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Domingo, 5 de febrero de 2006

PERSONAJES > GEORGE CLOONEY, LA REVELACIóN DE LOS OSCAR

El galán perfecto

Podría conformarse con ser el Cary Grant moderno, de aire canchero y fama de soltero reclusivo, que pelea las encuestas de Hombre más Sexy del Mundo. Pero George Clooney quiere más. Las siete nominaciones al Oscar que recibió la semana pasada (por su interpretación en el thriller CIA-petrolero Syriana y por Buenas noches, y buena suerte, su segunda película como director) son la prueba de que Michael Moore y Sean Penn tienen un amigo en Hollywood.

 Por Mariano Kairuz

El martes pasado, George Clooney recibió no una sino siete nominaciones al Oscar. La de mejor actor de reparto la ganó por su composición del agente de la CIA Bob Barnes en Syriana. Basado en las memorias del verdadero veterano de inteligencia Robert Baer, la verdad es que lo de Clooney no está mal, aunque tampoco es para el Oscar: cada tanto se cuelan los tics de su cancherísimo Danny Ocean en La gran estafa. Pero está claro que Hollywood sabe apreciar los esfuerzos físicos de sus hijos pródigos, en especial de quienes podrían perfectamente prescindir de tales sacrificios, y si hay un dato de Syriana que se promocionó es todo lo que fue capaz de hacer Clooney a la hora de convertirse en Baer/Barnes: engordar más de diez kilos y hasta lastimarse seriamente la espalda filmando una escena de tortura, incidente que lo tuvo en cama un mes y lo obligó a someterse no a una sino a dos cirugías. Así que este año Clooney, galán para las adolescentes pero en especial para sus madres, el Cary Grant moderno que-le-puso-el-cuerpo-al-arte, que sabe llevar con elegancia traje y sonrisa blanca pero también esconderse tras una barba espesa y una mirada apagada, recibe su múltiple saludo de la Academia y completa su credencial de actor comprometido: además de su nominación por Syriana, compite con su flamante segundo opus como director, Buenas noches, y buena suerte, que aspira a seis estatuillas, incluidas la de mejor película, mejor director y mejor guión (Clooney, de nuevo, con Grant Heslov) con su historia sobre el macarthismo y la televisión norteamericana en los ‘50. Momento Clooney en el aire.

EL VIENTO

Y no es que Clooney se tome con demasiada gravedad lo del artista liberal al que el mundo sí le importa. Por el contrario, tiene un discurso transparente y discreto. Al menos eso es lo que deja ver en las entrevistas: aunque se declara interesado en hacer películas con alguna “sustancia”, de temas polémicos (para lo cual se asociaron con Steven Soderbergh, como productores, formando la compañía Section Eight), se toma su atendible poder en Hollywood con humildad, tranquilidad y sentido del humor. Cuando Clooney habla de sus limitaciones actorales lo hace sonar como una confesión sincera, no a falsa modestia (la lección de humildad dice haberla aprendido de su tía, la cantante Rosemary Clooney, que conoció su pico de gloria y después la indiferencia del público). Su humor lo distancia de la principal estrella-activista de Hollywood, Sean Penn, cuya misión personal puede haberse convertido ya en un viaje sin retorno. Clooney hace, sí, sus declaraciones, pero básicamente confía en las películas. Parece ser consciente de que no va a cambiar el mundo por muchos argumentos que filme sobre la invasión norteamericana a Medio Oriente o sobre las presiones a la libertad de expresión fronteras adentro. Pero bien podría recostarse sobre el título de El Hombre Más Sexy del Mundo que cada tanto le prodiga alguna encuesta, y sin embargo se muestra convencido de que hay, de que tiene que haber, algo más. “No creo que las películas sean triviales”, dijo un par de años atrás; “desde chico me sacaron de las pequeñas habitaciones de Augusta, Kentucky, y me permitieron creer en cosas mejores que las que había en mi mundo. Son exactamente lo que están diseñadas para ser: en general, dos horas de escapismo cuando las cosas no andan del todo bien. La historia del cine demuestra que hicimos lo mejor que pudimos. La Gran Depresión, la Segunda Guerra. La gente quiere ese escape y no me parece que sea trivial. Ver Heredarás el viento cambió mi vida: yo siempre estaba cuestionando cosas en la escuela y metiéndome en problemas por ello. Y entonces llega esta película que dice que lo único que separa a los hombres de los pájaros es nuestra capacidad de razonar, ¿entonces, cómo pueden pedirnos que no la usemos?”.

EL DESIERTO

Consciente durante años de ser la segunda, tercera opción de los productores, después de un Mel Gibson o un Nicolas Cage, Clooney salió en su momento a pelear por el protagónico de Tres Reyes (1999), la película sobre un grupo de mercenarios en busca de un tesoro robado a Kuwait, después de la guerra del Golfo. Con su iniciativa, Clooney anunciaba cuál era el camino que pretendía seguir. Tras el 11-S, volvería a hablar sobre esa película, y sobre la manera en que, había aprendido, eran percibidos los norteamericanos fuera de su país. “Vivimos en una puta isla, enorme, pero isla al fin”, dijo en 2002. “No entendemos que la gente se enfurezca con nosotros de verdad. Todavía pensamos en nosotros mismos en términos de la Segunda Guerra, les decimos a los franceses: ‘Ey, ustedes todavía estarían hablando en alemán si no fuera por nosotros’. El problema es que el mundo cambió y nuestra intervención en estos pequeños lugares es diferente de lo que era en 1941. En aquel entonces era más claro: estábamos siendo atacados.” Clooney también fue un participante clave en el 911 Fund, maratón televisivo destinado a recaudar fondos para las víctimas del 11 de septiembre, por el que a fines de 2001 se encontró trenzado en una pelea pública con Bill O’Reilly, un conductor de Fox News (uno de los canales de noticias más reaccionarios de Norteamérica), que había acusado al Fund de fraude. Clooney le contestó con una agresiva carta abierta publicada en la primera plana del Washington Post ofreciéndole algunas cifras sobre el manejo de las recaudaciones y acusándolo de una falta de responsabilidad que terminaría por afectar a mucha gente necesitada de ayuda. En otras palabras, era Clooney contra el síndrome de la puta isla.

El año pasado, Clooney volvió al desierto. Syriana, que además fue coproducida por Clooney (y escrita y dirigida por Stephen Gaghan, el guionista de Traffic), narra las oscuras operaciones del gobierno norteamericano, y apunta a mostrar cómo su “mano invisible” garantiza de manera cada vez más visible los negocios petroleros de grandes compañías norteamericanas en Medio Oriente. De todos los críticos norteamericanos que quedaron perplejos (no es una película sencilla de seguir), el que quizá dio con la clave de su enmarañamiento fue J. Hoberman, del Village Voice neoyorquino. “Lo novedoso de Syriana”, escribe Hoberman, “es su reticencia a identificar las intenciones reales de sus tres estrellas y, en un sentido, esta virtud es también su mayor falla: hay demasiados puntos de vista y poco tiempo para desarrollar los personajes. ¿Clooney interpreta a un desertor o a un operario mercenario, o a ambos? ¿En qué momento se replantea su misión? ¿El personaje de Matt Damon es un ávido oportunista o un idealista incipiente? Syriana remite a los thrillers de izquierda de la era Watergate, como Asesinos SA y Los tres días del Cóndor, pero Gaghan está menos interesado en el heroísmo de sus estrellas que en representar el funcionamiento de un sistema. Da la sensación de que la Gran Historia está (¿intencionalmente?) sumergida por un batido de pequeñas tramas”. Puede que esto sea precisamente lo que busca Clooney con películas como Syriana: una apuesta de la que Hollywood se despidió hace rato; películas más arriesgadas –que incluso se arriesguen a confundir– antes que panfletarias.

LA TELEVISION

Apenas después de Tres Reyes, Clooney protagonizó la remake de uno de los mayores clásicos de los ‘60 sobre la Guerra Fría, Fail Safe, en una versión dirigida en vivo para la televisión por Stephen Frears. Con esto no sólo volvió al medio que acababa de abandonar después de los cinco años en ER que lo hicieron famoso, sino que reafirmó públicamente el camino que había elegido transitar, entre la pantalla chica y los años ‘50 y ‘60, los días del Rat Pack, de Cary Grant, y su temprana infancia transcurrida en los estudios en los que su padre Nick Clooney –un presentador televisivo todavía en actividad– hacía sus programas. Esa televisión pasó a convertirse en el centro de sus dos primeras películas como director. Primero Confesiones de una mente peligrosa, la historia del anfitrión de TV (y posible asesino de la CIA) Chuck Barris. Y ahora, Buenas noches, y buena suerte (estreno del 16 de febrero), un relato mucho más compacto –hecho en blanco y negro y por menos de ocho millones de dólares– que narra la batalla pública del legendario periodista Edward Murrow contra el senador Joseph McCarthy.

Clooney identifica los ecos del caso en la actualidad: “El miedo que ataca a las libertades civiles” y que “tiene paralizado a nuestro periodismo”. La película reavivó el debate sobre el macarthismo; incluso, salieron artículos que pusieron en duda la cruzada de Murrow, señalando que varios de los acusados que defendió el periodista finalmente resultaron ser espías. “Quien vea completo el programa en el que Murrow cuestiona la persecución de Annie Lee Moss, verá que ni él ni McCarthy saben si ella era comunista”, argumenta Clooney. “Lo que reclama Murrow es el derecho de esa mujer a enfrentar a su acusador. Y ésa es la cuestión: una vez que llegamos al punto en que metemos gente en una base en Guantánamo, si son terroristas, deben ser juzgados. Si sos prisionero de guerra te protege la convención de Ginebra; y si sos un criminal, tenés el hábeas corpus. Ceder en estas cosas daña nuestra fibra, todo aquello por lo que hemos luchado largamente. Cada treinta años nos volvemos locos porque algo nos aterroriza: los rusos prueban una bomba y encerramos a todos aquellos que creemos que pueden ser antinorteamericanos; bombardean Pearl Harbor y metemos a todos nuestros japoneses-americanos en un campo.”

“Aunque es cierto”, agrega Clooney, sin ironía aparente, decidido a hacerse cargo desde su lugar en la isla de las ráfagas de viento arenoso que llegan desde el desierto, “que las cosas mejoraron un poco, y ya no estaqueamos brujas. En ese sentido, Buenas noches, y buena suerte es una película optimista”.

Syriana se estrena el próximo jueves. Buenas noches, y buena suerte, el 16 de febrero.

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