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Jueves, 13 de noviembre de 2014

Adultocracia de noticiero

 Por Luis Paz

La primera mano indicaba que la coincidencia de Personal Fest y Creamfields el mismo fin de semana permitiría un hilvanado insolente y posmo de Arctic Monkeys, David Guetta y Calle 13. En verdad no: al final, la puntada fue que ambos eventos fueron protagonistas multimedia debido a los tres heridos reportados luego de la fiesta electrónica y la bengala prendida en el festival. La cercanía con el 10º aniversario de la masacre de Cromañón y el aire que dejó en los medios la falta de engrudo político alertaron a la adultocracia de noticieros, que replicó sus informes con dudas, con errores, nunca con refacciones a la noticia falsa o escueta, siempre con el ojo presto para quejarse del piberío.

Al fin, lo de la bengala en el Personal Fest ocurrió, aclarado por la productora: “Fenix toma todas las medidas necesarias de seguridad y trabaja con Personal en mejorarlas. Dentro del predio, la seguridad es privada, contratada por la productora. Al momento de detectar el incidente, el personal se acercó a la zona, ubicó al responsable y lo retiró del predio”, contaron al NO. Lo de los heridos en Creamfields también fue rubricado por el SAME, y fue desestimada la versión del fallecimiento de un herido de arma blanca. A esta altura, todo esto ya es sabido. O fue des-des-desmentido luego del cierre de esta edición.

Pero hay otra altura para balconear. La década pasada desde Cromañón es también la cumplida por Personal Fest y la superada por Creamfields. Subieron y bajaron bandas y DJ, aparecieron y se reubicaron los corrales forzosamente gregarios, hubo alcohol y no, policía y requisas, pastis pillas y porro pillado, miles y millones, shows geniales y bodrios.

Algunas cosas están más o menos bien: la Sedronar operó en la reducción de daños en Creamfields, y hace unos años que en Personal Fest entendieron que lo del campo VIP ocupando sólo la mitad de los escenarios principales es un aliciente, al menos, si lograron convencer de que los corrales son indispensables. Otras siguen mal, mal, mal: ahí van un boludo con bengala, otro matoncito queriendo boxear a cualquiera, un garca que cobra la botella de agua 60 pesos, otro idiota que por sostener su lugar delante no permite salir al desvanecido.

Y ahí, entre medio, insoportable y mezquino, el loop irritante de la adultocracia que embuda sus responsabilidades y las deja caer en la mochila de los pibes. Los patovicas que pegan son adultos. Los que cortan el agua en los boliches son adultos. Los que tienen que asegurar que ningún arma entre a un espectáculo son adultos. Los que te cobran mil pesos y no habilitan un puto baño limpio son adultos. Los que pueden vender pirotecnia son adultos. Las licencias médicas son para los adultos. Y los que se alarman y violentan por cosas como ésta cuando habrían de estar para prevenir y para curar, ésos también son adultos.

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