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Domingo, 15 de mayo de 2005

PáGINA 3

Lo que sé

Por George Martin

En 1962 ni se me ocurría que en el 2005 estaría hablando con usted de los Beatles. Debo decir que me siento bastante agradecido por eso.

La mayor cualidad que debe tener un productor es la habilidad de ver todo el cuadro. La mayoría de los artistas no escuchan el conjunto cuando graban algo. Es un poco como cuando uno es chico y mira una foto escolar con cien chicos. Lo primero que dice es: ¿dónde estoy yo? Lo mismo pasa con el músico. Cuando ponga la música otra vez, siempre estará escuchándose a sí mismo. El productor tiene que sentarse, ver todo el conjunto en perspectiva y darle un sentido.

Cuando se me ocurre una buena idea, no pongo el grito en el cielo y digo: “¡Esto es lo que tendríamos que hacer, muchachos!”. Digo: “¿Qué te parece esto?”. Y el músico se pone a pensar. Después de un rato lográs que el músico piense que tiene que aceptar la idea.

De aquí en cien años, todos tendremos un ligero color café.

Mi padre era carpintero y mi madre, costurera. Vivíamos en una casa muy cálida y adorable, aunque no era precisamente una casa rica. Eramos muy pobres. Pero si mi padre encontraba algo en la calle, jamás se lo quedaba. “No me lo gané”, decía. Tenía el ethos de ganarse la vida.

Si pudiera abolir algo, aboliría los televisores. Tengo uno en mi casa, por supuesto, y veo los culebrones como cualquiera.

El dinero es como el amor. Sólo es importante cuando no lo tenés.

Tengo montones de canciones favoritas. Si tuviera que elegir una de John, creo que elegiría “Strawberry Fields Forever”. Fue tan maravillosamente innovadora... Una revelación, en realidad. Hermosa letra, una armonía fantástica... y la producción no estaba mal. De Paul me gustan las canciones simples. Mi favorita, creo, era también la suya: “Here, There and Everywhere”. Está muy bien construida. Digna de Schubert, creo.

No me imagino a Dios como un hombre de barba gris. Me lo imagino como un punto de luz, algo que no puedo ver ni sentir, pero que sé que está ahí. Estoy absolutamente seguro de que está ahí. Es como una energía, pero una energía benéfica. Dios es bondad.

Si uno tiene héroes, mejor no conocerlos.

John y Paul eran talentos parejos y colaboraban, pero lo más importante es que competían. Cuando uno hacía algo, el otro decía: “Dios mío, qué bueno. Me pregunto si podré hacer algo mejor”. Eso los estimulaba. Individualmente eran geniales, pero la verdad es que nunca alcanzaron las cimas olímpicas a las que llegaron siendo los Beatles.

Mi lugar favorito es mi casa.

La gente habla de Sgt. Pepper como si fuera un disco escrito bajo las drogas. En realidad no lo fue. Fumaban yerba, por supuesto, pero nunca cuando estaban trabajando. Por ahí, cuando uno sentía que había terminado su trabajo, se iba a dar una vuelta por la cantina y pegaba unas pitadas y volvía con una tremenda sonrisa en la cara.

Si yo hubiera tomado drogas en la época en que los Beatles tomaban drogas, dudo que hoy tuviéramos los discos que tenemos.

Hay música en el corazón de nuestro ser. ¿Cómo imaginar a una madre meciendo a un niño sin canturrearle? Es tan natural como respirar.

Cuando he tenido una intuición, en general no me he equivocado. Y cuando he escuchado a los expertos, invariablemente se han equivocado.

Un día, hace seis años, abrí un sobre que tenía el sello del primer ministro. Decía: “Me complace informarle que ha sido Usted recomendado para ser nombrado caballero por Su Majestad la Reina. Si está dispuesto a aceptar ese honor, por favor háganoslo saber completando el formulario adjunto. No volverá a saber de nosotros”. Me puse pálido y dije: “¡Puta madre!”. Mi mujer pensó que había pasado algo malo. Yo no podía hablar, así que le di la carta. La leyó, se puso pálida y dijo: “¡Puta madre!”. Fuimos a Buckingham Palace, la Reina sacó su espada y trató de no decapitarme.

Hay algo de mi padre en mí, y hay algo de mí en mi hijo. A veces es irritante ver a tus hijos haciendo las estupideces que uno hizo. “Dios, ¿por qué no aprende?”, me digo. Pero después pienso: ¿y por qué no aprendí yo?

Hace cincuenta años, ser pobre quería decir no tener suficiente comida. Ser pobre hoy quiere decir tener un solo auto.

Estoy prácticamente sordo del oído izquierdo. Y he perdido un 20 por ciento de audición en el derecho. No tuve problemas durante la mayor parte de mi vida, pero en los últimos cinco años se ha deteriorado mucho. En parte se debe a escuchar toda esa música fuerte. Pero también creo que es la vejez. A los 79, uno camina por la calle y va perdiendo pedacitos; es cuestión de recogerlos y guardárselos en el bolsillo.

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