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Domingo, 10 de marzo de 2002

jack el destripador en cuadritos

COMIC Para el cinéfilo, Desde el infierno es el título del film de los
hermanos Hughes con Johnny Depp y Heather Graham que se estrenó el jueves en la cartelera porteña. Para los fanáticos del comic, From Hell es el nombre de una obra maestra del guionista Alan Moore,
dedicada a anticipar un siglo sangriento a través de un minucioso recorrido por la época y los crímenes de Jack el Destripador.

 Por Martín Pérez

Sobretodo, sombrero y bastón. Un frío atardecer de otoño. Por las playas desierta de Bournemouth, dos ancianos caminantes se detienen a mirar los restos de gaviotas muertas que descansan en la arena. El más bajo es Frederick George Abberline, un inspector de Scotland Yard que allá por 1888 fue asignado a la investigación de los asesinatos cometidos en el barrio de Whitechapel, más conocidos como “El caso Jack el Destripador”, por el nombre que la prensa le inventó al asesino. La otra figura responde al nombre de Robert Lees, y es toda una celebridad por su trabajo como vidente de la Reina, pero también por asegurar en su momento que había resuelto el caso de Jack utilizando sus poderes.
Por obra y gracia de la imaginación, pero también de sus meticulosas investigaciones, el guionista Alan Moore se permite –en el prólogo de su monumental historieta From Hell– reproducir las charlas otoñales que Abberline y Lees pudieron haber entablado hacia el final de su vida. Sobre política, la guerra, y sobre las visiones de Lees. “Las fingí”, le dice de pronto el viejo vidente a Abberline en una pausa de su caminata. “¿De qué está hablando?”, pregunta éste. “De mis visiones. Todas. Eso es lo más gracioso: que las fingí, pero igual se cumplieron”, confiesa Lees antes de que ambos se pongan a cubierto de la destemplada noche. En la flamante versión cinematográfica de From Hell, la escena no figura. Y los dos personajes han confluido en la versión que interpreta Johnny Depp de un detective –llamado Abberline– que, vía visiones de opio, intenta atrapar al asesino.
“A los fanáticos que se quejan por los cambios que se realizan en sus obras preferidas al llevarlas a la pantalla grande, me gustaría decirles que se busquen un trabajo. Porque, así se trate de El planeta de los simios o de Apocalypse Now, las adaptaciones nunca se parecen al libro que les dio origen”, ha dicho uno de los mellizos Hughes, directores de Desde el infierno, molesto por las preguntas sobre las variaciones que incorporaron y dejaron fuera de su adaptación. “Lo que más respetamos del original fue el olor”, agregó, justificando la conversión de un minucioso relato sobre Jack el Destripador, pero también sobre el lado oculto de la época victoriana –incluyendo desde la arquitectura a la masonería– en un mero thriller centrado en descubrir quién lo hizo. Todo lo contrario a lo que buscaba el original From Hell. No por nada Moore elige presentarlo como “un melodrama” en la portada de su libro y revela quién es el asesino en su segundo capítulo, cuando todavía tiene por delante doce apasionantes capítulos. Y un epílogo, con Abberline y Lees paseando otra vez juntos por las playas de Bournemouth.

LA HISTORIETA
ES LA HISTORIETA
“Desde un primer momento tuve muy claro que lo que iba a terminar en la pantalla no era mi libro”, comentó Moore sobre el trabajo de los Hughes, antes de que se estrenase el film en Estados Unidos. “Me refiero al hecho de que hacen falta por lo menos cinco horas para leer From Hell. Aun llevando a cabo un intenso trabajo de edición, hay que cortar por lo menos tres cuartos del libro para alcanzar una longitud cinematográfica. Y esas tres cuartas obviamente serían aquellas en las que estoy más interesado, como las reflexiones arquitectónicas, los detalles históricos, mitológicos o geográficos. Así que apenas entendí que iban a faenar a mi bebé, decidí no formar parte del sacrificio.” El autor de From Hell es un creador de historietas único, que logró –junto con Frank Miller y su Batman– elevar el nivel del género con su obra Watchmen, una revisión y puesta al día del mito de los superhéroes, como si realmente hubiesen existido en el mundo moderno. Desde hace años Terry Gilliam amenaza con adaptar esa obra al cine. Pero Moore es escéptico: “Cada tanto, en alguna entrevista, Gilliam revive el mito, pero yo sé que nunca lo hará. Porque es imposible adaptar a otro medio una historieta que, más allá de todo, habla de sí misma y de sus personajes. No tiene ningún sentido”, explica Moore, un inglés nacido en los barrios bajos de Northampton, ciudad industrial ubicada entre Londres y Birmingham. Fanático de las historietas desde chico (“Era como el raquitismo: si eras pobre, leías historietas”), la educación de Moore terminó abruptamente cuando fue expulsado de la escuela por dedicarse a vender ácidos entre sus compañeros. Luego de probarse en trabajos de todo tipo, su primer intento en el comic fue a fines de los ‘70, dibujando para un semanario inglés de rock llamado Sounds.
Pronto pasó a dedicarse sólo al guión, y durante los ‘80 fue responsable de varios éxitos dentro de la historieta inglesa, como V for Vendetta (serie negra sobre un revolucionario anarquista operando en una futurista Gran Bretaña fechada en 1984) y Marvelman (titulada Miracleman cuando se editó en Estados Unidos), hasta que su reputación cruzó el charco y comenzó a trabajar para las grandes editoriales norteamericanas. Para ellas escribió primero Swamp Thing (descrita por el propio Moore como “ciencia-ficción con personaje fantástico y cuestiones ambientales”) y luego la mítica Watchmen, dibujada por Dave Gibbons. “Los 80 fueron años muy oscuros, pero vi mucha gente a mi alrededor trabajando duro para hacer creer que no era así”, explica Moore. “Tanto política como ambientalmente las sombras eran amenazantes, y sentía que era necesario hacer un llamado de atención. Cuando Thatcher ya llevaba en el poder un par de años, y estábamos comenzando a enviar policía antidisturbios a centros urbanos que siempre habían sido pacíficos, y el Partido Conservador estaba coqueteando con los grupos de extrema derecha ofreciéndoles una legislación cuasi-nazi (cosas como la antihomosexual cláusula 28), me pareció necesario tratar de despertar a la gente para que se diese cuenta hacia dónde la estaban llevando.”
Luego del éxito de Watchmen, Moore se encontró en una encrucijada: “Sentí que estaba llegando a un límite en lo que más adelante entendería como escritura racional”. Desilusionado por el conformismo de la industria del comic norteamericano, encaró un proyecto fallido titulado Big Numbers, del que sólo se editaron dos números. Además publicó su primera novela: Voice of Fire. Luego procedió a dedicar la década del 90 a escribir From Hell, reinventádose como creador. Involucrado en el ocultismo, Moore se presenta hoy como un chamán que combina sus comics con extrañas actuaciones musicales, acompañado por David J, un ex Bauhaus y Love and Rockets con quien incluso ha editado un CD. Sus historietas, mientras tanto, ganan premios en los Estados Unidos, al punto que la Fox acaba de anunciar una adaptación de The League of Extraordinary Gentlemen (una adorable y ligera aventura victoriana poblada por personajes ficticios como el Capitán Nemo o el Hombre Invisible), con un presupuesto de 80 millones de dólares. “Yo no creo en esa idea de la industria del entretenimiento que considera que una obra exitosa en un medio también puede serlo en otro. Es más: como creador busco hacer cosas en la historieta que no se pueden hacer en otros medios. Por lo que toda adaptación me parece ridícula”, se ataja Moore.

ALGO HABRA HECHO
Incluso dentro de la heterogénea producción de Moore, From Hell aparece como un objeto único, no sólo en su obra personal sino también en su medio. Escrita, dibujada y publicada dificultosamente en tres sellos diferentes a lo largo de una década, cuando Eddie Campbell –su dibujante– se decidió por fin a editarla completa en un solo volumen a través de su propia editorial, fue recibida por los críticos con elogios que antes sólo había merecido el Maus de Art Spiegelman, publicado primero en episodios en la revista Raw pero reconocido recién cuando se compiló su historia en dos volúmenes. “Apenas salió el segundo número, me dije a mí mismo: esto es insano, no es un Jack el Destripador, no es otro comic de superhéroes: es una historieta con notas al pie. Tengo que hacer algo con esto”, cuenta Don Murphy, el productor del film, que decidió comprar los derechos para adaptarla al cine con su propio dinero.
Uno de los grandes problemas de la adaptación salta rápidamente a la vista. A pesar de que los Hughes aseguren que lo que tomaron del From Hell original es esencialmente el olor, la iconografía del film difiere de la del comic. Aun cuando sus directores se preocuparon por rodar un film realmente oscuro, el resultado final –con Johnny Depp y Heather Graham en los roles protagónicos– difiere notablemente del ambiente desplegado en las páginas de la historieta, cuyo gran responsable es el rústico estilo de Campbell, que dibuja en blanco y negro con un trazo que hace la lectura por momentos realmente complicada. Ésa es la razón por la que pasó casi inadvertido durante una década en que el comic de temática más adulta hizo furor en Norteamérica.
La idea original vino del interés de Moore por trabajar un comic sobre el asesinato. “Pero no podía pensar en uno con tantas ramificaciones como para permitirme hablar de la clase de cosas de las que quería hablar. Por entonces, en 1988, se cumplía el centenario de Jack el Destripador, y había mucho material sobre el asunto dando vueltas.” Aunque le parecía un personaje muy trillado, finalmente terminaría leyendo todo el material que existía sobre el asunto. Y lo que terminó haciendo no fue una historia sobre el personaje, sino sobre el mito que lo rodea (de hecho, From Hell es el modo en que Jack firmaba sus misivas adjudicándose los crímenes). En un apéndice con el que cierra el volumen que compila todos los episodios de From Hell, Moore recorre todas las fuentes de su obra. Se sabe que, así como los norteamericanos tienen sus especialistas sobre el asesinato de Kennedy, los británicos tienen sus especialistas en Jack. Moore no deja a ninguno afuera en un irónico recorrido por todas las teorías, por descabelladas que sean. Desde el cuento “The Lodger” (publicado en 1911 y adaptado por Alfred Hitchcock en 1926) hasta disparates que aseguran que Jack se llamaba en realidad Olga, y era una inmigrante rusa cuya hermana era prostituta y había muerto en un aborto. También señala al condenado a muerte que murió ahorcado en 1892, gritando “¡Yo soy Jack!” y el juego del teléfono descompuesto de revelaciones contadas de padres a hijos, o de esposos a esposas. El centro de todas las teorías parecía ser el mismo: que un crimen tan bestial como el de Mary Kelly (el último de la serie) tiene que haber tenido una motivación concreta. Algo debía haber hecho Mary para merecer semejante fin.
EL PARTO DEL SIGLO XX
Moore sacó especial partido de Jack the Ripper: The Final Solution, escrito por un tal Stephen Knight, periodista del East London Advertiser en 1976. El libro fue el primero en involucrar a los masones en el caso y su trama fue adaptada al cine en el film Murder by Decree (1979, con Christopher Plummer en el papel de Sherlock Holmes y James Mason como su Watson). Si bien las revelaciones del libro de Knight funcionan como la confesa columna vertebral de From Hell, la obra va más allá en su meticuloso recorrido de la época, como en los sorprendentes capítulos donde se recorren los secretos de la arquitectura masónica del Londres victoriano con el cochero de Jack y aquel que analiza la carnicería sobre el cuerpo de la última víctima del Destripador. Muchos de los mejores recursos narrativos incluidos en el film de los Hughes están literalmente tomados del comic. La historia arranca con un affaire del príncipe Albert que resulta un peligro para la corona británica, capaz de todo para escaparle al escándalo. Y luego de que la contundente resolución del affaire convoque a un peligroso chantaje, entrará en escena Jack, un masón que desvaría, pero dentro de su propia lógica. Y Moore procede a someterlo a visiones del futuro siglo veinte en medio de la euforia de sus asesinatos. “El pasado es acero y dolor, sangre y fuego, pero no veo en ustedes la mínima chispa. ¡Conózcanse a ustedes mismos!”, aúlla el Jack de Moore ante fantasmas de oficinistas modernos. “Con todas sus luces y sus números brillantes, están fuera de la historia. Aunque su negra raíz los atraviesa, porque la llevan dentro. ¿Están dormidos que no pueden sentir su respiración en su cuello? ¡Despiértense y mírenme! Siempre estoy entre ustedes.”
Suele decirse que con Jack nació el siglo veinte. Eso es lo que más se preocupan por dar cuenta Moore y Campbell en su From Hell: el doloroso nacimiento del nuevo siglo a partir de las injustas condiciones de vida del anterior, más que la esquiva identidad de Jack. “El asesinato, en el más estricto sentido forense, nunca es soluble”, escribe Alan Moore en el apéndice de From Hell. “Sin embargo, nuestras ficciones detectivescas aseguran lo contrario. Los crímenes se resuelven aislando un asesino, un motivo y un arma. Utilizando este método, la Segunda Guerra Mundial se resolvería así: Hitler, la economía alemana y los tanques. Aunque de esta manera reduciríamos sus complejos eventos. La mejor parte de cualquier asesinato es el campo de la teoría y la fascinación que engendra. Y la verdad es que este trabajo nunca fue sobre el asesino o sobre sus víctimas. Es sobre nosotros, sobre cómo danzan nuestras mentes en torno a un asesino sin rostro, que sólo refleja nuestra sociedad y nuestra histeria.”

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