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Jueves, 8 de enero de 2015

MARIA LUISA ESTIZ CONTRA LOS DESUBICADOS

Justicia por mano propia

Artista, música y dramaturga, sacó un diario íntimo pop y antipelotudos.

 Por Julia González

María Luisa Estiz vive en un mundo aparte, dominado por la fantasía. Allí integra bandas sin futuro, como La Gallina y el Chajá, con la que grabó un EP de tres temas cacareados y chajareados que regalaba en cumpleaños. Asimismo desarrolla habilidades innatas, como jugar al bowling, al ping pong o leer gestos faciales en las fotos. En ese mundo paralelo denuncia a los inadaptados de la vía pública, atesora la magia de la colección Elige tu propia aventura y otras genialidades de los ‘90, como papeles de carta o figuritas Basuritas. Pero también dirige y escribe obras de teatro, como Faros de color (reestrena en marzo, escrita por Javier Daulte) y Licántropos (estrena en junio).

Lo bizarro se iguala con la vida real que, a simple vista, se ancla en su infancia. De chica, María Luisa dibujaba las paredes de su casa junto a sus hermanos, y de ese ejercicio nada consumista, porque para juguetes no había, se tradujo su profesión: “Trato de hacer algo con lo que tengo. Esa herramienta de tener menos recursos te da un montón de posibilidades”.

Por eso creó Tengo mucho amor para dar, un libro objeto hecho íntegramente a mano por ella, en el que durante dos meses recreó con una foto una situación protagonizada por algún “desubicado”. “Todos los días salía a la calle y notaba que en los medios de transporte sucedían un montón de cosas curiosas. Yo las llamo ‘crímenes’, en los que había demasiada impunidad de muchísimos pasajeros”, cuenta.

Le regalaron una cámara de fotos y empezó a escrachar a los “pelotudos”: “Los que tienen las pelotas más grandes de lo normal, no pueden sentarse con las piernas juntas y usurpan tu espacio”, por caso los que se sacan los mocos, los que apoyan en el colectivo, los que codean, los que “se hacen los boludos a la hora de cederles el asiento a las embarazadas, los que gasean impúdicamente”.

Esos especímenes empezaron a dispararle una anécdota digna de diario íntimo en la que relacionaba pensamientos y algunas abstracciones. Y así surgió el libro, cuyo prólogo enaltece al personaje autobiográfico de John Kennedy Toole, Ignatius Reilly, como único ser habilitado para inadaptarse en público. En la tirada de 50 ejemplares (que se consiguen en las librerías de autor La Internacional Argentina y Mi Casa), que son “edición limitada porque son carísimos y además cada libro está intervenido a mano”, se pueden apreciar antiguos objetos, casi reliquias, desplazados por la tecnología, como fotos, posters desplegables, frases con brillantina y plasticolas de colores, stickers, ganchitos y cartas escritas a mano.

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