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Jueves, 24 de septiembre de 2015

PRIETTO VIAJA AL COSMOS CON MARIANO DE VUELTA

Los rufianes melancólicos

La celebración por sus diez años vale como hito pero no como bisagra: a Maxi Prietto y Mariano Castro sigue pasándoles lo mismo cuando se juntan, les pican los dedos hasta que dan forma a su fusión psicodélica y cancionera que consigue hacer del desorden una forma sencilla de belleza.

 Por Julia González

FOTO: CECILIA SALAS

Maxi Prietto, casi de espaldas al público, se cuelga del micrófono con su voz y toca la guitarra. Mariano Castro, erguido en la batería y mirando a su compañero, silba o acompaña con un grito la melodía que manda. El cosmos sigue ahí. Es lo mismo el living donde ensayan que el escenario. Uno habla y el otro termina la frase. La conexión es un hecho. A más de un año de su última fecha en el Zaguán al Sur, Prietto viaja al cosmos con Mariano se prepara para el próximo movimiento. “Hay que averiguar por el delay”, le dice Maxi a Mariano. Se sientan en la mesa más soleada de una parrilla de La Paternal, piden una fila de chinchulines, un poco de carne y una birra. Así se va armando el smowing, el cosmos, el asadito con cerveza. Es el poder de dar vuelta ese orden natural y hacer del desorden algo simple, orgánico. Entregarse a los placeres de la vida. O aceptar el estado del caos.

El delay, ese efecto que retrasa una señal sonora y provoca un eco, es la estampa erigida tras una década de vivir tocando mucho; de decir que sí a cuanta invitación apareciese y fomentar la empatía con las bandas amigas, El mató a un policía motorizado, La Patrulla Espacial, otras. Clásicos en los gustos musicales, el dúo que participó activamente de los Festipulenta se asoma de nuevo a un escenario. Y no fue planificado, sino que surgió de una invitación y les pareció que sí. Pintaron las ganas. En su mundo, el todo se ordena de manera natural.

Prietto y Mariano usaron el espacio de aire producido por la ausencia de bajo como un tercer integrante. Lo mismo que el delay, cuyo sonido se infiltra por el micrófono del baterista, y de esa masa sonora nace su psicodelia. Lo natural en el cosmos existe. El dúo es como el buen salvaje retozando en un estado de libertad difícil de alcanzar en cualquier estructura. “Siempre fue lo mejor que nos pasó. Yo toco como me sale y él también. No estamos forzando nada ni tratando de parecernos a alguien, es muy natural y al ser muy natural es lo que se mantuvo a lo largo del tiempo. Por eso quizás no vemos la evolución. Yo no siento que toque mejor que antes. Cuando nos juntamos se produce el mismo tipo de fusión o química”, dice Mariano.

Prietto se dio cuenta de que por estos días se cumplen diez años de esta “demencia”, como ellos lo llaman. En el medio, los dos fueron papás, hubo separaciones y mil asados. “A mí se me había muerto mi viejo y eso claramente fue un eje en mi vida. Ahora, al revés: nació mi hija y eso te moviliza. Son las cosas que hacen que hagamos esto; no que hayamos escuchado el último disco de los Strokes. Nos movemos de esa manera, qué sé yo; hay cosas que nos pasaron en esa época. Ya no nos encerramos diez horas a contarnos esas cosas porque estamos en otro momento de nuestras vidas. Pero lo musical no es algo externo, no es una máscara que nos ponemos y vamos a recrear tal cosa”, explica Prietto, que entre otras cosas formó Los Espíritus, una banda de blues cruzada con ritmos latinos. Y Mariano se reencontró con Die Bluman, grupo que tuvo en 1993, para ensayar e “hinchar las pelotas”. Así las cosas. Sin racionalizar la efeméride, vuelven a estar frente a frente. Y plantean celebrarlo.

“Fueron épocas demenciales de grabar durante horas y a cualquier hora”, recuerda Prietto sobre las que posiblemente fueron las primeras cosechas de su banda. El paisaje del salón cósmico resultó inabarcable para un público ávido de estructuras deformes. Hay canciones de tres minutos y también hay cuelgues, zapadas que, si bien son imperecederas y pueden devenir en canción, se construyen siempre en el presente. Prietto y Mariano tocaron tanto, acaso más de lo previsto, que publicaron Experiencias del Salón Cósmico y las Lou Fai Home Sessions, grabados en la casa de Mariano con micrófono de aire y sonido hogareño. El cuarto ep, epónimo, se vendió en México, donde EMI sacó a la venta con la leyenda en la tapa: “Noche de sábado en Capital, incluye el hit Av. Corrientes”. Resulta improbable pensar en ellos y un hit, un sencillo exitoso o comercial. Pero Verano fatal, El monstruo y Av. Corrientes, entre otros, lo son. Luego vinieron El Esplit, con Shaman y Sr. Tomate, y el disco doble, Le Prièt vaha-chosmos e-ba con Maourian!!!, para el cual tenían pensado grabar un solo disco, de manera profesional. Y una vez más sucedió el cosmos. El resto es historia. “Nosotros somos público nuestro y también tenemos un montón de amigos que nos dicen ‘Che, loco, toquen, déjense de hinchar las pelotas’. Yo creo que lo más importante de esta fecha es eso: una celebración, y no me parece poco”.

¿Y cómo será?

Mariano: Siempre boludeamos y siempre nos pasó lo mismo. De repente pasa algo que nos pone en una situación como de agite. Se dio que hablamos y empezamos a ensayar porque armé la bata en casa. Pudimos tocar un par de veces. Estaba esta fecha, nos llamó Nico (Lantos, de Krupoviesa, dijimos: ‘Sí, podemos, bueno, listo’. Siempre pasa eso, es nuestra historia en general. Hay momentos que se cruzan y tenemos la libertad de estar tranquilos porque no estamos en la búsqueda del desarrollo de la banda, estamos súper tranquis; contentos, en general, de la vida. Y salió todo como tenía que salir, muy espontáneo, de toque.

Prietto: Aparte, si lo hubiéramos planeado de otra manera, podría ser algo estratégico pero me acabo de dar cuenta de que se cumplen diez años de la banda.

Y en estos diez años, ¿qué cosas cambiaron musicalmente? ¿Creen que crecieron o evolucionaron?

Mariano: Lo que cambió grosso es que hoy tenemos una barbaridad de canciones. En esa época teníamos muchas menos, zapábamos muchísimo más en los recitales, y eso te marca un poco. Tenemos menos espacio para el delirio porque hay muchas canciones que nos encanta tocar y a la gente le gusta escucharlas, las canta. Hay muchos discos en el medio. Después, entre nosotros pasaron un montón de cosas y a la vez pasa lo mismo de siempre: en cuanto nos ponemos a tocar es como si hubiéramos estado tocando todos los días hasta el día anterior. El toca mucho más que yo, cotidianamente, naturalmente. Pero entre nosotros la cosa fresca de empezar a tocar y que camine no cambió nunca. Otra parte del cosmos, digamos.

Prietto: Pero las canciones no es una evolución, es algo que se da naturalmente. No sé si evolucionamos. Desde que nos juntamos, la idea era conseguir un bajista. Después pintó para grabar y parecía que estaba bien así, que lo escuchábamos y nos gustaba. Habíamos decidido meterle unos delays en las voces, nos gustaba cómo se metían esos efectos en el micrófono de la batería, la atmósfera que se generaba. Nos gustaba el sonido, nos grabábamos en los ensayos y nos gustaba. Más vale que a un montón de gente que se lo mostrábamos no le gustaba, le parecía no sé qué. A partir de ahí hasta ahora pasó lo que dice él: hicimos un montón de canciones y a partir de ellas se empezó a desarrollar una personalidad. Y en los discos, capaz jugábamos más con teclados, efectos, cosas así pero no sé si decimos ‘Bueno, vamos a hacer un disco de otro género’. No pensamos en el género, hacemos canciones como nos salen. Me acuerdo en el disco doble, en los ensayos, hablábamos mucho de la melancolía, y tratábamos de describirla.

¿Melancolía con respecto a qué?

Prietto: Con respeto a la mirada de las cosas que te suceden en la vida. Coincidíamos en que teníamos una visión bastante melancólica de la vida y que las canciones del primer EP tenían eso. En un momento creo que estábamos tratando de desarrollar eso, de hacer una canción súper melancólica, no sé por qué. Fue una especie de leit motiv o un incentivo que se nos armó. Con esa cuestión armamos como cuarenta canciones, y en vez de seguir todo el proceso que es armar un disco, terminó siendo doble. Nunca habíamos dicho de hacer un disco doble. Creo que son todas variantes de esa sensación. ¿Por qué la melancolía? Qué sé yo. Por ahí otros grupos piensa en el amor, en el odio, cada cual piensa lo que se le canta.

Mariano: Básicamente es eso, que no está tan pensado. Tocamos, tocamos y ahí sale. Yo lo llamo, él levanta el teléfono y cuando decimos ‘Hola’ ya sabemos qué pasó antes. Nos dimos cuenta de que mucho tiempo podríamos haber hecho cosas diferentes para avanzar a determinado lugar y no quisimos avanzar hacia ese lugar. Estamos donde estamos porque en un punto lo hicimos y quisimos y por eso pasa esta cosa tan tranquila de decir ‘¿Tocamos? ¡Tocamos!’. Estamos ensayando y hacemos canciones nuevas. Por ahí no estamos pensando en un disco, por ahí sí, nos va atropellando la historia, o llevando. No hay algo muy elucubrado. No hay un proyecto de hacer tal cosa. Por ahí siempre fue en realidad tratar de romper proyectos.

Prietto: De hecho creo que vos nunca lo pensaste como algo de lo cual se puede vivir o tratar de vivir.

¿Y vos sí lo pensaste?

Prietto: Yo sí, pero este proyecto no tiene nada que ver con eso. De hecho a mí me gustan casi todos los géneros musicales que existen. Estuve haciendo bandas de sonido para películas. Para mí es re divertido. Y además es un trabajo del que me gusta aprender.

Mariano: No es que no me interese, creo que nunca lo pensé porque siempre me pareció muy difícil, desde antes de que existiera esta banda. Me pareció una cuestión muy random, no entendés por qué te puede pasar, durante cuánto tiempo ni qué te puede llevar. En este proyecto es difícil porque siempre estamos como lidiando con las cuestiones que deberíamos mantener para poder vivir de la música. Medio que las tiramos atrás, las boicoteamos, no nos gusta mucho. Nos es difícil sacarnos una foto, hacer una entrevista, somos medio mala onda, secos. Nos cuesta, no es que nos encanta. Entonces hay un montón de dinámicas con las que no podríamos jugar. Eso también nos influye en la música. Nos pasó que cuando empezamos a cranear el disco doble, al principio iba a ser un disco corto, pro, y en ese momento nos dio como cosa. Nosotros tocamos, entramos a tocar y tocamos cualquier cosa. No cualquier cosa por malo, ¿entendés? Tocamos lo que surja, lo que se arma.

Prietto: A nivel práctico, ¿tu hijo cuanto tiene, 18? Hace 18 años que...

Mariano: Que tengo que ganarme la guita del mes.

* Viernes 25 en La Sala Buenos Aires, Díaz Vélez 4820. Desde las 23 con Krupoviesa y Las Edades.

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