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Domingo, 12 de marzo de 2006

ENTREVISTAS > MARCELO PIñEYRO ESTRENA EL MéTODO

El elegido

Entre las ofertas norteamericanas y las europeas que le venían haciendo, Marcelo Piñeyro optó por instalarse un año y medio en España, dejar de lado los exteriores y la acción y adaptar al cine una obra de teatro: El método Grönholm, un retrato de las impiadosas selecciones de personal llevadas a cabo en las grandes empresas. Con un elenco que reúne los mejores actores del cine español actual y Pablo Echarri como el argentino en la Madre Patria, El método ya debutó con aplausos en España. Antes de su estreno en Buenos Aires, Piñeyro habla de por qué no trabaja con los norteamericanos, de lo que no entienden los europeos, de los acentos en las coproducciones y del Oscar que ganó hace 20 años.

 Por Martín Pérez

Antes que nada, Marcelo Piñeyro es un caballero. O, lo que es casi lo mismo en estos tiempos mass-mediáticos, un hombre acostumbrado desde hace más de una década a que preguntas que parecen privadas generen respuestas que terminan siendo públicas. Por eso, cuando se le pregunta casi al pasar, como para romper el hielo digamos, si alcanzó a ver la ceremonia de los Oscar, Piñeyro responde que sólo vio partes. Así, lo sabe, puede hablar de lo que quiere, no de lo que debe. Aunque deja claro que, si no le prestó tanta atención, es porque no le entusiasmó ninguna película. ¿Ni siquiera Secreto en la montaña, cuyos cowboys permiten cierto paralelismo con los delincuentes de Plata quemada? Piñeyro ensaya una sonrisa y aclara: “Lo que tienen de parecido aquellos personajes con estos cowboys es que no tienen modo de articular lo que les pasa”, calcula. “Los protagonistas de Plata quemada, a diferencia de los de Secreto en la montaña, no tenían ningún problema con la parte fisiológica del sexo. Lo que no podían permitirse es decir ‘amor’. Porque eso sí que es una mariconería. Porque eso los hace vulnerables”, explica Piñeyro con una sonrisa. Aclara que si hubiese visto Buenas noches, buena suerte en otro contexto, tal vez le hubiese gustado. Pero fue con tantas expectativa que salió expectado. Con la ganadora, eso sí, no hay medias tintas. “No me gustó nada”, dice un director que dos décadas atrás se sentó en la gala del Oscar, pero como productor. Un hito que este fin de semana será honrado en el Festival de Mar del Plata, ya que se cumplen veinte años del primer Oscar argentino, por La historia oficial. “Yo estuve ahí”, confirma Piñeyro, y la sonrisa regresa a su rostro. Aunque inmediatamente aclara, como si hiciera falta: “Pero el que subió fue Luis Puenzo, por supuesto”. Recién después del recuerdo llegará el turno de El método, su sexta película como director, la razón por la que está dando esta entrevista, que compite en el Festival y se estrenará inmediatamente después de Mar del Plata. “Hasta que mis películas no se estrenan, no me las saco de encima”, confiesa Piñeyro. “Pero pensé que, con el exitoso estreno español en septiembre pasado, ya estaba hecho. Y no. Se ve que hasta que no se estrene acá, no puedo seguir adelante.”

CINE DE SUPERFICIE

Una polaroid del mundo de hoy. Eso es lo que Marcelo Piñeyro dice que intentó hacer, junto al guionista Mateo Gil, en El método. Basada muy libremente en una obra de teatro de mucho éxito en España y que tuvo su estreno acá el año pasado (con Goity, Fletchner, Seefeld y Suárez bajo la dirección de Veronese), titulada El método Grönholm, la sexta película de Piñeyro es en muchos sentidos muy diferente a sus opus anteriores. Por eso es que –lo ha dicho una y otra vez desde el estreno en España y también ahora que está por estrenar en Argentina– siente que tuvo que aprender de nuevo esto de filmar. “Hice esta película porque tenía cosas que probar, quería experimentar un poco. Obviamente que, terminada, la película no tiene nada de experimental. Pero para mí lo fue. Porque mucho de lo que creía saber de esto, como el trabajo con los actores, tuve que volverlo a aprender.” El método es una película que encierra a siete personajes en un cuarto, con una manifestación antiglobalización sucediendo allí afuera, pero apenas incidiendo en lo que sucede dentro. ¿Y qué sucede ahí dentro? Que esos personajes aspiran todos a un único puesto de trabajo, y un maquiavélico método de selección –el método Grönholm, justamente– hará que al final de la jornada (y de la película) haya un elegido. A primera vista, entonces, El método sería entonces la primera película por encargo de Marcelo Piñeyro, puesto a adaptar una exitosa obra de teatro al cine. Pero nada más lejano a la realidad. “Primero, porque cuando yo leí la obra de teatro aún no se había estrenado, así que no era exitosa ni nada”, explica el director. “Y en lo que respecta a mi filmografía, te diría que la única película que podríamos llamar ‘de encargo’ es Plata quemada, ya que fue un proyecto que no nació de mí, sino que fue propuesto por un productor. Eso sólo en las formas, porque no la considero para nada una película de encargo.” Lo que sucedió con El método es que, apenas terminó de leer la obra, Piñeyro se dio cuenta de que el tema le interesaba, pero no el texto en sí. Y lo mismo le sucedió a Mateo Gil, el guionista habitual de Alejandro Amenábar, al que Piñeyro conoció a través del actor español Eduardo Noriega, uno de los protagonistas de Plata quemada, y ahora de El método. Así que comenzaron a investigar el proceso de selección de personal, y fueron construyendo un guión que poco tenía en común con la obra de teatro original. “La obra, por ejemplo, tiene un final sorpresivo, que parece que es lo que está de moda en España y es el gran secreto de su éxito. Y eso es lo primero que decidí que no iba a tener mi película.” Otra cosa que supo Piñeyro apenas se decidió por el proyecto, para el que inmediatamente consiguió productor en España, era que no iba a hacer caso a la regla número uno de la adaptación de una obra de teatro al cine, que es abrir la historia en muchos escenarios. Para nada. Sus protagonistas no se iban a mover de esa habitación. “Quería hacer una película muy desnuda. Algo que quizá sea una línea que venía recorriendo desde Plata quemada, donde me interesaba más el encierro que los tiros. Algo que también se percibe en Kamchatka”, explica. Y agrega: “Esta es una película que es pura superficie, tanto en los personajes como en los decorados”.

LA HORA DE LOS ACENTOS

Una de las quejas habituales a la hora de las coproducciones cinematográficas, es la necesidad de contar con un actor de la misma nacionalidad de donde viene el dinero, lo que obliga a insertar en la trama un personaje ad-hoc. El cine local sabe mucho de esto, y sus espectadores ya no se sorprenden cada vez que en una historia familiar, por ejemplo, alguien supuestamente de la familia tiene un marcado acento castizo. En El método también hay una cuestión de “acentos”, pero en este caso no se trata del cine del Tercer Mundo sufriendo estéticamente imposiciones del dinero proveniente del Primer Mundo, sino de una necesidad de último momento de que hubiese un actor argentino en el reparto. “Lo que pasó es que, cuando tenía todo armado y el guión casi listo, me di cuenta que iba a hacer una película de difícil estreno en Argentina. Y medio me desesperé”, confiesa Piñeyro. “Ahí se me ocurrió que había un papel perfecto para Pablo Echarri, si lo cambiábamos un poco. Y lo llamé, sin saber si tenía tiempo ni nada. No tenía una segunda opción. Pero me dije: si puede, armo una coproducción y listo; y si no, era que no tenía que ser. Fue como tirar los dados. Por suerte, Pablo me dijo que sí, sin siquiera leer el guión. Y a partir de ahí se hizo la última reescritura, con un argentino entre los aspirantes.” Junto a Eduardo Noriega y Pablo Echarri, el último en subirse al barco, en El método está prácticamente lo mejor que tiene para ofrecer en materia de actores la cinematografía española. Desde un preferido de Julio Medem, como Carmelo Gómez, hasta el superlativo catalán Eduard Fernández, que descolló en En la ciudad, de Cesc Gay. También Najwa Nimri, otra preferida de Amenábar, Medem y Calpasoro; y dos argentinos que han hecho casi toda su carrera en España, como Natalia Verbeke (El hijo de la novia) y Ernesto Alterio, que debutó en el cine en otra película de Piñeyro, Tango Feroz. “Es un seleccionado”, confirma el director, que duda al tener que especificar si alguno de ellos lo sorprendió particularmente. “A muchos de ellos no los conocía personalmente, así que me sorprendieron”, se desmarca. “Pero me sorprendió mucho Eduardo Noriega, al que había dirigido cinco años antes, en Plata quemada. Me sorprendió por cómo creció y maduró como actor, en una dirección que no hubiera supuesto en aquel momento. Y también me sorprendió Echarri, por la inseguridad que le provocaba estar entre semejante grupos de actores. Porque me lo imaginaba menos vulnerable”, explica Piñeyro con una sonrisa.

El BURGUES SATISFECHO

Si se le pregunta a Marcelo Piñeyro qué le preguntaron sobre su película en España que no le estén preguntando ahora en Argentina, el director no duda ni un segundo. “La pregunta que acá nadie me hace, pero era infaltable en cada reportaje que di en España, era por qué el Banco Mundial y el FMI”, cuenta Piñeyro, refiriéndose a la marcha antiglobalización que hace las veces de lejana escenografía de la acción que se lleva a cabo en El método. “Lo que pasa es que en España, por un lado, había un bando de entrevistadores que eran acérrimos defensores de la obra teatral. Y, por el otro, estaban los casi indignados por lo que llamaban ‘esa represión del Cono Sur’ vinculada a la marcha. Y yo no paraba de decirles que las imágenes de represión las había sacado de las marchas europeas. Pero igual como que no se hacían cargo, porque en Europa lo que uno no deja de ver hoy en día es esa imagen de burgués satisfecho, que no quiere que lo jodan.” Tentado por el cine norteamericano luego de Caballos salvajes, y por Europa desde Plata quemada, Piñeyro no sabe qué es lo que sigue en su agenda. “De Europa me dicen que les lleve proyectos. Pero de los Estados Unidos me siguen llegando guiones que no son muy atractivos, siempre adosados al nombre de un gran actor, que es a la vez productor. Y yo no sabría qué hacer con un actor que tiene poder de decisión”, cuenta. Alguna vez dijo que prefería quedarse filmando historias que sucediesen en la puerta de su casa, antes que irse a filmar afuera, pero terminó viviendo un año y medio en España para hacer El método. “Lo que sé es que no me iría a vivir otra vez más tanto tiempo afuera, al menos sin mudarme”, cuenta ahora, que espera ansioso un nuevo estreno local de una película suya. “Podría decir que con el éxito de la película en España, y las ventas aseguradas al exterior ya estoy hecho. Que esta película me colocó como director europeo, y que entre los actores españoles impresionó mucho, que ninguno me diría que no si quiero que trabajen conmigo. Y que, por todo eso, el estreno local es lo de menos. Pero no es así. Acá estoy, esperando a ver qué pasa. Yo quiero lo que todo el mundo, gustar y que me quieran.”

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Imagen: Nora Lezano
 
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