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Jueves, 5 de febrero de 2015

ISMAEL SOSA, OTRO PIBE ASESINADO A ORILLAS DE UN RECITAL

El rockero de la bicicleta

El joven de 24 años había ido de Merlo a Córdoba para un show de La Renga, pero desapareció tras el primer control. Su familia denuncia a la policía.

 Por Brian Majlin

El 24 de enero mataron a otro chico en las orillas de un recital de rock. Según las denuncias que recopila su familia, el joven Ismael Sosa habría muerto a manos de la policía cordobesa, sin siquiera escuchar el primer acorde del recital que La Renga dio en Villa Rumipal ante 40 mil –corrección, 39.999– personas, y para el que Ismael había juntado peso sobre peso para viajar desde Merlo, provincia de Buenos Aires.

La familia denuncia a la policía de Córdoba. Cuentan que la novia, que viajó con él, lo perdió tras el primer cacheo policial, que Ismael desapareció y que –dicen los que se animaron a contactar a la familia, que pide a gritos testimonios– lo vieron sangrar, con su cuerpo amoratado por los golpes de puño y patadas de oficiales varios. No lo vieron más, aunque algunos dicen que lo subieron a un patrullero.

La recorrida en su búsqueda incluyó comisaría y hospitales. Facundo, uno de los hermanos de Ismael, viajó a Córdoba a pedir por él. Dicen –Facundo, la novia y la madre, que también viajó a declarar ante la fiscalía– que la policía los destrató y los hostigó. Que les dijeron que no había nada, ni nadie. El cuerpo de Ismael apareció dos días después, descompuesto, flotando en el Embalse Río Tercero.

Quizás Ismael fuera uno de los miles que cantaban eso de “matar a un rati para vengar a Walter”, ese mítico cantito popular que los fanáticos de La Renga llevan como emblema. Probablemente se actualice en su nombre, como lo hizo en nombre de otros. Walter Bulacio murió a manos de la policía en 1991, tras un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, golpiza bestial y abandono mediante. Lo mismo Rubén Carballo en 2009 y a metros del estadio de Vélez, donde tocaba Viejas Locas: como Ismael, tampoco entró porque la policía lo mató a golpes afuera, lo levantó y lo dejó plantado debajo de un puente para simular su caída desde la autopista. En ambos casos, las autoridades dijeron que los pibes se querían colar. Carballo tenía los tickets en el bolsillo. Como Ismael, que había comprado el suyo trabajando en una bicicletería de Merlo.

Según la Coordinadora contra la Represión Policial, son 4321 los pibes muertos por gatillo fácil o brutalidad policial desde la dizque primavera democrática de 1983. Y son 2778 desde 2003. Entre esa friolera de números hay casos emblemáticos como los de Bulacio y Carballo, o Luciano Arruga, Daniel Solano, Mariano Ferreyra (muerto por una patota con connivencia en acción y omisión policial). Hay para todos los gustos, distritos y fuerzas represivas.

En la provincia donde ocurrió lo de Ismael, la Coordinadora Antirrepresiva de Córdoba contó al menos nueve muertes por gatillo fácil en 2014. Las organizaciones políticas de izquierda cuestionan el Código de Faltas que, dicen, permite al gobierno atacar a los jóvenes “por portación de cara”. Y lograron frenar, con casi diez marchas “De la Gorra”, una reforma aún más violenta.

Más de la mitad de esos pibes que cuenta la Correpi no había cumplido 25 años. Ismael, el jodón que su hermana María describe como un cabrón con el que se peleaba mucho –pero al que le bastaba una ronda de mates para amigarse–, tampoco. El “rockero de la bicicleta”, como lo conocían en Merlo, tocaba la guitarra. “Su sueño era tener una banda. La música era su vida”, le cuenta su hermana al NO. Y dice que ese flaco, alto y espigado, que amaba el rock y el reggae, empleaba sus horas en trabajar y dedicarse al rasgueo de las cuerdas. Que había abandonado la escuela una vez aprobado noveno, aunque su madre le “quemara la cabeza” para que regresase. El lo estaba pensando.

“Era querido por todos, tenía muchos amigos. Cada vez que cobraba, se quedaba sin plata por darle a la familia”, relata María, mientras se cuece el dolor de lo que aún le cuesta creer. “Pedí ver el cuerpo; y lo vi, pero aun así no logro caer.”

La policía no ha dicho nada. La causa, que recayó en la fiscalía de Río Tercero –a cargo de la fiscal Andrea Hidalgo Heredia–, está bajo secreto de sumario. Han declarado sus familiares y piden testigos. La Renga no ha hecho declaraciones, pero ha colgado un mensaje en la web oficial: dice que se solidarizan con la familia, piden datos y dejan el teléfono de la fiscalía: 03571-434000.

Murió otro pibe a las orillas de un recital, según las denuncias a manos de la policía; y se hace difícil escapar del lugar común tras más de 4 mil casos de asesinatos por gatillo fácil o brutalidad policial. Hubo marchas en Merlo, Córdoba y el Obelisco. La última fue ahí, en el centro porteño, el lunes. Familiares, amigos, organizaciones y solidarizados piden justicia, ayuda, memoria. Por “el rockero de la bicicleta” y, sobre todo, para que no sigan matando pibes sin más.

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