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Jueves, 30 de abril de 2015

EL NUEVO CAMINO DE A.N.I.M.A.L.

“Cuando sos chico, el querer llevarte todo por delante no te deja ver”

Andrés Giménez, Marcelo Castro y Titi Lapolla –la formación de Animal 6– se reunieron y están “ensayando y cambiando cositas”, preparando dos shows en Vorterix y esperando liberar el después. Mientras, hablan del poder latino, a más de veinte años de ese emblemático disco.

 Por Mario Yannoulas

“¿A.N.I.M.A.L? Ah, pero esa banda sonaba, ¿no?” Ningún argentino podrá olvidar aquel “¡Diego! ¡Diego!” en la soleada tarde de Massachusetts, pero Cristian “Titi” Lapolla menos se va a olvidar de su charla con Claudio Paul Caniggia en un restaurante de Puerto Madero. “¿Vos sos el chef? Tenés más pinta de rockero”, le dijo el exjugador casi dos décadas después del doblete a Nigeria de 1994. “Yo nunca chapeé, el mozo le contó que era músico. Después nos quedamos charlando un rato, me hablaba de los Animals ingleses. No conocía canciones, aunque sabía que éramos una banda pesada”, rebobina el bajista. Todo era apenas parte de un bello pero distante recuerdo, hasta que Marcelo Castro y Andrés Giménez le fueron a exigir que cambiara las sartenes por su instrumento, y así poder rearmar una de las bandas destacadas del heavy metal argentino, aunque no en su alineación original.

Cuando Cani descollaba contra las águilas verdes, el heavy metal global y local insinuaba ir hacia algún lugar concreto, y A.N.I.M.A.L. daba la impresión de ser una guía hacía ese destino. Si El nuevo camino del hombre enunciaba la idea a través de su elenco más mítico –que incluía a Marcelo “Corvata” Corvalán y Martín Carrizo–, con Poder latino –y colaboraciones de los entonces Suicidal Tendencies Robert Trujillo y Jimmy DeGrasso– llegó el contacto con audiencias más amplias. Hecha esa historia, que quizá se consumió entre las brasas del nü metal, el trío quedó marcado como una de las grandes bandas del metal argentino.

Corvata y Andrés Vilanova emprendieron luego Carajo, mientras que Andrés Giménez abrió D-Mente y, más tarde, el grupo estelar De La Tierra. “Hay muchas bandas nuevas que están buenísimas, pero siento que después de nosotros ninguna llegó a lo mismo, a nivel latinoamericano –desgrana–. A veces Metallica deja de tocar dos años, pero muchos otros cubren ese espacio: Megadeth, Maiden, Judas. Cuando A.N.I.M.A.L. dejó de tocar, pensé que alguien iba a agarrar la bandera y seguir. No me refiero al éxito, sino a las ganas de marcar un camino, como hicieron V8, Hermética, Rata o Riff. Creo que, en su momento, nosotros fuimos una banda así.”

Hace pocos meses, Acosados Nuestros Indios Murieron Al Luchar anunció su improbable regreso bajo la formación que en 2001 parió Animal 6: Giménez en guitarra y voz, Lapolla en bajo y Castro en batería. La noticia alcanzó para agotar los tickets de las dos funciones inaugurales en el Teatro Vorterix. “Hacete cargo, Castro”, le gritan sus compañeros. “Yo lo llamé a Andrés para proponerle un regreso”, devela en la calma de la sala de ensayo, donde reaniman canciones de casi 15 años de carrera.

Giménez retoma: “No tenía en mente volver a A.N.I.M.A.L., pero me pareció buenísima la idea, esa formación y ese disco habían sido tremendos. Quizá justo en ese momento el metal cambió y esa magia no fue valorada”. A todos, entonces, les cabe la palabra “revancha”. “Sin saber qué pensaban ellos, yo tenía la idea de que, si volvía a esta banda, era para quedarme. No tenía ganas de hacer los veinte años para dejar otra vez. Titi puso la misma condición: que nos hiciéramos cargo de en la que nos estábamos metiendo. Fue todo muy simple y natural, y eso se nota. Lo forzado siempre termina mal.”

¿En qué cambiaba el metal cuando salió Animal 6?

Giménez: Dejaron de pasarlo en la tele. Estaba la sensación de que querían borrarlo. Y cuando el metal se parecía más al pop que a sí mismo, nosotros salimos con un disco tracción a sangre, pesadísimo, uno de los mejores que hicimos. Tal vez no se lo valoró por ese lado, pero nosotros sí, y siempre nos quedó la espinita. Ahora nos escriben los pibes diciéndonos: “Qué bueno que volvieron los tres, porque Animal 6 es una bomba”. Pibes que en ese momento eran bebés.

Castro: Tampoco volvió Animal 6, volvió A.N.I.M.A.L. Habíamos vivido algo muy fuerte con este trío, que muchos vieron y otros no. Pasaron diez años, y hoy tanta gente se puso contenta de que volviéramos, que se comprometió con esta formación como si fuera la única.

Dicen que ahora están más grandes y maduros, ¿qué significa eso?

Lapolla: Antes de tocar con ellos, yo era fanático de A.N.I.M.A.L. Y si bien siempre estuve a la altura de tocar acá, lo vivía de otra manera. Uno ya está más preparado, más tranquilo. Hasta nos sentimos más amigos que antes.

Giménez: Cuando sos más chico, la vorágine de querer llevarte todo por delante no te deja ver, y te perdés de un montón de cosas que son más simples de lo que imaginás. La madurez hace que podamos disfrutar de otra forma.

Lapolla: Diez años atrás, con las propuestas que tenemos hoy de diferentes países, estaríamos armando giras y toda una locura, pensando en qué va a pasar en cinco meses. Ahora venimos disfrutando de algo que antes tal vez no estaba bueno. Quizá les decía: “Hagan lo que quieran, me chupa un huevo”; hoy nos consultamos todo entre los tres. Es como una revancha para hacer las cosas bien, porque cuando perdés lo que tenías, te das cuenta de cuán boludo fuiste. Antes era más impulsivo y egoísta. Hoy estoy tocando música en A.N.I.M.A.L., no quiero más nada.

¿Y cuál es el plan?

Lapolla: Retomamos los ensayos, estamos cagándonos de risa, cambiando cositas, como los pibes con su banda nueva. Somos músicos, tenemos ideas, pero estamos laburando mucho en los próximos shows. La ventaja es que esta vez nadie nos apura.

Giménez: Estamos recomponiendo las canciones, tratando de incluir la impronta de esta vuelta, sin quitarles el hilo conductor. Tenemos pensado empezar a componer, pero queremos llevarlo bien y hacer algo que esté realmente bueno, no apurar los tiempos porque teóricamente tenemos que sacar un disco.

Si el metal cambiaba en 2001, ¿qué cambió desde que dejaron de tocar juntos?

Lapolla: Me parece que las bandas nuevas se preocupan más por la imagen que por tocar.

Castro: Yo escuché metal toda la vida, y en definitiva la esencia no cambia. El tiempo pasa, aparecen cosas que quizás acá estén llegando un poco lento: hay un metal nuevo más producido, más difícil de tocar, grupos como Periphery, que hacen algo trabado, irregular. Se ve una evolución.

Giménez: Hay de todo, como siempre lo hubo. Los que priorizan la actitud, los que priorizan tocar, y los que tienen un poco de cada cosa, como debe ser. Hay que tener actitud, sin eso no sonás, pero tenés que acompañarla con capacidad para tocar de verdad, y plasmar en el escenario lo que tenés que plasmar. En Argentina, hay un montón de bandas haciendo un metal nuevo, y que suenan muy bien. Nadie es el dueño de la verdad en este género, cada uno trata de hacer lo mejor posible. Con A.N.I.M.A.L. contribuimos a que en un momento hubiera una apertura mental y musical dentro del metal latinoamericano, en el pogo de nuestros shows te podías cruzar con un hardcore peladito, una cresta punk o un tipo vestido de oficina.

La banda siempre tuvo un discurso especial, hablaban del “Poder Latino” cuando la Argentina fingía no ser parte de Latinoamérica...

Giménez: Lo que pasa con la Argentina es que tiene una identidad muy fuerte, igual que Brasil, México o Colombia. Nosotros, desde 1994, cuando empezamos a salir de gira al exterior, fuimos embanderados y bien recibidos en todos lados.

Lapolla: Muchas veces se nos acercaron comunidades indígenas, y nosotros sentíamos que no podíamos hacer mucho más que tocar. Me acuerdo de Perú, que vino el representante de una comunidad a hablar con nosotros porque no los escuchaban. Estaban desesperados, querían construirles canchas de golf en sus terrenos. Yo me sorprendía, recién entraba al grupo y no pensaba que de verdad fuera para tanto.

¿Son raras esas situaciones que no forman parte del universo tradicional del músico?

Lapolla: Mucha gente piensa que, por tocar en una banda grande, uno tiene el poder de un presidente.

Giménez: Aprendimos muchísimo sobre el respeto que hay que tener por lo que defendimos con nuestro mensaje. Al principio hacíamos shows para juntar ropa, alimentos, y nos dimos cuenta de que no queríamos que se viera como una caridad, sino como una concientización. Hay formas de ayudar que no pasan sólo por tocar, y vamos a seguir haciéndolo, dentro de las posibilidades de una banda de rock, porque si voy a la puerta de La Rosada, me van a ver todo tatuado y me van a meter en cana. Sí podemos generar conciencia desde las letras o llevando al show indios de alguna comunidad para que hablen ante miles de personas. Eso lo aprendimos con las comunidades, que llevar un nombre como “Acosados Nuestros Indios Murieron Al Luchar” no es broma. Hay que hacerse cargo, y con muchísimo respeto. Nosotros tampoco nos creímos dueños de la verdad. Más bien, fuimos aprendiendo de la verdad de ellos.

* Viernes 29 y domingo 31 de mayo en Teatro Vorterix, Av. Federico Lacroze 3455. Desde las 19.

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Imagen: CECILIA SALAS
 
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