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Domingo, 3 de mayo de 2009

CASOS > EL VERDADERO VILLANO DETRáS DE WOLVERINE

El malo de la película

 Por Javier Alcacer

Uno de los clichés de un género plagado de tales como lo es el comic de superhéroes –y no es que haya nada malo en ello– es el del villano que alguna vez fue bueno, pero que por avatares del destino se puso las calzas para luchar por el mal. Por ejemplo: Alan Moore, en The Killing Joke, mostraba cómo un mal día había convertido a un tipo común en The Joker. Al analizar la carrera de Tom Rothman, uno se ve tentado a buscar alguna explicación parecida para entender cómo fue que este graduado en leyes de la Universidad de Columbia pasó de ser el productor de Bajo el peso de la ley (Down by Law, 1986) de Jim Jarmusch, el rey del cine independiente, a convertirse, en 1998, en el capo del estudio Fox.

Desde ese año la popularidad de la división cinematográfica de la Fox viene en picada . Rothman asumía con ideas muy claras: las películas no debían durar más de noventa minutos, para así tener mayor cantidad de funciones por día, y debían ser aptas para mayores de 13. Así fue como Alien vs. Depredador y Duro de Matar 4.0, secuelas de películas orientadas a un público adulto, fueron pasteurizadas para captar una mayor audiencia. Paradójicamente esto dejó a John McClane –el antihéroe de la saga Duro de Matar, interpretado por Bruce Willis– sin poder decir su frase de cabecera: “yippie-kah-yeah-motherfucker”, porque el acusar a alguien de tener relaciones con su madre le hubiese ganado la categoría “R” (para mayores de 17). La solución salomónica tomada por Rothman y el montajista Nicolas De Toth fue tapar las últimas palabras de la frase con el estruendo de un disparo.

Aunque los choques entre los directores y los estudios son frecuentes en Hollywood, Rothman los llevó al extremo: fue el responsable de que el director Stephen Norrington se retirara de la industria tras una infinidad de enfrentamientos sobre La liga de los hombres extraordinarios; Alex Proyas (El cuervo) también pensó en buscarse otra profesión luego de las constantes intromisiones de Rothman en el rodaje de Yo Robot (2004) para incluir publicidades en escena. Hace unos años, Roland Emmerich reveló que el motivo por el cual había rechazado hacer una secuela de la taquillera Día de la Independencia era que Rothman le había ofrecido pagarle la mitad de lo que había cobrado en la primera parte.

Pero la gota que rebasó el vaso, lo que lo convirtió en una de las personas más odiadas en la industria, fue su rol en las adaptaciones al cine de X-Men. Aparentemente Rothman no sabía cómo sacarse de encima la primera X-Men: el proyecto había sido aprobado antes de que él asumiera, y Rothman nunca había confiado en él. Para su desgracia, fue un éxito. Y también lo fue la secuela. Harto de las constantes presiones del estudio para incluir más personajes y para filmar la tercera parte lo antes posible, el director Bryan Singer renunció a la saga. Rothman convocó a Brett Rattner, un director más obediente. ¿El resultado? Tanto críticos como fanáticos la odiaron: los geeks empezaron una campaña para que echen a Rothman. Las adaptaciones de Los 4 fantásticos y Dragon Ball, pensadas “para toda la familia”, fueron sal en la herida nerd. Todo esto, sumado a la denuncia que hizo Fox sobre los derechos para filmar Watchmen una vez que la película estuviese terminada (comprometiendo su estreno), ayudan a entender que se haya filtrado un work print de Wolverine: un acto de piratería con una motivación punitiva, un caso de vendetta siglo XXI nacida del odio.

Wolverine tampoco escapó a la controversia: se dice –porque nadie se atreve a confirmar nada que manche a la Fox– que Rothman hacía cambios en el set sin consultarle al director Gavin Hood, porque la película le parecía muy oscura. Tal era la situación que el director de la Superman original, Richard Donner cuya esposa, Lauren Schuler Donner, produjo Wolverine, se presentó al rodaje para tranquilizar las cosas. Por entonces The Dark Knight no era la cuarta película más taquillera de la historia. Cuando lo fue, Rothman ordenó filmar nuevas escenas para darle “oscuridad” a Wolverine. Precisamente estas nuevas escenas son el caballito de batalla de la Fox para que la gente vaya al cine a verla: según dicen, el corte que se filtró carece de ellas. Pero la estrategia de marketing se deshilacha cuando empiezan a aparecer las primeras reseñas –negativas, por supuesto– que aseguran que no hay diferencia alguna, que aquello es un manotazo de ahogado de Fox para salvar una inversión de casi 200 millones de dólares.

Pese a que Rothman asegura cada vez que puede que él es “un fanático más” y un amante del cine y para justificarlo recuerda que está casado con un actriz de culto como Jessica Harper (la protagonista de El fantasma del paraíso y Suspiria) por ahora de lo único que ha logrado convencernos es de que hablar de su trabajo es infinitante más interesante que hablar de sus películas.

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