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Jueves, 17 de marzo de 2016

SASHA SATHYA, ALTA WACHA

“PRIMERO FUE EL CUERPO, Y LUEGO LA IDENTIDAD”

La rapera porteña la rompe integrando trap, cumbia, hip hop y reggaetón, pero el ritmo de su pasado no fue tan fiestero.

 Por Yumber Vera Rojas

Para sacarse el problema de las definiciones, en el que es una experta, Sasha Sathya se encargó de etiquetar ella misma su sonido como “hip pop”. “Es la relación del hip hop con otros estilos, la manera en que la electrónica se conecta con el trap o la cumbia”, le explica la cantante al NO, en el departamento de una amiga en Villa Crespo. “Tiene una urbanidad que poseen músicas más sofisticadas pero no tanto. Es lo que me mueve”, dice, y para muestra está su temón Wacha, cuyo demo sorprendió a Miss Bolivia, quien junto a Guillermo Beresñak le produjo la versión que cuelga en su Soundcloud y que podría decantar en un EP.

Si bien la letra guarda afinidad con Morrissey, el hit de Leo García, la artista tira abajo cualquier especulación: “Es para una ex a la que le digo que es una paja que su novia no quiera que hable conmigo. Es la histeria de no cortarla”, aclara. “Si es muy gráfica es porque me pasó muchas veces.”

Pese a que roza la provocación, esta fan de Björk, M.I.A., Mala Rodríguez y Sara Hebe, al igual que de John Frusciante, se presenta (continuando con los axiomas) como “transtorta”. De lo que da cuenta su perfil de Twitter. “Como me vinculo sexual y afectivamente con mujeres trans y cisgénero, intento romper con la idea tradicional de que la lesbiana sólo tiene vagina”, justifica la rapera de 34 años. “Ese concepto no sirve y no se aplica a mi identidad.”

Aunque lo queer se institucionalizó en la música urbana desde que Bowie se transformó en Ziggy Stardust, pocos músicos decidieron hacer la transición. Por lo que Sasha Sathya, más allá de no ser el único caso argentino (Susy Shock es una referente, mientras que recientemente Thalía Salas se dio a conocer en 2015 en el reality Soñando por cantar), es una rara avis y una de las sorpresas del pop independiente local.

Antes de que consumara su deuda con quien quería ser y desde qué cuerpo deseaba hablar, la artista porteña, curtida en el conurbano bonaerense, tuvo su primera banda de rock a los 13. “Crecí en la segunda mitad de los noventa. Absorbí el rock alternativo, el punk y la cumbia”, recuerda esta multiinstrumentista que tiene en la guitarra su instrumento matriz. “No encajaba en ningún rol masculino y eso me llevó a no poder decir algo verdadero, incluso en lo artístico. El clic vino hace seis o siete años. Primero fue el cuerpo, y luego la identidad.”

Su camino hacia la reivindicación fue espinoso: “Enfrenté la calle y tuve que prostituirme porque no tenía laburo. La comunidad trans está muy marginada, y las trabajadoras sexuales no tienen educación ni acceso a la calidad de vida. No obstante, a pesar de que mis viejos son de clase obrera, había discos y libros en casa, y eso me cambió la vida”.

Aunque Sathya hace música antes de establecerse políticamente en el mundo, su militancia salta a la vista. “A veces me gustaría que no todo se centrara en mi transición, pero no quiero que nadie hable por mí”, espeta. “Conseguir trabajo teniendo una identidad trans es difícil, a menos que labures para el Estado, y no tengo ganas de hacerlo.”

Tras su debut como solista en 2014, la artista, que también explora el lado femenino y sensual del noise, del stoner y del post hardcore, juega a ganadora con su carrera musical. “Mi prioridad es tener un disco, que será de descarga gratuita”, advierte. “Si bien lo primero era más acústico y lo fi, lo que estoy haciendo ahora es más trap, hip hop y reggaetón, y tiene una mirada digital.”

* Sàbado 23/4 en Ladran Sancho, Guardia Vieja 3811. A las 22.

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Imagen: CECILIA SALAS
 
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