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Domingo, 30 de noviembre de 2014

DE LOS ABANDONADOS

PLASTICA El chico que vive en la villa, hijo de un obrero. La costurera de barrio que se se prostituye seducida por Buenos Aires. Juanito Laguna y Ramona Montiel son los personajes que Antonio Berni concibió entre los años ’50 y los ’60 y que han ingresado a la cultura popular argentina. Ahora, por primera vez, el Malba presenta una muestra con todas las obras donde aparecen ambos: Antonio Berni, Juanito y Ramona contiene 150 piezas cedidas por la familia del artista y por 25 colecciones públicas y privadas de Argentina, Uruguay, Estados Unidos, España y Bélgica. Entre obras emblemáticas y otras desconocidas la poderosa y exhaustiva muestra sigue hablando del presente.

 Por Leopoldo Estol

Conmueve la bestial cantidad de fragmentos. El mundo prometido a Juanito Laguna o cómo un hongo atómico atraviesa el horizonte mientras tres personajes caminan hacia nosotros. Sus cabellos son de cobre y pelo de escoba. Están rodeados de materiales vagabundos, chocados, amputados de su lógica original. Hoy, revueltos dentro del deseo de Antonio Berni, vuelven a constituirse como un retrato de nuestro mundo. El disco de acero inoxidable de una multiprocesadora, alambre de gallinero, tarros de pintura atropellados, cajones de frutas ennegrecidos por acción de la brea. La catástrofe no es tanto la explosión que a la distancia se disfruta por su colorido único, sino esta humanidad hecha de requechos que sortea cualquier estereotipo en su lucha por llegar hasta aquí.

Para llegar al Malba, sede de la exposición, basta tomarse un colectivo, dejar el equipaje en el guardarropa y pagar la entrada. Abandonarse a la inequívoca ascensión automática de las escaleras mecánicas hasta el segundo piso donde la muestra comienza con unas pinceladas abundantes que dan lugar a unos cancheros cuadros informalistas. Los que vienen hacia nosotros son nada menos que Juanito Laguna y Ramona Montiel, sus amigos fortuitos a quienes Berni encontró en la calle y siguió hasta en los actos más íntimos... pero ¿a quién quiero engañar? Son cuadros, y en los cuadros, personajes, pintados entre 1958 y 1981, año de la muerte del artista santafesino, la muestra es exhaustiva y exhibe mucho hasta casi completar el álbum.

Un monstruo, 1962

En el corazón de los argentinos hay muchos cantores y futbolistas, pero si algo logró Berni, ese viejo pelado y patilludo que amaba a las mujeres, fue marcar a fuego una época. De pibe la padeció, perdió a su padre y tuvo un pasar por demás austero pero pronto comenzó a ser reconocido como un prodigio de la pintura. Fue surrealista gracias a la beca que lo ungió a los veinte a conocer la escena europea y a la vuelta no tuvo miedo y la paró de pecho, pintó la desocupación, las manifestaciones surgidas de la amarga incertidumbre de los años ’30 y un fenómeno que recién comenzaba a despuntar en el paisaje urbano: las villas miseria.

Fernando García en su libro Los Ojos, estilizado y entretenido relato de la vida del artista, cuenta cómo Berni vio pasar muchos años de su vida antes de que su pintura social se transformara en un hit de las colecciones nacionales, y en ese tiempo se las tuvo que rebuscar dando clases de geografía. A Juanito y a Ramona los creó cuando ya tenía una perspectiva de la vida consolidada, sus buenos 50 años de ver el país en marcha con sus idas y vueltas. En un cuadro de 3 metros de alto por 2 –presente en la exposición– se puede espiar a la familia Laguna. Es Navidad y el perro está ansioso por comer algo, así que alza sus patas delanteras para apoyarse en la rodilla de Juanito. Su mamá da el pecho a la más pequeña mientras la abuela espera. Los platos están aún vacíos dado que el padre no ha cortado el pan dulce. Una discreta botella de gaseosa y algunas copas, un pequeño arbolito se reparten la mesa. Una cama de colcha roja se abalanza sobre la reunión dando cuenta de lo ajustado del espacio. Ahí aparece Berni: con tres miradas cuenta el cansancio y con la cama nos dice que el comedor es también dormitorio.

Cerca de Juanito, mezclada, está ella, Ramona. Desde la cuna ya, su cuerpo rollizo es pura sensualidad carmesí que los hombres anhelan como si fuese un finísimo jamón de la península ibérica. Exuberancia kitsch que el artista logra traducir por las paredes del dormitorio a través de tupidas texturas, en un collage potenciado al 200 por ciento, flores, almohadones y telas aterciopeladas complementan y ensalzan una voluptuosa Ramona bebé que mira el mundo a través sus ojos-gemas-de-fantasía. De su cuello cuelgan medallas y crucecitas, extraños artefactos en miniatura. Ramona crece expuesta a las desavenencias económicas de su familia. Es la costurera que ha dado el mal paso. Basta señalar el cruce de Ramona con una señora que la mira desde arriba con todos los privilegios. La rubia trae consigo sus bucles de anuncio publicitario y una mirada de satisfacción que choca abruptamente con el registro manoseado y terrenal de una Ramona cuyo grotesco cuerpo aparece signado como quien se despierta con una almohada marcada por los rostros de sus clientes. Ramona Montiel, o la Marilyn argenta vende momentos. Pone su cuerpo a disposición del que pague.

En Las Señoritas de Avignon, famosa pintura de Picasso sobre un grupo de prostitutas, el gesto moderno consistía en desacralizar el arte al retratar un medio de vida tan bajo y, al mismo tiempo, aplicar una serie de deformaciones por medios colores y formas cortantes sobre los cuerpos. ¿Y Berni qué hace? La curadora y catedrática Andrea Giunta vincula a Ramona con Naná, protagonista de Vivir su vida interpretada por la bella Anna Karina. Una empleada de un local de música que, acorralada por las cuentas y quizá también por el tedio, se prostituye. Porque, ahí viene lo singular, si bien la prostitución es un aprovechamiento harto extremo del cuerpo no deja de ser la decisión que toma una persona para procurarse un salario. Giunta señala el mérito de Berni al poner en relieve los estereotipos morales, ahondar en la psicología y reflejar la emancipación de una mujer que elige aun en las condiciones de vida más penosas. En la muestra aparecen los “amigos” de Ramona que son hombres poderosos, marinos, empresarios y hasta religiosos que se evaden cuando se encuentran con Ramona sin ropas.

RAMONA EN LA CALLE, 1964

Mientras tanto, Juanito se sostiene en un linde, entre la inocencia, la algarabía y la ensoñación de la niñez y una aletargada adolescencia que posterga lo obvio. Berni lo muestra embarcado en acciones tiernas como llevarle la comida a su padre en un desdimensionado entorno fabril, haciendo girar un trompo o remontando un barrilete. Es la materialidad la que cruje y transforma esos instantes de la vida de un niño en algo que el que mira desde afuera de la obra no puede dejar de captar como una terrible amenaza.

Estas obras funcionan como ventanas de un museo, donde el tiempo presente no abandona su carga. Trasparentando un orden social injusto contra el cual la política lucha y organiza pero fracasa porque no alcanza. Cuestionando un enorme entramado de relaciones de poder y circuitos productivos que tantos años después de creadas las obras sigue funcionando de la misma exacta manera, degradando el medio en el que vivimos y la vida de quienes por alguna razón no han logrado avisorar a tiempo que se quedaban afuera. Es triste reparar en por qué Juanito y Ramona nunca miran al futuro.

Quizá por eso Berni haya tenido que volverse doblemente figurativo plantando con lápiz el contorno de las figuras de sus queridos personajes y componiendo con cientos de rezagos, envases desechados y porquerías un correlato material que no da lugar a fisuras porque la historia de Juanito y Ramona la viven a diario cientos de pibas y pibes que no tienen tiempo para inventarse un arte propio ni un trabajo digno. Ahí, donde Berni deja de contar, aparecen la explotación, la indiferencia y la soledad. También, los excesos. Donde la realidad pone en jaque al artista y el artista ¡un vivo bárbaro! nos patea la pelota a nosotros, dice ¡hagan algo!

Para acompañar la exposición, el lunes 15 de diciembre, a las 20, en el auditorio del Museo, Palo Pandolfo sonorizará la estética berniana con un repertorio de canciones de lucha de Latinoamérica y España. Se trata de un songbook que tomará títulos del folklore, la canción anarquista, el tango, el son, el rock y otros géneros que se utilizaron para denunciar opresión o reclamar por derechos. Fue realizado a pedido de Malba y con las obras de Berni en mente, y será estrenado en esta única ocasión. Entradas anticipadas a partir del 1º de diciembre.

Antonio Berni, Juanito y Ramona
Curaduría de Mari Carmen Ramírez
y Marcelo Pacheco.
Se puede visitar hasta el 23 de febrero
en Malba, Figueroa Alcorta 3415.
Más información, incluyendo el ciclo de
cine Juanitos y Ramonas que acompaña
la muestra en http://www.malba.org.ar/

EL MUNDO PROMETIDO A JUANITO LAGUNA, 1962

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JUANITO GOING TO THE FACTORY, 1977
 
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