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Jueves, 8 de enero de 2015

MECANICOS DE SATAN SIN SILENCIADOR

“Nos es imposible bajar el volumen”

El trío pone frenos en su rock duro para hablar sobre autos y trastornados.

 Por Mario Yannoulas

Sobre la plataforma que flota encima de la pista de karting, los oídos se sienten asediados por moscardones. Bajo la autopista Perito Moreno, los tres Mecánicos de Satán se prestan para la foto del NO y, por más que su música no sea molesta como el aleteo de los karting, ruido y autos son dos cuestiones que de alguna forma los atrapan. “Nuestro tema más recurrente podrían ser los autos, pero este disco cuenta mayormente historias de gente trastornada, salidas de mi imaginación”, esclarece Luis Braini (guitarrista y cantante), a propósito de Dos, su segundo larga duración.

La vena fierrera arrancó con papá Braini, quien dedicó varios fines de semana a llevar a Luis y a su hermano Guido –baterista del grupo– al autódromo y curtirlos en talleres mecánicos amigos. “Nos gustan los autos a un nivel normal: no tenemos coches tuneados, ni somos mecánicos”, despeja Guido.

La reciprocidad entre el rock fuerte y los autos tiene un amplio currículum, pero Mecánicos de Satán hace de eso apenas un yeite simpático. “No nos la tomamos muy en serio. Sin burlarnos, no entramos en la onda ‘autos, minas y glamour’. Tal vez el estilo de música tenga relación con las carreteras y los coches, pero no sé qué cosa determinó a la otra: si los autos a la música o al revés”, sigue el cantante del trío, que también participó del compilado 25 canciones para escuchar mientras te hacés una tostada, en el que figuran El Mató a un Policía Motorizado, Pez, She Devils, Fantasmagoria, Hacia Dos Veranos, Las Armas y Sub, entre otros.

Dos desnuda con aceptable fidelidad los gustos de sus músicos, donde aparece la nube del stoner. Y en este punto se suman a la larga lista de bandas que suenan de un modo, sin reconocerse como tales. “Podría ser en cuanto a la instrumentación –concede Luis–. Las bandas más stoner tienen cantantes que suenan como hombres, jaja. Hay una dureza ahí que nosotros no tenemos o que pasa a un segundo plano. Además, en ese género encuentro lugares comunes que nosotros no repetimos, quizá por tener otras influencias. Hay segmentos más psicodélicos en los que bajamos la intensidad, nos tomamos esos recreos.”

De la mano de la fuerza regresa la palabra “ruido”. Eso les dijeron en muchos boliches sobre su música: que bajen un cambio, que sean buena onda y hagan algo acústico. “Tocamos fuerte, en los lugares pequeños se complica, podés terminar torturando a la gente. En algunos casos no te amplifican la batería, tienen un micrófono, te hacen salir sólo con una caja de voces, tipo ensayo. Hay quienes piden que bajemos el volumen pero, por el tipo de música que hacemos, es imposible”, explica Guido. “También nos cuesta encontrar lugares porque tenemos cierto hermetismo, no nos juntamos con gente del ambiente. Elegimos cuándo tocar, hacemos lo que queremos porque nunca tuvimos metas. Así interpretamos qué significa tener una banda. No es lo recomendable, pero es lo que elegimos.”

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