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Domingo, 5 de febrero de 2006

FAN › UN PINTOR ELIGE SU OBRA FAVORITA: ENRIQUE BANFI Y UNA ESCALERA EN RíO DE JANEIRO

La calle es de todos

 Por Enrique Banfi

Jorge Selarón es un artista chileno que desde hace tiempo vive en Río de Janeiro. Pinta cuadros, paisajes de Santa Teresa que se venden a turistas en bares de la ciudad y que tienen una particularidad: en todos pone una mujer negra embarazada. Parece que forma parte de una historia personal que él deja medio en incógnita y que transformó en icono.

Pero su mayor obra se desarrolla sobre una escalera, una escalera que está en Lapa, un barrio de Río donde Selarón tiene su taller. Es un barrio muy especial, bohemio, básicamente pobre, en pleno centro, donde ocurre de todo y se mezclan todas las clases sociales, algo muy típico de Río que en Buenos Aires no pasa: salas de música clásica, restaurantes tradicionales, casas de travestis, y espacios de rock o pagode, todo junto.

Parece ser que en el año ’90 Selarón empezó a limpiar la escalera. Llegaba el mundial y durante los mundiales Río se llena de banderas, entonces se le ocurrió decorar la escalera con los colores de la bandera de Brasil. A la gente le encantó y quedó. Después vino el Mundial ’94 y volvió a reciclar la escalera, le empezó a poner más elementos y la transformó en una especie de homenaje personal a Brasil.

Desde entonces la obra no dejó de transformarse, evolucionar. Eso es lo que me resulta absolutamente fascinante: es una obra viva, abierta al público que la va transformando. El empezó poniendo azulejos diferentes y le iba tan bien que le empezaron a llegar azulejos de distintas partes del mundo. Primero era la gente del barrio que le regalaba el azulejo de la abuela, el azulejo roto que aparecía tirado en la calle; después empezaron a llegar de Estrasburgo, Barcelona, Africa, Holanda. Y él fue incorporando todo.

Yo descubrí la escalera prácticamente desde el comienzo, dos o tres años después de que la empezara a decorar. Además de los azulejos había puesto bañaderas antiguas llenas de plantas. Ahora ya no hay bañaderas, hay unos canteros que Selarón construyó para poder poner más azulejos. Cuando no tuvo más lugar para nuevos azulejos empezó a cambiarlos y poner otros en su lugar, y declaró a la escalera obra mutante, en permanente movimiento. La escalera tiene algo de Gaudí y también algo kitsch. Hay santos mezclados con dichos populares y azulejos de todas partes del mundo. En uno de los azulejos está su icono, la mujer negra embarazada, y dice: “Sólo acabaré este sueño loco e inédito el día de mi muerte”.

La instalación se transformó en un lugar muy querido; un símbolo, una postal del barrio. Y la gente cuida el lugar, siente que le pertenece. Cuando trabajás en la calle y conseguís generar una sintonía con el público, éste se apropia de la obra y empieza a cuidarla.

Conocí a Selarón una vez y es un tipo simpático. Sigue haciendo lo mismo de siempre, sus cuadritos del barrio de Santa Teresa y no pretende más que eso. Pero esta es una obra diferente, su obra maestra. Ocupa otro espacio, es su gran obra. Lo más interesante ocurre cuando una obra incluye al artista, cuando llega a ser más grande que él.

Elijo esta obra porque hay muchas cosas con las que me identifico. Yo también hago instalaciones urbanas: la Pérgola de cuentos, la Fuente de poesía. Y con esta escalera sucede también algo que no se da mucho en las artes plásticas que suelen tener esa cosa medio fetichista donde la obra se transforma en un objeto precioso y preciado que se lleva a un museo o a la casa de un coleccionista y queda ahí. Esta propuesta rompe absolutamente con todo. Esto no se compra, esto no se vende, no se encierra. Esto se vive, se trabaja, se disfruta. Y está dirigido a cualquier público. La escalera la disfruta la gente que sube y baja. Produce un efecto estético, cambia el espacio en la ciudad. Genera una situación insólita que marca a cualquiera: es imposible pasar por la escalera y no acordársela. Si conseguís esto como movimiento estético, artístico, conseguiste algo muy importante.

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Jorge Selarón es chileno, tiene 57 años y es uno de los personajes más conocidos del barrio de Lapa, Río de Janeiro. Esta escalera es considerada su mayor obra. Se trata de una escalera abandonada del barrio de Lapa (donde Selarón tiene su atelier) a la que se accede por la calle Joaquim Silva Escada que lleva al Convento de Santa Teresa. El artista recubrió sus 215 escalones con mosaicos de cerámica de colores, verde, amarillo y azul a modo de homenaje a Brasil.

Comenzó en el Mundial 1994 y continuó en todas las Copas del Mundo siguientes. Primero fueron azulejos verdes y amarillos; y luego recibió azulejos provenientes de distintas partes del mundo que ubicó en los laterales. Hoy la obra reúne una colección de azulejos de decenas de países diferentes y sigue creciendo. “Siempre que consigo azulejos antiguos más bonitos, procuro colocarlos en la escalera, de tal modo que la vista esté en constante cambio”, dice el artista.

La escalera dio nueva vida al barrio y pronto pasó a ser conocida con el nombre del artista. Selarón resolvió expandir su idea hasta el inicio de la calle Joaquim Silva, debajo de los Arcos de Lapa, donde instaló nuevos mosaicos.

En la escalera hay un pequeño texto que invita a la gente a mandar sus propios azulejos. El artista se compromete a enviar a cada donante una foto de su azulejo pegado a la escalera.

Imagen: Enrique Banfi
 
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