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Domingo, 6 de marzo de 2016

VALE DECIR

PEDALEANDO HACIA LA ALEGRÍA STEAMPUNK

No falta quien lo llame “el mago indiscutible de los pedales analógicos actuales” o, por caso, los más extremos, “un auténtico dios”. Así y todo, lejos de caer rendido en los laureles del rock, Zachary Vex continúa innovando a través de su firma de Minneapolis, ZVEX, para locura de desprevenidos seguidores. Finalmente, el más reciente producto de este especialista en efectos sónicos lleva a alturas insospechadas su dicho de antaño (léase, “cada pedal es una pequeña obra de arte, una pequeña joya”); a punto tal que incluso quien no haya rasgado una cuerda en su vida querrá adquirir el flamante “Candela” y juguetear con el trémolo que produce. Empero, no es esa su particularidad: además de una estética evidentemente steampunk, el mentado pedal funciona a… vela. Ajá, tal como suena. Primero en su tipo, a decir de Vex, el mecanismo convierte la luz utilizando células fotoeléctricas. Luego, el calor hace girar una rueda de latón gracias a un motor Stirling, inventado hace 200 años por Robert Stirling, un clérigo escocés del siglo XVIII. Circuito, rotación, corriente de Foucault y tremendo montaje acaban modulando la señal de audio. Duración del mecanismo: por cada velita, cinco horas. “Las demás empresas hacen clones de pedales; por mi parte, siempre intento crear algo nuevo”, advierte el curioso Zachary al momento de hablar acerca de su reciente adminículo, “increíblemente precioso”, según la web Dangerous Minds. Sitio que no tarda en otorgar al artilugio la etiqueta de “la más radical y extrema versión de boutique pergeñada hasta la fecha”, asegurando además que su sonido es fantástico, aclarando –empero– que su vibrato no es precisamente práctico. Ni exactamente accesible… 6 mil billetes verdes habrá de desembolsar el interesado en adquirir el pedal, que –colmo de la incomodidad– pesa unos 7 kilos. Con todo, el chiche pertenece más a una vitrina o sección privilegiada del hogar (o sala de ensayo) que al escenario de un show en vivo. Un auténtico objeto de colección, para aficionados a lo atípico, ensoñado.

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