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Domingo, 2 de agosto de 2015

MúSICA LOS BRUJOS

RITUAL DE ALTA MAGIA

Fueron la banda más extravagante de los años ’90 y una de las más influyentes. Su alquimia resultó irrepetible: una estética de Halloween, dos cantantes, hits como “Kanishka” y también canciones oscuras, letras delirantes, esoterismo y obsesión con el cosmos, shows en vivo inigualables, de una energía performática. Con su separación en 1998 se convirtieron en un mito. Y ahora Los Brujos volvieron como clásicos y de culto al mismo tiempo, con un notable disco, Pong!, la estética renovada –siempre cuidada, siempre compleja– y la intención de, como siempre, exceder los límites del rock.

 Por Micaela Ortelli

Gabo Mannelli hizo carrera como bajista de Babasónicos, pero su primera banda fue Los Brujos. Era amigo de Gabriel Guerrisi y Ricky Rúa del Colegio Industrial de Lavallol, al sur del Gran Buenos Aires. El primero, melómano criado en familia de músicos, fue el que propuso armar una banda. Mannelli sabía tocar cuatro acordes en una guitarra criolla que había en la casa –no le interesaba estudiar, le gustaba jugar a la pelota–; accedió porque sabía que iba a ser una buena forma de conocer chicas. Como Guerrisi era mejor guitarrista, él se hizo cargo del bajo: pidió uno prestado. Después se compró un Ibanez que valía lo mismo que un Precision porque le gustó que fuera rojo (para los que saben, todo un despropósito). A Rúa –el más hinchapelotas y extrovertido, según el bajista– le gustaba la batería. Paralelamente, otros amigos del barrio tenían una banda pseudo punk llamada Los Pastrellos, como el apellido de uno de sus integrantes, Fabio Rey, que tocaba con Quique Llid y Alejandro Alaci. Otra vez, Guerrisi propuso formar una banda entre todos, distinta, más divertida. “La idea de Gabriel era que Los Brujos intentaran ir más allá. A mí me costó mucho entender qué quería, y colaboraba, pero con mi mala onda”, le dijo Mannelli a Roque Casciero en una entrevista publicada en Arrogante Rock: Conversaciones con Babasónicos (2007).

Un año después de que apareciera ese libro, Gabo Mannelli murió de un cáncer linfático con el que venía peleando desde hacía años. Los Brujos no habían leído esa entrevista; ahora, reunidos como banda después de 17 años, se ríen de los recuerdos del bajista, sobre todo de que dijera que ninguno de ellos quería crecer, principalmente Ricky Rúa. “Es cierto. Qué grande, qué hijo de puta –dice él, uno de los cantantes–. Yo siempre digo que nos juntó Gabo, porque por querer rescatar lo que él grabó terminaron tocando nuevamente Los Brujos.” La idea original surgió hace alrededor de dos años e incluía editar esos registros en un box set, no volver a los escenarios. Dicen ellos que tenían material guardado para tres discos, y que en el último tiempo grabaron una cantidad semejante: “Podemos repetir el formato de usar mitad y mitad por tres discos más”, cree Guerrisi, el principal letrista de la banda, que para reorganizarse llamó a su manager de la época –“un Brujo más”– y abrió un Dropbox por donde circuló información sobre masonería, alquimia y el movimiento influyente de energía, imágenes de los Halloweens de 1800 e indios fueguinos de cuerpos pintados y bonetes hechos de piel de guanaco.

UN SIGNO DESCONOCIDO

“Queremos fabricar conos de poder para todo el mundo”, dicen Los Brujos, aunque el material de los suyos no se puede revelar. A los extraños atuendos –que incluyen rodilleras– los diseñó Vero Ivaldi, pareja de Rúa, también autora de los trajes que usaban en los ’90 –de esqueletos o duendes, faldas y turbantes de arpillera, PVC, aluminio–. Desde chicos, a todos les interesa el mundo de lo paranormal y lo performático: leían al cosmólogo y astrofísico Carl Sagan y su primera influencia fue definitivamente Kiss. No en el caso de Gabo Mannelli: a él la cuestión de los disfraces y las letras delirantes siempre le pareció una pavada; así, después de Fin de Semana Salvaje (1991) –disco de oro, producido por Daniel Melero– se autoexpulsó del grupo. Siguió frecuentando los ensayos y grabando, y hasta que apareció Babasónicos ofició de bajista de Juana La Loca. En Los Brujos lo reemplazó Sergio “Lee-Chi” Moreno, que participó de la creación de San Cipriano (1993) y Guerra de Nervios (1995) y se perdió de vista a fines de los ‘90, con el fin de la banda. En esos diez años de actividad podría decirse que Los Brujos triunfaron: sus hits sonaban en la radio; telonearon a Nirvana (no es mito que la guitarra de “Very Ape” está calcada de “Kanishka”) y a Iggy Pop. Pero, cuando todo comenzaba, Los Brujos desaparecieron. Los años y el recuerdo de sus fans –existe una banda homenaje llamada Maldita Vaca Tonta– los convirtieron en mito. Hoy resurgieron como una banda de culto y a la vez un clásico; tienen nuevo disco y relato renovado: lo que podría haber sido un fracaso o una decepción está resultando un verdadero renacer.

Al parecer, Pong –como se llamó uno de los primeros videojuegos Arcade– es un número entero entre el cuatro y el cinco, una nota musical que no se estaría usando, un signo del zodíaco desconocido. Gabo Mannelli sería Pong, según Los Brujos, y ellos también. Pong! se llama el nuevo disco de la banda –un “cuarto disco redondo”, dicen– y la canción homónima es una de las que rescataron de las viejas grabaciones y conservaron tal cual. Otra es “Gabo”, que no es una canción de despedida como podría suponerse –ni siquiera hace referencia al bajista–. Al revés sorprende, por ejemplo, “Hank”, un tema nuevo con la gracia y la vibra que el público que conoció al grupo por YouTube pensó que nunca iba a vivir en primera persona. En el Festival Ciudad Emergente del año pasado a Los Brujos no los recibieron solamente sus viejos fans.

“Qué bueno que volvieron Los Brujos porque si yo fuera público y no los hubiera visto nunca, es un show al que tendría que ir, por más del palo que seas y la edad que tengas”, dice Gabriel Guerrisi, o Etna Rocker en esta nueva etapa. Los Brujos cambiaron el apodo y propusieron un imaginario particular en cada disco, siempre abstracto y desfachatado, algo difícil de entender. Hay quienes son parte de la secta y colaboran para dar vuelo y cuerpo a las ideas del grupo. Vero Ivaldi es una, o el ensayista y curador Rafael Cippolini, visceral consejero desde el comienzo. Otro aliado esta vez fue la productora Lamole, creadora del tremendo video de estética intergaláctica de “Beat Hit”, donde Los Brujos emergen de las entrañas de la luna cantando y tocando. “La piel de Judas tiene forma de beat, criatura reptil súper ultra vital. Con el profundo instinto de existir se hace sólido en mí”, arranca el primer single de Pong!.

PARACULTURA PORTEÑA

Con dos frontmans sueltos como monos, guitarras incendiarias y ritmos que hacen saltar y revolver la cabeza y sacudir los hombros; con toda una puesta que sigue abajo del escenario (a las entrevistas van con el mismo look: de negro, con guantes y anteojos de sol espejados), Los Brujos siempre buscaron exceder los límites de una banda de rock. “Teníamos intención de bailar, pero también una urgencia corporal que se iba de la vaina, por eso el grupo se aceleraba y terminó siendo beat core”, dice Alejandro Alaci –hoy Z-PQ–, como si la etiqueta que se les ocurrió una noche en un bar fuera la justa para el sonido de Los Brujos, surgido de las influencias del rock de los ’60, el glam, la new wave, y sus marcas argentinísimas heredadas de la paracultura porteña de los ’80 –la actitud performática, la escritura poética– y otras propias de los tiempos políticos que vino a expresar la nueva escena hardcore.

A Los Brujos no les terminaba de cerrar el éxito de su primer disco: ellos creían que estaban haciendo contracultura pero los pasaban en las discotecas. “Ya para el segundo disco no quisimos un montón de cosas de la popularidad. Vimos la parte de atrás de la pantalla y no iba con nosotros”, dice Ricky Rúa (Elle Iluminatti). La respuesta a las expectativas fue San Cipriano, un disco que profundizó la oscuridad de la banda en lugar de ensalzar su virtud hitera. “Pero no era una estrategia –sigue Iluminatti–, nosotros sentíamos eso, que teníamos que decir otra cosa.” Es el mismo argumento con el explican la ausencia de “Kanishka” en su show de regreso en el Emergente; la canción que los hizo conocidos en todo el país recién sonó en las siguientes presentaciones en Vorterix. Finalmente, el grupo que no pensaba volver a tocar en vivo no pudo ir en contra de su propia naturaleza: “Los Brujos es un grupo en vivo, se hizo en vivo, y para que tenga evolución y continuidad tiene que tocar. También para que empiece a mutar, porque al toque nos aburrimos de la mecánica y eso genera nuevos horizontes”, cree Z-PQ.

En 1998 el aburrimiento no fue vital para el grupo y decidieron ponerse punto final. Entonces aprendieron a vincularse sin ser Los Brujos, a ser amigos y colegas y hasta compañeros de una banda que no fundaron en el caso de Gabriel Guerrisi y Ricky Rúa (guitarra y batería de El Otro Yo). Fabio Rey (hoy Huinka) incursionó en el dub y el folklore con Fanfarrón, Quique Llid (Meeno) se convirtió en el baterista de Francisco Bochatón. En vivo además los acompaña en teclados Rudie Martínez (Adicta). No hace mucho Los Brujos fueron a ver a la banda de zona oeste Buenos Aires Karma, y durante el recital, uno le preguntó a otro: “¿Es el nuevo bajista de Los Brujos?”. El segundo dijo: “¿Sabés que sí?”. Después fueron todos a comer; entonces Gregorio Martínez, el músico en cuestión, sacó el tema de conversación que más le interesa: el cosmos, los aliens, la alquimia, las logias. “Estallar en la misma salida, a correr por alguna avenida. Conmoción, maravilla suprema, frente a mí el espacio se eleva. Ese mito infinito me trae”, dice la canción que cierra el disco, “Gabo”, que se llama así porque era una de las que más le gustaba hacer al bajista original de la banda.

Los Brujos presentan Pong! el viernes 7 de agosto en el Teatro Vorterix (Avenida Lacroze y Álvarez Thomas, CABA) y el sábado 17 en el Vorterix de Rosario. La gira sigue en el interior del país con fechas a confirmar.

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