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Domingo, 9 de julio de 2006

FAN › UN MúSICO ELIGE SU CANCIóN FAVORITA: MARCELO MOGUILEVSKY Y “GRISEL”

La música del tiempo

 Por Marcelo Moguilevsky

Elegí “Grisel”. La primera vez que la pesqué fue escuchando La-la-lá, una versión ya deforme para bien, que distaba muchísimo de lo que era la original. Para mí fue maravilloso encontrarme con Spinetta cantando “Grisel”. Soy fanático de El Flaco y esa letra cantada por él y el resto del disco doble con Fito fue un cóctel explosivo. Nunca consumí mucho rock y eso era algo especial. Creo que me enganché tanto con “Grisel” porque era una época muy complicada de mi vida, recién me había separado y la letra me resultaba demoledora, un puñalazo. De eso hace casi 16 años, yo tenía más o menos 30 años. Me acuerdo que durante esa época para mí era fundamental escuchar “Grisel” por lo menos una vez al día y luego salir por las calles a canturrearla solo.

Creo que fue la letra pero también el vuelo melódico: va muy al corazón, en línea franca con la canción. Debe haber sido la poesía lo que me impactó tanto. Soy pésimo con las letras pero la escuché esa vez en La-la-lá y ya nunca me la olvidé. La memoria es así, selectiva por interés.

Fue raro. Yo no soy muy aficionado al tango y para mí fue una entrada extraña y bella. Después encontré la versión cantada por Goyeneche. Hay varias versiones. Creo que la más bonita es la que canta Fiorentino. Es mortal, preciosa; una versión que tiene un arreglo de orquesta al principio y después entra esa voz increíble de Fiorentino, que para mí es uno de los más grandes cantores de tango. La diferencia con otras versiones es que él la canta tomado por la emoción, pero sin embargo no hace una expresión exagerada de eso. Es una emoción contenida que sentís porque escuchás esa letra. Como con esas cosas que duelen mucho y en vez de gritar suspirás bajito. En cambio, la versión de Mariano Mores es súper ostentosa. Y eso que el tema es de él y Contursi. Pero para mí, el espíritu no está, se pierde en las orquestaciones y en la pomposidad.

Hace unos años grabé un disco para un sello japonés que se llama Será una noche. La segunda. Con Lidia Borda, algunos integrantes de Puente Celeste como Edgardo Cardozo y Santiago Vázquez, Gabriel Rivano tocando el bandoneón, Martín Ianaconne en el cello. Tuvimos que elegir un repertorio de tango y hacer nuestras propias versiones. Entre los tangos que se postulaban pedí con una mano en el corazón “Grisel”. Salió una versión muy bonita, muy delicada y tranquila cantada por Lidia. Además, es bastante particular porque está puesta en un 5x4, algo extraño para un tango. Grabamos en una Iglesia que estaba al lado de la fábrica de Gándara en Chascomús. Era la segunda vez que hacíamos un disco con ese sello. La primera fue con Pedro Aznar como cantante, la segunda con Lidia Borda. Las dos veces nos fuimos a vivir al convento durante todos los días que duró la grabación. Fue una especie de retiro espiritual, había unas señoras que nos cocinaban y teníamos que grabar de noche para que no se escucharan los autos que pasaban por la Ruta 2, que está muy cerca.

Entre mi primer encuentro con “Grisel” de La-la-lá y la versión que grabamos en Chascomús, pasaron 12 años; una vida. Prácticamente armé mi carrera musical en ese tiempo, después vinieron los viajes por Europa, por América. Pasó mucha agua bajo el puente. Es mucha vida, un tipo que pasa de los 30 años a los 43 de entonces y los 45 de ahora. Fue muy emocionante sentir el paso del tiempo de uno en una canción.

Estas cosas no pasan muchas veces. Es raro cuando escuchás una canción y te lleva de golpe a un momento de tu vida. Como cuando olés algo y te acordás de la ropa que tenías puesta o del aroma de la infancia. “Grisel” me lleva a mis 30 años.

Ahora conseguí varias versiones de “Grisel” para ver qué me pasaba al escucharla después de tanto tiempo. Y tengo la sensación de que una parte de uno no envejece, hay algo que no cambia, como si la esencia siguiera estando intacta. Si tuviera que elegir una estrofa me quedo con “Y hoy que vivo enloquecido/ Porque no te olvidé/ Ni te acuerdas de mí/ Grisel/ Grisel”. Tremendo. Después de eso, todos a llorar.

Grisel

José María Contursi - Mariano Mores, 1942

No debí pensar jamás
en lograr tu corazón...
Y sin embargo te busqué
hasta que un día te encontré
y con mis besos te aturdí
sin importarme que eras buena.
Tu ilusión fue de cristal,
se rompió cuando partí,
pues nunca, nunca más volví...
¡Qué amarga fue tu pena!
“No te olvides de mí,
de tu Grisel”,
me dijiste al besar
el Cristo aquél...
Y hoy que vivo enloquecido
porque no te olvidé,
ni te acuerdas de mí,
¡Grisel!, ¡Grisel!
Me faltó después tu voz
y el calor de tu mirar,
y como un loco te busqué,
pero ya nunca te encontré
y en otros besos me aturdí.
¡Mi vida fue todo engaño!
¿Qué será, Grisel, de mí...?
¡Se cumplió la ley de Dios
porque sus culpas ya pagó
quien te hizo tanto daño!

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José María Contursi, hijo de Pascual, escribió “Grisel” junto al eximio pianista Mariano Mores en 1942. La orquesta de Aníbal Troilo la grabó con la voz de Francisco Fiorentino en octubre de ese año para el sello Víctor. En diciembre de 1971, la orquesta de Atilio Stampone la grabó con la voz del Polaco Roberto Goyeneche. En 1985, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta hicieron una versión memorable para su disco La-la-la.
 
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