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Jueves, 17 de diciembre de 2015

LOS FUTUROS #39: JUSTIN BIEBER

Yo, ex adolescente

El canadiense cumple 21 y lava sus culpas en Purpose.

 Por Lucas Garófalo

Según todos los medios de comunicación del mundo, Purpose es el disco con el que Justin Bieber viene a pedir perdón por los errores que cometió en los últimos años: ahora que cumplió 21, el canadiense deja atrás a su yo adolescente para convertirse en un adulto responsable. El tema es que los medios suelen estar escritos y manejados por una generación anterior a la suya –es decir, gente que nació sin Internet—, y hay una diferencia brutal entre su interpretación y la de los nacidos en las últimas dos décadas. La nueva generación no juzga. Por algo los jóvenes están migrando masivamente hacia Snapchat, una aplicación en la que no existe el “me gusta” y todo el contenido subido se borra a las 24 horas. Listo. Ya pasó. No importa.

Por supuesto que Justin tiene que complacer a todo el mundo y no sólo a los jóvenes —de eso se trata ser una estrella global—, y por eso es difícil que exista alguien capaz de disfrutar el irregular Purpose de punta a punta, de sus 20 temas. Pero cuando Bieber se dedica a hablarle a sus contemporáneos en lugar de preocuparse tanto por lo que opina de él una generación que no lo comprende, su aporte es fenomenal.

Esto ocurre aproximadamente en un tercio del disco, en canciones como Sorry y What Do You Mean, en las que se convierte en la primera súper estrella en combinar de manera original y exitosa el pop y la EDM (sigla de Electronic Dance Music, etiqueta aplicada a DJs como David Guetta, Skrillex y Avicii). Si la electrónica bombástica que surgió en los últimos años se caracteriza por su agresividad, el canadiense la lleva al extremo opuesto, como un domador de caballos salvajes.

En sus mejores pasajes, Purpose no “explota”, no es avasallante, no obliga a nada. Al contrario: invita amablemente, no solo desde lo musical sino también desde lo lírico. En Sorry, sin ir más lejos, no tiene problemas en reconocer errores, poner la otra mejilla y hablar con honestidad. Así se pide perdón en el Siglo XXI. Y si bien todavía le rinde cuentas a una generación anterior en temas como I’ll Show You, en el que se victimiza hasta lo patético, el disco tiene inoculado el germen de lo que viene: un futuro con más libertad y menos culpa.

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