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Domingo, 3 de julio de 2011

SALI

A comer a clubes de colectividades

 Por Rodolfo Reich

Un twist de modernidad

Restaurant Austria, a metros del Río de la Plata.

Corría 1929, año turbulento en una Europa que pronto viviría momentos mucho más turbulentos. Pero lejos de allí, la Argentina daba la bienvenida a 40 inmigrantes austríacos, quienes fundaron un modesto club como bastión de su identidad: el Sport Klub Austria, a orillas del Río de la Plata. Esta historia tiene hitos: en 1929, la costa de San Isidro era inundable y precaria. Recién en 1937 el club pudo comprar sus terrenos. En 1940, tras un trabajo de drenado y nivelación, construyó la primera sede. De allí en más, el crecimiento no se detuvo: se inauguraron canchas de tenis, una pileta, dos pistas de bolos. Y, donde la cultura austríaca se hace aromas, surgió el restaurante.

La concesión actual de la cocina la tiene la empresa de catering Renta-Chef, que remodeló íntegramente el espacio, perdiendo cierta calidez tradicional para ganar en modernidad. Hoy las paredes de madera son blancas, del techo cuelgan peces multicolores, y desde las ventanas se ve un gran patio con una parra preciosa, el mejor lugar donde comer cuando el clima lo permite.

Por suerte, este twist moderno en la decoración no hizo mella en el ambiente popular y ruidoso de club familiar. La carta brilla en las especialidades de la patria de Mozart. Entre las entradas, el Topfen Strudel ($ 23, tradicionalmente un postre, aquí lo sirven salado, con relleno de queso de cabra) y una abundante tabla de embutidos nórdicos ($ 23), con bondiola ahumada, cracovia, queso de cabra, pickles y más fiambres clásicos. El plato fuerte es el goulash. Lo hacen con roast beef en cocción larga y spätzles (“gorrioncitos”), unos pequeños ñoquis de formato irregular. El goulash se ofrece en generosa porción individual ($ 28), pero también llega en cazuela de barro para 4 y 6 personas, en un amigable gesto comunitario. Además, bondiola braseada con naranja, miel y bourbon ($ 42), salchicha de Viena con chucrut ($ 28) y la tradicional Wiener Schnitzel ($ 30), ancestro de la popular milanesa argentina. Para el postre, no hace falta mirar la carta: el strudel de manzana se lleva todos los laureles.

Antes de irse, vale la pena llevarse algo del “Austria Deli Markt”, donde venden fiambres, pastelería, mermeladas caseras, cerveza artesanal, salchichas, entre varias cosas más. E intentar así que la experiencia austríaca se traslade al calor del propio hogar.

Restaurant Austria queda en Roque Sáenz Peña 1138, San Isidro. Horario de atención: todos los días de 8 al cierre. Teléfono: 4742-9393.


Sin falsas pretensiones

Tuy Salceda, postal de Galicia.

El restaurante de la Asociación Mutual Cultural y Recreativa Tuy Salceda es un ejemplo de comedor popular, en su versión más cruda. ¿Qué significa esto? Un gran salón sin pretensiones estéticas, mozos de uniforme y oficio, y una cocina que sale rápido y llena la panza. La orientación gastronómica del lugar está definida por su nombre, Tuy y Salceda, dos localidades de la provincia gallega de Pontevedra. Es Galicia la que marca el espíritu de los platos. Una de las estrellas es la empanada de bacalao ($ 38 la porción), tarta con relleno jugoso y contundente. También gustan el pulpo a la gallega ($ 170) y las sardinas asadas ($ 29). Para evitar los sabores marítimos, el camino conduce sin curvas a dos platos a base de cerdo: el raxo ($ 36, el solomillo marinado en una mezcla de pimentón, ajo, vinagre, hierbas) y la zorza ($ 36, trocitos de cerdo fritos con abundante pimentón). A su vez, los jueves son día de cocido, el clásico puchero español, que se sirve por un lado las verduras, legumbres y caldo; por el otro, las carnes incluyendo chorizo, vaca y cerdo. Muy lejos de cualquier atisbo dietético. De todas maneras, como suele suceder en la Argentina, decir gallego es más que Galicia, y Tuy Salceda ofrece otros platos de la península ibérica. De Valencia llegan la paella y el arroz con marisco (ambos a $ 130 la porción para compartir). De los vascos preparan el abadejo a la vizcaína ($ 49). Y para terminar, apuestan a una natilla rústica y contundente ($ 13).

Tuy Salceda suele estar lleno. No sólo de descendientes de inmigrantes españoles y socios del club, sino de comensales de todo tipo y ascendencia. Y no es casualidad. Hay algo en la cocina tradicional de España que abre los brazos, que da la bienvenida. Una generosidad representada en sabores cálidos, en la intensidad del ajo y del pimiento, en recetas donde brillan los productos y no la técnica. Este lugar entiende bien ese concepto. No intenta ser el mejor restaurante español de Buenos Aires, y no lo es. Pero por $ 70 recibe a cientos de comensales por semana, incluyendo familias enteras, cumpleañeros, parejas. Abundan los niños correteando entre las mesas y los bebés en sillas altas. Todo un escenario que habla por sí solo de una ideología. Un comedor popular, con un sólo objetivo. Parafraseando al dicho, dejar a todos con la panza llena y el corazón contento.

Tuy Salceda queda en Maza 457, Ciudad de Buenos Aires. Horario de atención: martes a sábados, mediodía y noche. Domingos, mediodía. Teléfono: 4957-1386.


Goulash para todos

Club Hungária, de la birome a la cocina.

Los primeros húngaros llegaron al país en el siglo XVIII, de la mano de misioneros jesuíticos. A partir de entonces, y con ciclos marcados por desgracias, siguieron desembarcando en las costas rioplatenses. Hubo tres grandes olas migratorias: la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y el fracaso de la revolución de 1956. Fue en la segunda de estas olas que, en 1943, llegó el húngaro más conocido localmente: József László Bíró, periodista que tras escapar de los nazis se nacionalizó en la Argentina, y patentó –entre varios otros inventos– la birome.

Hoy se estima una comunidad húngara de 50.000 personas en el país, que a lo largo del tiempo conformaron distintas asociaciones. Entre las más populares está la Asociación Húngara en la Argentina, donde funciona un restaurante que ofrece platos típicos a socios y no socios. La concesión de la cocina está hace más de veinte años en manos del mismo encargado, quien antes fue mozo en el restaurante. Es decir, conoce el lugar como el comedor de su propia casa. Esto tiene sus ventajas y desventajas. Del lado negativo, el servicio es voluntarioso pero escaso. En una noche de semana una sola persona atiende hasta 40 comensales, por lo que conviene ir con paciencia. También es pobre la carta de vinos. Mejor, apuntar a la cerveza artesanal.

Del lado positivo, el resto. Un salón simple y cálido, y una carta breve que mezcla entradas y platos tradicionales. Se puede comenzar con un arenque marinado servido con crema y papas ($ 30) o la tabla de fiambres surtidos ($ 30). La especialidad, queda claro, es el goulash, un plato que más allá de que lo preparen austríacos y alemanes, tiene sus orígenes en Hungría. Lo sirven en cuatro variantes: de carne, de cerdo, mixto y de mondongo (entre $ 28 y $ 30). Tal vez el mejor plato de la carta sea el cordero a la Transilvania ($ 40), un manjar tierno para los días más fríos. Hay más para elegir: costillitas de cerdo ahumadas con chucrut ($ 40), lomo a la Budapest ($ 43), jambonón con raíz picante ($ 40), entre otros. Y conviene no llenarse: otra especialidad de la casa son los postres, desde la contundente torta Rigo ($ 14), de puro chocolate, al muy buen strudel de guindas con crema ($ 19); del Dobos ($ 14, un arrollado relleno con crema de café) a la Selva Negra ($ 16). Un final dulce para una historia de inmigración que suele comenzar en hitos muy amargos.

Club Hungária queda en Pasaje Juncal 4250, San Isidro. Horario de atención: martes a sábados, noche. Domingo, mediodía. Teléfono: 4799-8437.


Fotos: Pablo Mehanna

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