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Domingo, 29 de julio de 2007

TV > CARLOS NAIR EN GRAN HERMANO FAMOSOS

Menem LO HIZO

 Por Claudio Zeiger

Y sí, mezcla de milagrero y jetattore, Menem lo hizo. Y Menem lo deshizo. Poco después de haber reconocido que Carlitos Nair era su hijo y que, por añadidura, lo amaba, el público castigó al hijo con el voto expulsándolo de la casa de Gran Hermano Famosos en la que probablemente sea la instancia más amarga: la última nominación antes de la final. A pesar de eso, fue una final anticipada, ya que la que vendrá poco y nada importa. La presencia, los dichos y los decires del hijo del ex presidente fueron el dato más relevante del reality donde nadie terminaba de ser anónimo ni famoso del todo, un mal target, un mal casting, o el reality correcto en el momento equivocado. Vaya a saber. Cuando los debates acerca de un programa —sin desmerecer a los panelistas— resultan infinitamente más atrayentes que el programa en sí, algo no anda bien.

Más allá de la presencia de Carlitos, ¿resultó ser GH Famosos una deriva inesperada del menemismo en el posmenemismo? Es decir, ese acento en una fama cimentada sobre una base de burbujas de champagne, un toque de popular pizza y un roce mediático, todo un poco trucho, un poco devaluado a pesar del legendario uno a uno, ¿no es el concepto de famoso que se acuñó en los años ‘90 al calor de la fiesta menemista, que no fue ni la fiesta peronista ni la fiesta de todos? Famosos, “famositos” (como los llama despectivamente Jorge Rial) que viven un poco del aire y otro poco de los medios, antes se hablaba de farándula y ahora de mediáticos. Como dice la izquierda, son lo mismo. Lo que cambió, desde ya, es el ímpetu, el tono, la tonicidad muscular. Y creemos que ese tono nuevo y tranquilo fue lo que atrajo desde un comienzo de Carlitos Nair, a sus compañeros de casa y a parte de la audiencia. Como si el inconsciente colectivo hubiera suspirado diciendo “pobre, es el hijo de Menem” y la sola mención del nombre-fetiche atrapara la atención. ¿Cómo come? ¿Cómo duerme? ¿Cómo habla y se desenvuelve un ser de semejante especie? Pero en un momento la cosa tomó un giro inesperado, una derivación hardcore, cuestión de tamaño, y el nombre fetiche fue lisa y llanamente reemplazado por el fetiche en sí: la anaconda, la nutria, el caño. A pesar de que el morbo y el rating suelen ir de la mano y ser buenos amigos, creemos que en este caso esta deriva sexual no hizo más que gastar los últimos, inútiles cartuchos. El foco de atención quedó empañado, desajustado. No es lo que importa, en el fondo no le importa a nadie cuánto calza Carlitos y, mientras tanto, se perdieron las postales de un culebrón verdadero en el que tardíamente participaron familiares como la tía Olga de Formosa, el propio Menem y hasta Mirta Mesa en la dedicatoria que le obsequió Carlitos cuando al salir y enterarse del reconocimiento paterno, hizo un gesto de dedicatoria al cielo.

Con el correr de los días y sobre todo en las últimas semanas, la figura de Carlitos, que quiere ser político, se erosionó con la rapidez con la que suelen erosionarse ciertas carreras políticas; cuando el Soberano se da vuelta, se da vuelta. No hay marcha atrás. Parece que el público descubrió en un momento que Carlitos es Menem. Y punto. Y desde luego que los secretos de filiación nunca estuvieron en juego durante el reality, pero éste dejó la impresión de que no se terminó de saldar cuentas entre la TV y el menemismo, y el público de tele. Y Carlitos, con su énfasis en el dinero y la política, los fierros, la marcha, las 4 x 4, su espíritu pragmático, su campechanismo y su manera de marcar distancias, demostró ser, más que un hijo de Menem, un hijo del menemismo. Final shakespereano entonces para la final anticipada de GH Famosos. Reconcíliense las familias después de tanta desunión, ámense los unos a los otros y descansen en paz los ‘90 a pesar de sus destellos y tardíos brillos. Otra vez, Menem lo hizo.

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