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Jueves, 26 de noviembre de 2015

EL AñO DORADO DEL BRITPOP

La corte inglesa

En 1995, Oasis, Radiohead, Pulp, Blur y Supergrass sacaron cinco discazos.

 Por Lola Sasturain

El de 1995, año de oro del britpop, fue de una influencia tremenda, pero subestimada. Hay álbumes que fueron enormes durante los ‘90 pero cuya onda expansiva derivó en edulcoradas baladas en falsete en los 2000, y así fue cómo el nombre del viejo y querido britpop comenzó a bastardearse. Por eso, a 20 años, es pertinente reivindicar aquel año remitiéndose a los hechos concretos: los discazos.

Los aportes más positivos del britpop al mundo se concentraron en 1995: la lluvia de guitarras y los estribillos enormes para quedarse sin aire tienen sus máximos exponentes en The Bends, de Radiohead (Oxford), y (What’s The Story) Morning Glory?, de Oasis (Manchester). Ambos son los segundos discos de bandas que serían de las más grandes de Inglaterra y el mundo, y sus diferencias son fácilmente relacionables con los rumbos artísticos casi opuestos que tomarían sus carreras de ahí en más. Pero en sus puntos de contacto, la épica, la arrogancia, lo hímnico (no sólo Wonderwall, Don’t Look Back In Anger o Champagne Supernova, porque a The Bends pertenecen High and Dry y Just) y eso de gritar consignas sensibles a los cuatro vientos con un sonido gigante, son álbumes difícilmente superados.

Mientras The Bends demostró que Radiohead era una banda mucho más inteligente, nerd, crítica y rebasante de talento que lo que había mostrado su debut Pablo Honey (el de Creep), Morning Glory sacó a Creation Records de la ruina que les había significado Loveless, de My Bloody Valentine, con un disco mucho más comercial y menos rockero que el primero de los Gallagher, Definitely Maybe. Salía el shoegaze, entraban los hits: y el Reino Unido nunca sería el mismo.

Pero el componente menos guitarrero y más pop, la tradición más Morrissey de narrar complejas crónicas de la vida cotidiana con elegancia y misterio, también tuvo a su mejor exponente ese año: Different Class, eterno favorito de Pulp (Sheffield). Lanzado con escasos días de diferencia con Morning Glory, es la otra faceta del britpop: delicadas postales pop cargadas de ironía y sutileza por Jarvis Cocker, tal vez el mejor letrista de ese movimiento y de su generación. Canciones para llorar en la pista de baile o para vociferar en un karaoke, borracho, versos sobre amor, desamor, sexo, snobismo, celos y vida nocturna. Los lentes de pasta y los trajes achupinados empezaron ahí.

¿Que más? La hiperkinética frescura de I Should Coco, impresionante debut de los adolescentes Supergrass, injustamente considerados one hit wonders por Alright; también The Great Escape, por el lado de Blur (Colchester), que no es el disco más mencionado de Damon Albarn y amigos (Parklife fue del año anterior) pero contiene una importante concentración de los temas más icónicos de la banda: The Universal, Country House y Charmless Man.

Diez años después, con Arctic Monkeys, The Libertines, Kasabian y Kaiser Chiefs, la Cool Britannia se revitalizaría; pero nunca tanto como en 1995, cuando tanto la bravuconería como el refinamiento, el humor y la elegancia fueron puestos en función de espléndidas e inolvidables canciones pop.

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