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Domingo, 29 de octubre de 2006

EL CRISTO REDENTOR

O Rey

El Cristo Redentor de Río de Janeiro cumple 75 años y está entre los finalistas para las nuevas Siete Maravillas del Mundo.

 Por Martín Pérez (desde Río de Janeiro)

Una foto panorámica de la vista desde la punta del Corcovado. Eso es lo primero que se ve cuando se ingresa en la primera sala de la pequeña pero completa y fascinante muestra que –en el Centro Cultural Arte Sesc, del barrio de Flamengo– celebra el 75º aniversario del Cristo Redentor, la estatua que es el gran símbolo de Río de Janeiro. La enorme panorámica está pegada en la pared de una pequeña sala circular, en cuyo centro hay un pedestal sobre el que están dibujados las huellas de unos pies. Ese dibujo es una clara invitación a subirse al pedestal, para poder ver la ciudad tal como se ve desde una estatua que para muchos es el mejor símbolo de la “cidade maravilhosa” de las canciones. Al punto de que se lo llama indistintamente Cristo Redentor como Corcovado, el nombre del morro sobre el que está ubicado, como si la especificidad religiosa de su significado no tuviese mayor importancia para los cariocas. Tal vez ésa sea la razón por la cual, en su 75 cumpleaños, la Iglesia Católica ha decidido ubicar en la punta del cerro y al pie de la estatua una capilla, donde se podrán llevar a cabo tanto casamientos como bautismos. Lo que significará un rango más para algunos y uno menos para otros, pero que no le quita a la figura de los brazos abiertos ninguno de sus encantos o sus misterios, que son recorridos en el resto de las cuatro salas y las dos películas que cuentan la historia (y las historias) de su concepción, realización y conversión en el símbolo de una ciudad.

El Pico de la Tentacion

“En mi casa se contaba la historia de cómo mi bisabuelo había construido el Cristo”, recuerda Bel Noronha, nieta del ingeniero Heitor da Silva Costa y directora del mediometraje documental que se exhibe en la muestra. “Pero en las calles se decía que la estatua era un regalo del gobierno francés. Como muchos cariocas, la había escuchado un par de veces. Y por eso llegué a pensar que en mi casa estaban todos locos”, le contó Noronha al Jornal do Brasil, que asegura que la directora tardó cuatro años en demostrar que, “así como Dios es brasileño, el Cristo es carioca”. La verdadera historia del Cristo Redentor comienza en 1921, cuando se reúne en el Círculo Católico de Río la primera asamblea destinada a discutir un proyecto para edificar un monumento en conmemoración del Centenario de la Independencia del Brasil, que se celebraría al año siguiente. Además del Corcovado, en un principio se consideraron otros dos lugares para instalar la estatua: el hoy desaparecido Morro de San Antonio así como el Pan de Azúcar. Finalmente la asamblea se decidió por el Corcovado, un cerro que antes del siglo XVII se llamaba Pico de la Tentación y que ya en 1859 la Iglesia le había sugerido a la princesa Isabel como lugar ideal para erigir un monumento. Cuando un año después del centenario el proyecto de Heitor da Silva Costa gana el concurso realizado por la Iglesia, la idea original mostraba al Cristo con una cruz en su mano derecha y sosteniendo al mundo en la otra. Pero una antena en cruz instalada en la punta del Corcovado durante una exposición internacional –un tren llevaba a la punta del cerro desde fines del siglo XIX y allí había una glorieta a modo de mirador– le sugiere al autor del proyecto una nueva y sintética idea: que la cruz fuese el propio Cristo con los brazos abiertos y que el mundo fuese la ciudad a la que abraza con su gesto.

La nueva maravilla

Un corto animado narra en la muestra del Sesc el mito que casi todo carioca cree que es verdad: que el Cristo Redentor fue un regalo del gobierno francés. Como la Estatua de la Libertad, digamos. Pero la historia cuenta que la Iglesia pagó los costos del monumento en su casi totalidad, por medio de una colecta nacional. Lo que sí hizo Silva Costa fue viajar a Francia para elegir un artista que se encargase de esculpir en tamaño real tanto las manos como la cabeza de la estatua. Paul Landowski fue el artista en cuestión, mientras que Albert Caquot fue el responsable de los cálculos estructurales. Como escribió el propio Silva Costa en un suplemento especial editado por los diarios locales el día de la inauguración oficial del monumento en 1931, las manos y la cabeza constituían una obra artística, pero el resto de la estructura era una compleja obra de ingeniería, cuya realización se tornaba aún mas difícil ya que la cabeza de la estatua estaba inclinada hacia abajo. Cinco años tardó el maestro de obras Heitor Levy en construir la enorme estatua en la punta del Corcovado. Cuenta la leyenda que durante todo ese tiempo Levy casi no bajó del cerro y que –aunque ningún obrero murió durante su realización– llegó a colgar sobre el vacío más de una vez durante la empresa. También forma parte de la leyenda –y así lo confirma el documental de Bel Noronha– que la idea de recubrir al Cristo con pequeños mosaicos la tuvo Silva Costa al ver una fuente en París. El material elegido fue piedra-jabón, que resiste muy bien las altas temperaturas y es muy común en el norte del Brasil. Los andamios que rodearon la estatua durante su construcción estuvieron hechos con los rieles de los tranvías que se iban quitando de las calles de Río de Janeiro.

A 75 años de su inauguración, el Cristo Redentor es la atracción turística más visitada de todo Brasil, con casi dos millones de visitantes por año, y más de cien estatuas la homenajean en el resto del Brasil. Y según los diarios brasileños es número puesto en el concurso online que realiza la entidad suiza New Open World Foundation (www.new7wonders.com) en busca de las nuevas 7 maravillas del mundo. Los 21 finalistas –entre los que figuran la Torre Eiffell, el Taj Mahal y el Coliseo romano– fueron elegidos por una comisión de arquitectos e historiadores del todo el mundo. La fecha elegida para dar a conocer el resultado no podía ser más simbólica: 7-7-2007.

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Así lució el Cristo Redentor durante su construcción. Las vigas son en realidad las vías de los tranvías que se iban levantando de las calles de Rio de Janeiro.
 
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