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Jueves, 30 de junio de 2016

EL DISCO GALáCTICO DE SOL DEL RíO

RESONANCIA MAGNETICA

Atmósferas enigmáticas en una obra electrónica y onírica, entre la plástica y la música. Y también otras esdrújulas.

“Fantasía, preguntas, magia”, enumera Sol del Río con sus ojos verdes bien abiertos. Sentada en un banco del Jardín Botánico de Buenos Aires, esta multidisciplinaría artista intenta describir Resonancia, su primer disco: un viaje electrónico de tono onírico, capaz de ladearse entre el ambient, el house y el tecno. “Me obsesiona todo lo que signifique un desafío, lo que me haga aprender y descubrir algo nuevo”, dice. “Siempre estoy intentando meterme más adentro de quién soy.”

Artista plástica, cantante o realizadora visual, Sol del Río es básicamente una artista en constante desarrollo. Hija de una profesora de piano y un ingeniero, desde chica comulgó con el arte y las tecnologías, primero desde la pintura y la música –como cantante y guitarrista de bandas de punk, pop, grunge y metal– y después como diseñadora y desarrolladora de contenidos visuales. Resonancia, construido de modo cronológico, track por track, y publicado recientemente por Concepto Cero, aparece como la síntesis química de ese recorrido. “El punk me sigue gustando mucho, Ramones es una banda que escuché de muy chiquitita”, dice Sol. “Mi música es electrónica, pero si sacáramos todos los elementos tecnológicos, hay un contenido de canción de estructura punk.”

Entre atmósferas tensas o enigmáticas, construidas sobre sintetizadores y bajos pesados, la figura de Sol serpentea entre lapsos de heroína mística y femme fatale, con su voz irrumpiendo para intervenir escenas desde un plano que suena galáctico y futurista. Las canciones de Resonancia hablan de mística, sexo, amor y hasta de premoniciones. El track epónimo narra un sueño que anticipó la separación amorosa que atravesó durante la producción del disco. “El sueño de esa separación, que sucedió unos días más tarde, culmina con una caída de hexágonos azules, casi de neón, como si fueran deshechos espaciales o algo así, y un grupo de desconocidos que me terminan abduciendo”, cuenta. “Eso viene a representar para mí mi música y mi arte, que me saca de donde estaba para moverme porque ya era tiempo de cambiar de lugar.”

Los sets unipersonales de Sol del Río son espacios suspendidos en el tiempo, donde canta, maniobra máquinas y dispara visuales, construyendo un microuniverso digital donde reina con un magnetismo solapado y seductor. “Me interesa ser auténtica cuando hago arte, por eso no sigo determinadas corrientes. Siento que uno aporta algo como artista, así que siempre me pregunto, ¿qué dejo? ¿qué estoy brindando? Para mí está bueno que el artista represente a su época, y consciente o no me parece que yo lo hago, y me encanta. De todos modos, cada tanto me gusta volver a las raíces y agarrar el pincel.”

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