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Domingo, 18 de enero de 2009

VICIOS > VUELVE LOST Y SU CASTING DE HOMBRES

Los isleros

Muy zorros para nombrar personajes estuvieron los guionistas de Lost, porque no podían ignorar que Tom Sawyer fue el primer amor de muchísimas chicas; que tantas quisieron ser Becky Thatcher perdida en la cueva, dudando sobre si confiar en ese pibito mentiroso y traidor que también podía ser sincero –en su amor por ella, por su amigo desharrapado, por su tía sufrida–. No podían ignorar que el nombre de Sawyer por sí solo pone en alerta; pero si encima bautizan así a un espécimen del calibre de Josh Holloway, la posibilidad de error es cero. Sawyer es el más calentante de todos los hombres de Lost, y es todo un mérito porque la mayoría de los hombres de Lost son una maravilla. Tanta maravilla que resulta estúpido el deseo de irse y volver a la civilización que profieren las mujeres de la isla: ¿irse adónde y para qué si una duerme en la carpita al lado de Sawyer? Lo único que es medio disparatado en esta gran, gran serie es que no se la pasen de cachengue en cachengue. Está bien, tienen muchos problemas, pero igual. Leyendo un poco, se sabe que Josh Holloway estuvo muchos años intentando pegarla en Hollywood (los agentes de los estudios se pasaron un tiempo con la mente embotada y la vista borrosa, parece), hasta que lo eligieron para Sawyer. En los primeros capítulos se lo veía algo duro, pero ahora está de lo más suelto, totalmente incorporado a ese cowboy rata y atormentado. Dos milagros: cada día está más lindo y cada temporada es mejor actor.

La competencia es dura. Jack está a pasitos de Sawyer (o incluso más arriba: eso ya pasa por el gusto personal). Sucede que Jack quiere ser un héroe, es demasiado empeñoso y cansa. Si una estuviera en la isla, la pasaría mejor con Sawyer. Pero en la vida real, difícil descartar alegremente a Matthew Fox –las avezadas ya lo habrán marcado en Party of Five, una serie tipo Ingalls insufrible salvo por el hermano mayor–, hombre monumental de espaldas anchas y físico agreste. (Para colmo hace de médico, que es muy erótico, sobre todo si una es retorcida.)

Pero en las sombras están los gozos. Es una pena que no tenga más espacio Naveen Andrews (Sayid), hombre nacido en Inglaterra de familia india que por nariz prominente está condenado a hacer de árabe. En inglés hay una expresión que lo define y es sex on a stick: sexo en un palo, sexo al palo, vaya uno a saber cómo se puede traducir, pero se entiende. En la vida real, Naveen hizo en teatro y cine varias cosas de Kureishi (Londres me mata, El Buda de los suburbios), fue el sikh que hacía volar por una iglesia abandonada a Juliette Binoche en El paciente inglés (sus escenas son lo único que sirve de la película), dejó embarazada a una profesora de su colegio cuando tenía 16 y ahora es novio de Barbara Hershey –dice que le gustan las mujeres grandes–. También hay que ponerle fichas a Henry Ian Cusick (Desmond o el Ulises enamorado en odisea permanente), una delicia del mestizaje –es mitad peruano, mitad escocés; piel morena y ese inglés que arrastra las erres–. Escucharlo decir “brother” es una experiencia que ronda el escalofrío. La camisa azul abierta le queda increíble. Como le quedaba increíble el traje en los primeros episodios de la segunda temporada a Mr. Eko, nacido en Londres como Adewale Akinnuoye-Agbaje (sus padres son de Nigeria), hombre de enormidad intimidante, voz que hace trepidar y aura que dice “peligro”. Al peligro nos lanzamos, claro. Y si es de lanzarse y darle para adelante, también le damos a Daniel Dae Kim (Ying, quizá los mejores abdominales de Lost) y a Terry O’Quinn (¡Locke!), porque es una clase magistral de cómo debe conservarse un hombre. La nueva temporada empieza el 21 de enero. Por ahora, no se suman nombres, aunque siempre puede haber una sorpresa: en la tercera nos tiraron por la cabeza, como si tal cosa, con Rodrigo Santoro. Otro detalle ganador: aquí no hay nada de provincianismo, el casting es de primera y multicultural. Dicen que como Lost es una serie de misterio y ciencia, la miran mayormente los varones, público cautivo del sci-fi. Entonces, para mantener el interés de las chicas, tienen que tirar carne al asador. Sigan adelante, que queda lugar. Aunque ya consiguieron la parrillada completa.

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