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Jueves, 10 de septiembre de 2015

SOL BASSA, NINGUNA IMPROVISADA

Una muchacha y una guitarra

La estrella silenciosa de las jams bluseras prepara su debut.

 Por Santiago Rial Ungaro

La muchacha llega junto a su inseparable amiga: su guitarra. Ya en el bar, la criolla reposa sobre el regazo de Sol Bassa, que a la hora de las preguntas no puede evitar tocar algunos suaves yeites bluseros en ella. En un rato, cuando termine la entrevista, va a juntarse con amigos a zapar, zapar y zapar. Y componer, claro: con sólo 26 años, esta piba de Coghlan es una de los mejores exponentes del culto local a la improvisación blusera, rito que sobrevive a todas las modas y adversidades y que sigue en expansión.

No es raro encontrársela zapando, y aunque le busque escape al cliché de “la Pappo mujer”, la posta es que la rompe: “Me gusta ir a las jam a tocar, pero también a escuchar: a veces paso por Open Folk, en Palermo, otras por Mr. Jones, en Ramos Mejía, los lunes por La Viola, los jueves por Tabaco, para el ciclo de Ciro Fogliatta. También me encantar ir a ver bandas amigas, como Támesis, a los que conocí de ir a las jams de Contacto, por Flores”, enumera con el mismo entusiasmo febril que improvisa.

Sol cree que para su álbum debut, en el que busca enfocar su talento compositivo (youtubear Canción para Guadalupe y El gato y el ratón), va a estar listo para fin de año: “Me gustan mucho las canciones pero quiero empezar mi carrera haciendo un disco de instrumentales para no olvidarme de que empecé por este tipo de música. Siempre investigué mucho la guitarra improvisando blues”.

Si a los 14 años llegó tarde a la escuela porque “no podía parar de escuchar un tema”, en los últimos años no pudo parar de zapar: “Hace cinco años siempre iba a ver a La Percanta, ellos siempre tenían esa camaradería de invitarme a tocar blues. Y Ciro Fogliatta es como un padrino de la música para mí, lo conocí de zapar y después me convocó para las Blusettes. Me copó mucho el disco de una banda suya de los ‘70 llamada Sacramento. Era tremenda”.

Ahora el encargado del bar se acerca para ofrecerle tocar acá mismo, pero por trabajo, y aunque Sol siempre está lista, su objetivo ahora es muy claro: “Mi idea es llevar el blues a la canción, no quiero hacer algo tradicional porque creo que el blues está en todos lados, es el punto de partida de muchas músicas. Si lo analizamos, cuanto más vamos para atrás, el pop y el rock vienen de la música afroamericana”, señala esta joven que estudió con Miguel Botafogo y Rafael Nasta, que admite que Albert King la marcó mucho y que nombra como referentes a Jeff Beck, George Harrison y Mike Campbell.

Y ahora Sol Bassa saca de la funda de su guitarra Free Play, suerte de manifiesto sobre la improvisación escrito por el violinista clásico Stephen Nachmanovicth. Y lee una frase de Carl Jung: “La creación de algo nuevo no se realiza con el intelecto sino con el instinto del juego que actúa por necesidad interna. La mente creativa juega con el objeto que ama”.

Guitarrista pero también compositora, Bassa tiene claro que la composición y la improvisación son dos caras de la misma moneda: “Lo fundamental es llevar a la canción al mejor lugar. Principalmente quiero hacer las cosas, dejar algo que, más allá de que te guste o no, esté bueno”, dice, y se pone a tocar la guitarra.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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