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Jueves, 29 de octubre de 2015

ÓPERAS PRIMAS DE TEATRO SUB-30 EN EL C.C. ROJAS

“En la adolescencia,uno construye su coraza”

Con los hermanos Szechtman como pivotes, Larga distancia y Nena Dragón, pisa tejas por amor indagan las relaciones y los fetiches de la juventud.

 Por Lola Sasturain

“Fuimos a una escuela artística de chiquitos, estudiamos con Nora Moseinco en la adolescencia; también tenemos un padre que trabaja en cine y ahora es actor”, cuentan Katia y Toto Szechtman, hermanos y actores. La obra dirigida por ella (Larga distancia) y la protagonizada por él (Nena Dragón, pisa tejas por amor, de Franco Calluso) están en exhibición en el ciclo Operas Primas del C.C. Rojas, los sábados a las 21. Y la tercera obra del ciclo (Polite de Pablo Sigal), de exhibición los jueves, también tiene relación con los hermanitos Szechtman, ya que son amigos del director e Ignacio Sánchez Mestre, el protagonista, es novio de Katia: “Pensábamos que alguno iba a salir perdiendo. Es increíble compartir tanto entre hermanos, mismo horario, mismo lugar... Hay algo que vibra parecido. Nunca pasa de salir de las funciones y que una haya estado excelente y la otra mal. Siempre están conectadas”.

Katia es actriz y estudió realización de cine en la ENERC. Describe una relación “esquizofrénica” entre la actriz y la directora. Por su parte, Calluso aprendió lo que sabe de dirección estando del otro lado, haciendo música en vivo para obras, y su única experiencia en dirección había sido de 15 minutos dentro del ciclo Aconcagua. Sus obras son muy diferentes pero comparten mucho más que el apellido Szechtman: ambas tocan el eterno tema de la búsqueda del amor con la adolescencia como momento bisagra, ya sea por el transcurso de la misma o por su pérdida.

“El único lugar seguro de Eric es su adolescencia, quedó estancado ahí”, dice Martín Shanly sobre su personaje en Larga distancia, donde es un padre joven inmaduro y retraído que se ve aturdido cuando el personaje de Lucía, su charlatana compañera de bus, puede ver a través de su mente. “La encaré naturalista, tengo cierta tendencia a intentar hacerlo real, y cuando pude llevarla mucho más arriba y despegar del lado racional pude empezar a jugar sin juicio. Ella es súper racional, pero siento que tuve que ir mucho más al espacio que a la tierra para hacerla”, cuenta María Soldi, la actriz. Los dos personajes permanecen solos en las butacas del teatro, a modo de micro de larga distancia expresionista, con el público sentado en el escenario, aporte de la escenógrafa Laura Gamber. “Muy arquitecta, entiende de espacios”, dice Katia sobre ella.

Nena Dragón, pisa tejas por amor, por su parte, es una road movie adolescente –según su autor– con un código de realismo correspondiente a un mundo construido desde la perspectiva de dos adolescentes. En ella, un padre viudo (Rodolfo González Estévez), Yukimi-San (Rosalba Menna) y Murdok (Toto Szechtman) corren detrás de Sheena (Ana Capalbo), objeto de deseo de reminiscencias otroyoianas: “Me gustó que en mi obra todos tuvieran un deseo claro menos Sheena. Todos quieren estar con ella, pero el deseo de ella es esquivo”, dice Calluso.

Murdok es un colgado vendedor de Camelot, Yukimi-San se graba y tiene ringtone de Evangelion. Calluso: “El mundo otaku es muy teatral por la relación que tienen con la ficción que consumen. Usan seudónimos, se disfrazan, tienen varias capas de identidad, y eso es muy fuerte para hablar de la adolescencia, momento en el que uno construye su coraza externa. También pasa algo con ese grupo de gente, en Buenos Aires en una época determinada. Tenía que ver no solo con el animé sino con tipos de música, lugares a los que se va”, describe el autor. Y sigue Toto, que había estado en Demo y en Tiempo libre: “Vi cosas mías en Murdok. Con el tiempo fui descubriendo qué y quién es. Yo miraba animé de muy chico, y me volví a meter en serio hace poco. El personaje femenino del animé tiene esa cosa muy fuerte: está buenísima, es la mejor guerrera y controla la situación. Y un poco la obra es eso”.

Es verdad: las chicas se llevan el mundo por delante y tienen la voz (y la guitarra) cantante en estas tramas con las que el Rojas plantea un estado de las cosas más que positivo para el teatro sub 30. Dos obras profundamente generacionales, emotivas y reflexivas, donde florecen jóvenes talentos que darán que hablar, tanto de la dramaturgia como de la actuación.

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