– no ayudaron a paliar el malestar, este año Max e Igor buscan revancha en Buenos Aires montados en el impulso que, adelantan, trae consigo el eminente Pandemonium. “Seguramente toquemos unos cuatro temas nuevos, no tiene sentido hacer más porque el disco sale en octubre y la gente no los conoce. Estoy contento, salió algo muy poderoso, vamos a ver qué piensa el público”, manijea Max.

“En mi carrera tuve un par de bandas sólidas en las que trabajé mucho: Sepultura y Soulfly”, sigue el guitarrista de las cuatro cuerdas. “Claro que hay proyectos laterales como Killer Be Killed, Nailbomb y Cavalera Conspiracy, que es casi una banda porque no giramos tanto como Soulfly, aunque es especial.” Tras haber inspeccionado el death-thrash, el thrash, lo filo-industrial y el nü metal con su banda de juventud, está claro que Max puede picar estilos y, aun así, salir parado. Confiado en los golpes de batería de su hermano, ahora pintó el grindcore: “Me gusta esa brutalidad. Es agresivo y enérgico. Estoy escuchando mucho Pig Destroyer, Noisem o Full of Hell, y en el estudio le mostraba eso a Igor, para inspirarlo. Le dije: ‘Quiero diez temas que suenen como Arise’. Esa era mi meta, y las tocó así, cada canción tiene una o dos partes muy rápidas. Nunca se había hecho eso en Cavalera, fue un desafío”, destapa. Para eso, primero convocó a su ex productor de Soulfly, John Gray. “Supuse que mi hermano se iba a sentir cómodo trabajando con alguien en quien confío. Queríamos un resultado más casero, por eso tuvimos un equipo acotado, y a Igor lo pusimos a tocar en una salita. No suena a rock pretencioso sino a metal real, underground.”

¿Por qué Pandemonium?

–Se iba a llamar Babylonian Pandemonium, como el primer track. Después pensamos que con Pandemonium alcanzaba para describir el estado del planeta: conflictos en Rusia, Israel, Palestina... el mundo se está yendo al infierno.

Al repetir productor, ¿no había riesgo de terminar sonando como Soulfly?

–No, porque cuando John vino al estudio ya teníamos esta propuesta del nuevo Cavalera. Más que nada se encargó de grabarnos bien para conseguir el audio, pero no cambió el sonido. El hecho de Igor y yo tocando juntos ya es poderoso, pero nunca habíamos explorado tan bien en el estudio.

Killer Be Killed tuvo CD debut este año, ¿cómo se armó ese supergrupo?

–Fue natural. Greg Puciato de The Dillinger Escape Plan me llamó para arrancar. Mi amigo Dave Elitch, que tocó para The Mars Volta, empezó a zapar con nosotros. Escribimos unas canciones. Necesitábamos un bajista que pudiera cantar y con buena escena, tipo Lemmy o Tom Araya. Entonces vino Troy Sanders. Nos pareció bárbaro porque nos encanta Mastodon, y daba una buena mezcla para completar el grupo. Hay mucha de la vibra de Mastodon en Killer Be Killed, son muy interesantes los cambios de Troy con la voz.

En medio de estas tareas que lo declaran adicto al trabajo, Max está presentando su autobiografía: 250 páginas co-escritas por el experimentado Joel McIver (biógrafo y cronista de Metallica, Slayer, Glenn Hughes). “Nos llevó tres años. Tiene un montón de partes, desde la introducción de Dave Grohl hasta entrevistas con Mike Patton, Sharon Osbourne, David Vincent, personajes de la industria, gente de Cogumelo Records y hasta Jairo Gedz, viejo guitarrista de Sepultura. Me gusta sentir que estoy en el medio de mi carrera y que me quedan otros 30 años en el tanque para hacer otro libro.”

My Bloody Roots –así se llama– incluye historias sobre el escape a los excesos y da pistas sobre su consagración como uno de los pocos gurúes del heavy mundial que no nacieron en Europa o Estados Unidos. “Me enorgullece mucho lo que conseguimos con Sepultura, metimos a Sudamérica en el mapa global del heavy metal. Gente de diferentes países captó el mensaje, porque en el fondo somos de lugares parecidos. Algo así pasa también con Europa del Este, México y Centroamérica. Pero más allá de eso, la vida y la música siguen”, dice Max. “Estoy muy contento por donde estoy, pero miro hacia adelante. Todavía no grabé mi obra maestra, tengo que trabajar en eso.”

* Miércoles en Teatro Vorterix, Lacroze y Alvarez Thomas. A las 18.

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