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Jueves, 30 de junio de 2016

AGUAS(RE)FUERTES 1

POR LA VUELTA

“¿Qué carajo quieren con Messi?”, se preguntaba Menotti hace unos días, indignado por la falta de códigos del que fue, en algún momento del siglo pasado, el mejor jugador del mundo. Este Maradona –no el de los VHS sino el que en los últimos años viene exasperando con un reality judicial bochornoso y destructivo– no pudo evitar afirmar, ¡justo a su otrora archienemigo Pelé!, que Messi “no tenía personalidad”. Poco después, en otro programa afirmó que, si no ganaban esta final, era “mejor que ni vuelvan” los jugadores de la Selección, para algarabía de la gilada mediática que siempre lo defenestró.

Menotti también analizó una cuestión futbolística: “Todo se basa en que la agarre Leo, gambetee a cuatro, se la pase a Higuaín y gol. Este es el ataque de Argentina, sólo relacionado con el rendimiento de Messi”. Es curioso que Sabella, en teoría más conservador que el Tata, haya sido el único que aprovechó a Messi juntándolo con Higuaín, Di María y el Kun. En estas últimas finales con Chile, Messi jugó dos partidazos condenados al fracaso por un planteo quijotesco: no se escondió nunca, se cansó de gambetear y bancarse patadas, generando amonestados y expulsados. Pero si no hubo goles fue porque al del Barcelona (donde Suárez y Neymar se le muestran siempre, además de Iniesta, los laterales y hasta Busquets) lo dejaron solo: siempre encaró contra 4 o 5 rivales.

Sus lágrimas tienen una belleza paradójica: subcampeón invicto con la mejor diferencia de gol, este equipo, que ya es parte del pasado, no tiene mucho que reprocharse. Queda para la historia el baile que le dio al local Estados Unidos, donde hubo una jugada que invita a pensar qué puede ocurrir sí Lío lee Yo, el Bocha, las memorias de Bochini: su genial pase gol a Lavezzi puede ser la pista de hacia dónde podría ir un Messi en el rol de asistidor si se le saca ese lastre “maradoniano”: así lo llamaron allá esta temporada, el “facilitador”.

Aún estamos a tiempo: que Messi se saque la angustia de no ser un clon de Diego en el ‘86 y que el Kun le pase el libro del Bocha, quien supo sintetizar como un maestro zen la esencia del juego: “El buen futbolista es el que sabe jugar bien a un toque”. ¡Por un Messi más bochinesco! ¡Por un Diego menos botón! ¡Por muchos más subcampeonatos invictos con el mejor promedio de gol! Por una Selección que no dependa de que uno tenga que gambetear a cuatro tipos y clavarla al ángulo porque si no es un pecho frío. Y por la vuelta. No te vayas campeón, quiero verte otra vez.

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