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Domingo, 10 de febrero de 2008

VALE DECIR

Por el amor de Dios que mi café no esté quemado

A veces lo único que hay que hacer para conseguir algo es pedirlo. Pedírselo a Dios, si no hay alguien más a mano. Así funciona, más o menos, un flamante café en Zagreb, Croacia, llamado Jedro. Para obtener sus bebidas, a los clientes se les exige que recen cierto número de plegarias. Pero las exigencias no son nada del otro mundo: lo más caro que se puede pedir por este medio es una Coca-Cola, que cuesta cinco Avemarías. Por un capuchino serían cuatro Padrenuestros. Y no, no hay alcohol, antes de que pregunten, ya que el localcito está financiado por las autoridades de una parroquia del distrito de Jarun. El orgullo, se sabe, es un pecado, pero eso no les impidió a los pequeños y medianos entrepreneurs religiosos enviar un vocero a la prensa a hablar del éxito que han tenido desde que inauguraron su cafetería: “Empezamos con tan sólo cinco mesas, pero ha venido tanta gente que ya tenemos 20 y seguimos sumando”. Aunque cada tanto se presente algún vivillo que se va dejando un pagadiós como propina.

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