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Domingo, 25 de enero de 2004

La tercera guerra mundial

por Peter Sloterdijk

“La inteligencia no vive más que en la apertura a lo que resulta incómodo. “

La Modernidad no es un tiempo de paz, sino una época que tiene que lidiar con el conflicto de todos los conflictos. Estamos envueltos en una guerra mundial invisible y apenas comprendida, una guerra universal muy profunda por el peso del mundo. Es la guerra de lo ligero contra lo pesado. Hasta ahora esta guerra era idéntica a la guerra entre la izquierda y la derecha, habida cuenta de que las izquierdas o la izquierda representaban la voluntad de aligerar la vida y la superación de las cargas indignas que se ciernen sobre nosotros. Lo pesado es inhumano: éste es más o menos el axioma subyacente a la izquierda. Ser moderno y de izquierdas, esto significa, en primer lugar, vivir en algo así como en un proyecto de aligeramiento y tomar parte en las conquistas que hacen la vida más ligera para el mayor número de personas posible. Pero esta acción de la izquierda, una acción que ha marcado toda una época, siempre ha ido seguida de una reacción de la derecha que, desde las postrimerías del siglo XVIII, se ha manifestado de manera ruidosa y consciente de sus principios. La esencia de las derechas o la derecha radica en que rechaza esta nueva ligereza y reflexiona sobre los límites del aligeramiento. La derecha era hasta hace poco el partido de lo pesado; la derecha cree en la imposibilidad de superar lo ineludible. Esta es la razón por la que la derecha siempre ha tenido un concepto de realidad más duro, más correoso y también más sombrío. El mundo es pesado, y más pesado de lo que el día ha pensado... éste sería el himno de los conservadores. En el fondo, podría decirse, si se quiere formular esto de un modo amable a la vez que altamente ajustado, que los conservadores reales no son conservadores de privilegios ni tampoco conservadores de valores: son conservadores de lo pesado.
De ahí que en el seno de la derecha exista un concepto de sacrificio mientras que, en la izquierda, a lo sumo, un concepto de esfuerzo, de derroche. La derecha puede concebir que los hombres, de vez en cuando, no sólo mueran a causa de algo, sino por algo. La izquierda sólo puede indignarse por tal hecho o mirar a otro lado... al menos así hace en un tiempo como el nuestro, donde los combates por la libertad hace tiempo que quedaron atrás y los mártires de la izquierda son percibidos más bien con cierta perplejidad. En esta idea de “muerte por...” se pone de manifiesto cierto aspecto del viejo peso del mundo. A oídos modernos y liberales, este tipo de cosas no puede por menos de sonar con ecos atroces: proporciona el falsete absoluto en la partitura de los tiempos modernos, porque recuerda la existencia de límites para el aligeramiento. Sólo en este contexto pueden volver a tomarse en serio las ideas de los izquierdistas utópicos: no sólo porque son ejemplares y significativas, sino también porque no han hecho más que expresar el momento cumbre de una tendencia general e idiosincrásica del modernismo medio. Las izquierdas utópicas albergan el sueño de aligerar la vida hasta privarla totalmente de peso, quieren la gran fiesta, ahora y para siempre... Playas blancas, ron blanco, sin ropa y en pelota picada, relaciones ligeras con todo lo que lleva taparrabos.
Pienso además que todos esos nuevos maníacos amigos de la conexión a la red que nos quieren endosar los ordenadores personales y las autopistas de la información no hacen otra cosa que travestir algunas motivaciones clásicas de la izquierda utópica en su comercialización mercantil: el aligeramiento revolucionario a través del monitor del ordenador. Como consecuencia de todo ello, prácticamente todos los que marcan hoy las tendencias que hay que seguir se habrían desplazado a la izquierda. Por desgracia, apenas nadie se hace una idea lo bastante clara de lo que hoypuede concebirse como un fundamento de la izquierda. La nueva izquierda parece el empresariado en busca de una sociedad que sea lo suficientemente moderna para sus productos. En la tendencia principal de las modernas tecnologías, las motivaciones últimas de esta vida más ligera progresan de manera irresistible, pero este reclamo de aligeramiento proviene ahora de planteamientos que antaño pasaban por burgueses o conservadores. En la actualidad, el conjunto del mundo económico no transmite más que un único mensaje: apresurémonos a la transformación en todos los ámbitos, y lo más rápidamente posible. Esta es la retórica revolucionaria en estado puro, aunque ahora aparece en boca de managers, asesores o diseñadores. La escalada de esta profunda guerra mundial entre lo ligero y lo pesado ha entrado, pues, en una nueva fase. En ella los frentes hasta ahora conocidos se han invertido en numerosos aspectos. La antigua derecha se hace más ligera y flexible, mientras que algunos miembros pertenecientes a la antigua izquierda descubren el campo de la pesadez: es este factor el que marca el punto de rotación dentro del torbellino actual.
Quien es incapaz de darse cuenta de esto, no comprende absolutamente nada del drama que en la actualidad afecta a los sistemas de orientación.

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Tomado de Experimentos con uno mismo, de Peter Sloterdijk.
Editorial Pretextos, Barcelona, 2003.

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