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Jueves, 23 de junio de 2016

RARA, DE LA CHILENA PEPA SAN MARTíN

“Los prejuicios son parte de la herencia”

Ni leguleya ni dramática, esta película “donde todos obran por amor” enfoca la mirada inocente y confundida de una piba de 13 años cuya madre rehace su vida con otra mujer.

b En 2004, un caso judicial sacudió Chile: la Corte Suprema de Justicia le había quitado la custodia de sus hijas a la jueza Karen Atala, y otorgado la misma al padre; su ex esposo, abogado y defensor público. En 2012, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos consideró que había un ataque a los de Atala y pidió que fuera revocada la sentencia. Así ocurrió, pero la primera declaración de Atala entonces no fue la de una revancha, sino la del alivio: “Me he sacado el estigma de mala madre”.

Hay cambios culturales que van más rápido que las leyes y hay otros que quedan detrás de los fallos aun favorables. Esa historia es la piedra basal de la película Rara, primer largometraje de la chilena Pepa San Martín, que ganó el Gran Premio del Jurado Internacional a la Mejor Película en la sección Generation Kplus del Festival Internacional de Cine de Berlín este año, y ya había sido distinguida por su corto La ducha en 2012.

Lo que llamó la atención del jurado fue el enfoque: lejos de la mirada leguleya o dramática –aunque hay drama– la historia se posa sobre la mirada a veces inocente, a veces confundida, de Sara (una hipnótica Julia Lübert), una adolescente de 13 años cuya madre ha rearmado su vida con otra mujer. “De todos los personajes, la historia de los hijos es la que más me llama la atención, eso de cómo nos hacemos adultos absorbiendo prejuicios y decisiones de los adultos. Los niños no nacen con prejuicios, son parte de la herencia”, dice San Martín.

La elección no fue casual. No es la primera vez que las familias modernas son retratadas, e incluso el foco ha llegado a una serie del prime time estadounidense como Modern Family, donde dos hombres adoptan más de una vez, pero lo llamativo es ese enfoque y la empatía que provocó.

¿Hay un público que espera por esta renovación de lenguaje y temáticas o es el arte el que empuja y corre los límites?

–Yo creo que son ambas cosas, por un lado la sociedad avanza más rápido que nuestra política, ver la realidad desde otra perspectiva siempre es gratificante y eso nos ayuda a evolucionar como sociedad; y eso también es una virtud del arte.

Con la convicción de que el cine puede ser “un arma poderosa para los cambios sociales, la humanización de los nuevos tiempos y leyes”, San Martín deja correr la trama a partir del vínculo, inmensamente amoroso y adolescentemente conflictivo, entre Sara y sus padres, Sara y su hermana menor, Sara y el chico que la gusta, Sara y su mejor amiga, Sara y las actuales parejas de sus padres.

Y si sorprende en la dulzura, Rara además golpea: hay cambio de manos, crisis, vidas irresueltas. Sara es, a la vez, ella y la sociedad toda; y el crecimiento y la evolución son procesos arduos. “En la película no hay buenos ni malos, todos actúan bajo la palabra amor”, dice la autora, a modo de calmante para la angustia final.

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