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Domingo, 25 de junio de 2006

FAN › UN ARTISTA PLáSTICO ELIGE SU OBRA FAVORITA: DUILIO PIERRI Y CABALLOS DE SAN MARCO, DE RóMULO MACCIóCABALLOS SALVAJES

Caballos salvajes

 Por Duilio Pierri

Creo que, si hay una obra que te conmueve, y a la vez es de un artista vivo, de tu país y lo conocés, es necesario hacer hincapié en que el arte pictórico argentino es un arte importante dentro del concierto internacional, pese a ciertas fallas de difusión en el exterior. Aunque tampoco elegiría una obra de alguien de quien no me gustara su obra integral: sería extraño que hubiera un cuadro que te guste de alguien de quien no te gusta el resto de su obra. Y de Rómulo Macció me gustan muchas obras, que me parece que tienen el mismo nivel que ésta, pero ésta es paradigmática, en el sentido de que es de un artista que fue muy importante en los años ’60, pero que fue evolucionando. Y este cuadro, que es de principios de los ’80, lo muestra en un crecimiento total. Ciertos teóricos ubican a la Nueva Figuración como un movimiento en el que los artistas que participaron dieron su máximo. Pero, para mí, Rómulo Macció siguió creciendo, al igual que otros artistas, como Leopoldo Presas; va evolucionando. Y acá está, a veinte años de su momento de mayor fama mediática, con esta obra que es Caballos de San Marcos, que me parece una obra muy interesante.

Uno de los primeros recuerdos que tengo de Macció es de cuando mi padre, que era pintor, me llevaba al Di Tella. Recuerdo una muestra de Macció, que para mí eran como moscas; unos cuadros octogonales de los años ’60. Yo tendría diez años, y no me acuerdo de un cuadro en especial sino de la visión de la sala del Instituto Di Tella con los cuadros de Rómulo. A él lo conocí personalmente también cuando era chico, en una muestra de mi madre, que también pintaba. Mis padres eran artistas, pero veinte años más viejos que los de la generación de Macció. Después perdí contacto con Rómulo y en los ’80, cuando yo estaba en los Estados Unidos, programamos con Luis Frangela –que murió allá– y con Rómulo una muestra de los tres. Rómulo hizo una muestra, que sería la primera de los años ’70 en Buenos Aires, años en que reinaba el conceptualismo y una especie de hiperrealismo, que después sirvió para que algunos curadores hicieran el lanzamiento de la “Nueva Imagen”, que fue el grupo de “la vuelta a la pintura”. Fue una muestra en la que estaban él, Noé, Frangela y yo. Rómulo me ayudó con el lanzamiento de mi pintura en Buenos Aires y se interesó por lo que hacíamos nosotros siendo veinte años más jóvenes. Tuvo una visión, y esta obra, Caballos de San Marcos, es de esa época, en la que yo volví a interesarme mucho por sus cuadros, como en los ’60, cuando hacía esas cosas enigmáticas. En los ’80 volvió a una cosa mucho más salvaje, contemporánea a lo que se hacía en ese momento internacionalmente. Vi que estaba muy actualizado; que él y Noé eran una guía para nuestra generación; que había una interrelación; que no es que estudiamos con ellos, pero sí había una continuidad estilística.

Dentro de la obra de Macció, los Caballos de San Marcos son un poco más convencionales; toma temas como este paisaje italiano; prima más el gesto pictórico en sí, no tanto el mensaje conceptual. Hace diez años que estoy en una búsqueda de la pintura paisajística, con una técnica libre y expresionista, y este cuadro tiene para mí una relación con esa búsqueda.

Creo que Rómulo sigue siendo uno de los pintores argentinos más importantes. De vez en cuando lo veo personalmente, pero mi relación con él continúa fundamentalmente a través de su pintura. Cada vez que expone, me gusta ir a verla. De pronto tiene puntos superaltos en su pintura, y siempre espero encontrarme con una obra como San Marcos. Es un artista del que espero cosas importantes, y siempre las produce. Y ese cuadro es paradigmático de una persona que está actualizada, no por mirar hacia afuera sino por la evolución del arte argentino en este momento.

Duilio Pierri expondrá en la Galería Zavaleta Lab a partir del 31 de agosto próximo. Junto a la muestra se presentará un libro sobre su obra.

Rómulo Macció

Rómulo Macció nació en Buenos Aires en 1931. Fundador en los años ’60, junto con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, del Grupo “Otra Figuración”, había empezado a trabajar durante su adolescencia en una agencia publicitaria; más tarde se especializó en Artes Gráficas e hizo decoraciones y escenografías teatrales, para dedicarse de lleno a la pintura a partir de 1956. Ese año hizo su primera exposición porteña. Luego realizaría varias exposiciones junto con los cofundadores de la “Otra Figuración”, entre ellas una en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963, y otra en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. Lleva hechas infinidad de muestras individuales (en el Di Tella, en la Biennale Di Venecia ’68, en Nueva York, México y París en los ’70, y en Roma en 1996, entre muchas otras), y sus obras fueron adquiridas para innumerables colecciones en todo el mundo.

En 1983, cuatro años después de este cuadro, Macció se instaló en su casa-taller en La Boca, donde pintó (en cuadros como La Bombonera trema y Riachuelo) al menos dos grandes temas: la inmigración y el río. La crítica ha dado innumerables definiciones de su obra (que es en cierta manera “impresionista”, y romántica, por ejemplo), pero el propio Macció nunca avaló ni desechó del todo estas definiciones; porque, para él, “la pintura no se dice, se muestra”. En una entrevista que dio a la revista La Maga casi una década atrás, dijo sobre su arte y sobre la insistencia de la crítica en intelectualizar la pintura: “Vos ves la realidad y hacés un reflejo de esa realidad. Tratás de hacer una interpretación poética de esa realidad. Cargás esa realidad con la materia pictórica y la traducís en hecho pictórico. Si hay poesía, conmueve; y si no hay poesía, no. Y eso es un milagro. No tiene explicación, entonces, ¿qué vas a estar explicando? No es un pensamiento. El pintor nunca pensó nada. No es una cuestión de inteligencia ni de pensamiento; es una intuición, es un sentimiento”.

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Caballos de San Marcos (1979, óleo sobre tela, 170 x 200, colección particular).
 
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