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Domingo, 15 de noviembre de 2009

ARTE > EN LA 7ª BIENAL DEL MERCOSUR

Para gritar Bienalto

Menos conocida que la Bienal de San Pablo, la del Mercosur, que tiene lugar en Porto Alegre (RG), es la otra gran Bienal del Brasil y una de las principales de Latinoamérica. Internacional desde su 6ª edición, ésta, la 7ª, titulada El grito y la escucha, fue la primera en elegir proyecto y curadores por concurso abierto. El ganador de este año fue el proyecto de la argentina Victoria Noorthoorn y el chileno Camilo Yáñez. El escritor Carlos Gamerro viajó especialmente para la inauguración de esta Bienal que, con más de 300 artistas, se convirtió en una respuesta implícita a la última de San Pablo, publicitada como “la bienal sin artistas”.

 Por Carlos Gamerro

Lunes 12 de octubre. Día 1. Camino por las calles de Porto Alegre buscando la intervención urbana del argentino Patricio Larrambebere, parte de la muestra Texto público cuyo espacio es, justamente, las calles de la ciudad. Los artistas a los que les pregunto me dicen que me pare en tal esquina, o tal otra, y mire hacia arriba, pero no descubro nada más interesante que las extrañas fachadas fantasmales de los antiguos edificios demolidos de Porto Alegre, a través de cuyas ventanas se ve el cielo azul o gris. Una de ellas ha sido intervenida por el brasileño Henrique Oliveira: de sus puertas y ventanas emerge una entidad ameboidea de madera terciada, como si la habitara uno de esos monstruos amorfos de las películas serie B de los ‘50: es la “casa tomada” de Porto Alegre. Hay que estar siempre atento: lejos de confinarse a los seis espacios de exposición y a las tres sedes, la Bienal está en todas partes: por ahí pasa una camioneta llena de arena con una palmera flameando desde el techo, obra del chileno Pablo Rivera; más adelante interfiere en el tránsito la mexicana Marcela Armas, con su mochila de cornetas y bocinas, y en los lugares menos esperados surgen las nubes de colores de la brasileña Camila Sposati. Y, finalmente, en las alturas cercanas al mercado, descubro las refulgentes letras rojas que proclaman la identidad del viejo edificio Uniao, a las que Larrambebere restituyó su esplendor original, tal vez como invocación para que lo mismo suceda con el edificio entero.

LAS MOSCAS ROBOT DEL MEXICANO GILBERTO ESPARZA.

Llego al puerto. En el galpón N4 el colombiano Gabriel Sierra pega carteles para que el personal de limpieza no saque el polvo acumulado durante dos años sobre los vidrios de su laberinto Composición espacial para ordenar una semana (imagino, por un momento, a una de esas mucamas prepotentes de Quino –como la que, en uno de sus chistes más famosos, ordena el Guernica de Picasso– limpiando el polvo del Gran vidrio de Duchamp); el colombiano José Alejandro Restrepo acomoda gusanos de seda sobre la proyección temblorosa de un cartonero vestido apenas con una máscara de luchador y lo que parece un gran pañal (pronto empezarán a hacer sus capullos, me explica); y los argentinos Fabio Kacero y Ana Gallardo se preocupan, el uno por el sonido del video donde sus niñas leen con igual dedicación a Kant y el relato de Víctor Hugo del gol de Maradona a los ingleses, la otra por el de los auriculares de su obra sonora Currículum laboral, en la cual la artista detalla todos los trabajos que a lo largo de su vida tuvo que realizar para poder “dedicarse al arte”. Todos forman parte de la muestra Ficciones de lo invisible, curada por Victoria Noorthoorn, que se propone exhibir aquellos aspectos del proceso artístico –incluyendo la propia vida del artista– que la obra terminada habitualmente subsume, niega o esconde.

Uno de los rasgos distintivos de esta edición de la Bienal es que no sólo las exposiciones, sino también la radio, el proyecto pedagógico, las publicaciones y hasta la publicidad fueron realizadas por los artistas de la Bienal. Con sus más de 300 artistas, esta Bienal del Mercosur se convierte, así, en una respuesta implícita a la última Bienal de San Pablo, publicitada como “la bienal sin artistas”. Al menos una de las áreas de la Bienal ya estaba en funcionamiento desde mucho antes. El fuerte de la Bienal del Mercosur ha sido siempre su proyecto pedagógico, curado en esta edición por la argentina Marina De Caro, quien con la idea de hacer de la Bienal algo más que un destino de excursiones escolares encaró, entre otras, la tarea de realizar un mapa de todos los talleres de arte de la ciudad, y puso en marcha un proyecto de 12 residencias que vincularán a los artistas en proyectos comunitarios, en distintas regiones del estado, en las cuales participaron, entre otros, los argentinos Diana Aisenberg, Diego Melero y Rosario Bléfari.

LOS DESEOS REALIZADOS EN MADERA POR LOS ARTISTAS PARA EL FRANCES NICHOLAS FLOCH.

Martes 13 de octubre. Día 2. Visito las otras sedes de la muestra, en la central Plaza de la Aduana: los antiguos y señoriales edificios del Santander Cultural y el MARGS (Museo de Arte de Rio Grande do Sul). En la primera se exhibe la muestra Projectables, curada por nuestro gran Roberto Jacoby: aunque a decir verdad, la del museo es una “bajada a tierra” de la muestra cuya sede es Internet y que puede accederse desde el site de la bienal, www.bienalmercosul.art.br. Me quedo un buen rato hipnotizado por el video Volver, de Cinthia Marcelle: una topadora que al principio parece de juguete (pero que no lo es) interminablemente trazando el signo 8 sobre la tierra desnuda.

En el MARGS se están colgando los dibujos de la muestra Desenho das Ideias, curada por Noorthoorn, que incluye joyas como un mural de Iran do Espírito Santo compuesto por cincuenta rectángulos concéntricos realizados en un casi imperceptible degradée de tintas grises que hunden el muro en un túnel que amenaza tragarse al espectador (el trompe l’oeil llevado al plano metafísico, el portal a uno de esos mundos paralelos que frecuentaban nuestros compatriotas Cortázar o Bioy Casares), las abstracciones políticas de León Ferrari o Cildo Meireles, que lejos de las búsquedas meramente formales, o sosegadamente metafísicas, de sus contrapartes del hemisferio norte, fueron concebidas como respuestas a las dictaduras y sus variadas censuras: las cuadrículas carcelarias de Meireles se desarman en Malhas da liberdade, las de Ferrari se cierran para construir “jaulas para generales”. El diálogo entre artistas del presente y el pasado es otra de las “gramáticas” de esta muestra, e incluye conversaciones explícitas como las de los grabados del belga James Ensor con las acuarelas satíricas de nuestro Fermín Eguía, o el diálogo implícito de los dibujos de la serie Alcaebza ed surgenda, del argentino Tomás Espina, con los horrores de Goya y Francis Bacon.

LA CAMIONETA LLENA DE ARENA CON PALMERA EN EL TECHO QUE SURCA LA CIUDAD, OBRA DEL CHILENO PABLO RIVERA.

Miércoles 14 de octubre. Día 3. Visito la muestra Biografías colectivas, de Camilo Yáñez, dedicada a proyectos que indagan sobre la relación entre artista y comunidad. Para uno de ellos, A Grande Troca, del francés Nicholas Floch, los miembros de la comunidad debían realizar, en madera, un modelo tamaño natural de objeto necesitado o soñado, para que luego la Bienal se encargara de trocar este objeto artístico en su referente “verdadero”, y entregárselos: una camioneta, una cancha de fútbol, los instrumentos musicales de una banda de rock y los pinceles y tarros de pintura de un pintor están ahí, esperando que lleguen sus réplicas reales.

LA BALSA PLATAFORMA, UNA PURIFICADORA DE AGUA AUTOSUFICIENTE, DEL ARGENTINO EDUARDO NAVARRO.

Jueves 15 de octubre. Día 4. Entra al salón del desayuno del Plaza Sao Rafael la recién llegada Marta Minujín, pidiendo un acompañante para llegar hasta la sede de su muestra, ya que como todos saben “no sé moverme sola”. Me ofrezco a acompañarla. En el camino me cuenta sus proyectos, entre los que se están la Torre de Babel de libros, similar al recordado Partenón de libros de 1983, pero esta vez con libros de todo el mundo, que donarán las embajadas. “Cuando tenés un proyecto”, me recomienda, “no digas ‘Quiero hacerlo’ o ‘Estoy intentando’ o ‘Tal vez’, decí ‘Se hace, tal fecha, o tal otra’. Después, si no se hace mala suerte”, y a esa altura ya estamos en la sala de Desenho das Ideias que muestra los planos y dibujos de las dos opciones: proyectos realizados (El Obelisco de pan dulce, Carlos Gardel de fuego, y la más cercana a mi corazón, la joyceana Torre Martello de pan horneado por una panadería mencionada en Dublineses) junto a los que no se hicieron, eso es, los que sí o sí van a hacerse (La Estatua de la Libertad de hamburguesas, La torre Eiffel de pan baguette).

LA TOPADORA EN ETERNO 8 SOBRE LA TIERRA DESNUDA: EL VIDEO DE CINTHIA MARCELLE.

Viernes 16 de octubre. Día 5. Finalmente, la inauguración. Por la mañana, debido a la lluvia, se suspenden algunas actividades, pero se realiza la Performance Crude, en la cual los brasileños Guilherme Vaz y Romano, mediante una sagaz distribución de micrófonos ocultos, convierten al edificio del MARGS en un instrumento musical sobre el cual realizan una batucada que incluye los sonidos de la escritura y el dibujo (como su performance integra la muestra de dibujo, Vaz nos recuerda que el trazo tiene también una dimensión sonora, que la escritura y el dibujo tienen su música).

A la tarde tiene lugar la ceremonia de apertura oficial, uno de esos eventos con políticos y discursos en los cuales hasta los protagonistas esperan que se termine lo antes posible, máxime cuando a pocos pasos de allí se prepara el desfile “El viento”, del argentino Sergio De Loof, que empieza puntual a las 20 y que en poco menos de media hora da vuelta la Bienal como un guante, aventando a los cuatro vientos los últimos jirones de pesimismo y pesadumbre. Combinando el trash urbano con las texturas de la artesanía andina, los productos del trópico y de las tierras frías, el look surf y el ñandutí, el desfile de Sergio parece una ilustración de la recordada línea de Charly García, “la alegría no es sólo brasilera”: aquí es brasilera, argentina, paraguaya, boliviana, peruana... Inmejorable inauguración de una bienal que siendo internacional, no deja de ser profundamente latinoamericana.

A las 22 hs., 4 minutos y 33 segundos, comienza su transmisión el primer programa de la Radiovisual, una de las niñas mimadas de la 7ª Bienal (la primera edición con radio) hija de la imaginación de Artur Lescher, artista curador de la muestra Texto público, y desarrollada por la artista y poeta brasileña Lenora de Barros. Dedicada a la difusión de piezas sonoras, su primera edición incluye temas de Arnaldo Antunes, John Cage, entrevistas a los curadores, artistas e invitados como Waltercio Caldas, y las columnas sobre portuñol (la lingua franca de la Bienal, qué duda cabe) de la argentina Ivana Vollaro. La radio transmite desde su cabina en el galpón Nº 5 todos los días de 22 a 23 en la frecuencia FM 107.7, y todos sus programas (que llegarán a 33) puede escucharse en continuado en la website de la Bienal.

LAS NUBES DE COLORES QUE SURGEN EN LA CALLE, DE LA BRASILEÑA CAMILA SPOSATI.

Viernes 17 de octubre. Día 6. En el Theatro Sao Pedro se presenta Isabel Torres, del francés Jerôme Bel, versión en vivo de Véronique Doisneau cuyo film se exhibe en la muestra Ficciones de lo invisible. En ella, la bailarina del Ballet de Río de Janeiro se presenta despojada de maquillaje, con un tutú enganchado en el brazo, y cuenta su experiencia de bailarina que nunca llegó a primera figura: sus horarios de trabajo, su sueldo, sus frustraciones cotidianas. Enseguida viene el espectáculo del músico y coreógrafo mineiro Luiz de Abreu, que sucesivamente lee una serie de libros balanceando una caña de azúcar sobre su cabeza, encarna el estereotipo del negro borracho con una botella de cachaça y una prominente prótesis fálica y finalmente hace una versión cabocla y gay de los viejos números tropicales de Carmen Miranda, sucintamente ataviado con cuatro crisantemos amarillos y un tocado de cacho de bananas que reparte entre el público mientras trepa por las butacas. Esta presentación permite imaginar, por contagio, el efecto que tendrá ver ao vivo su coreografía O samba do crioulo doido, en exhibición permanente en la muestra Ficciones, donde Abreu baila ataviado apenas con botas de taco alto y una bandera brasileña que, hacia el final, se mete literal y muy físicamente en el culo, para componer uno de los dúos hombre/objeto más originales de la historia de la danza (no nos vendría nada mal un número equivalente para los inminentes fastos del Bicentenario, aunque dudo de que a ninguno de los coreógrafos/bailarines locales les dé el cuero. El desafío está planteado.)

En un galpón invadido por la arena, inaugura finalmente la muestra Absurdo, cuyos trabajos debieron ser interrumpidos durante varios días tras la muerte de un operario el día 11. Desde el reinicio de las obras, artistas y curadores que iban terminando sus propias muestras volcaron su tiempo y recursos sobre la muestra curada por Laura Lima, para ayudarla a recuperar el tiempo perdido: al amanecer, a altas horas de la madrugada, el galpón N 3 hervía de brazos y cabezas dispuestas. Inevitable sentir algo de sana envidia: difícilmente un escritor que se atrase con la entrega de su novela podrá convocar a sus colegas a ayudarlo a terminarla a tiempo. Los espectadores vagan por las dunas como legionarios perdidos, bajo el zumbido de las moscas robot del mexicano Gilberto Esparza; y quienes encuentren y decidan subir las estrechas escaleras que conducen al escondido cubículo superior se encontrarán con una de las joyas de esta muestra: los videos Lucía y Luis de los chilenos Niles Atallah, Joaquín Cociña y Cristóbal León: dos cuentos “infantiles” que parecen surgidos de los momentos más oscuros de Silvina Ocampo llevados al cine por Tim Burton.

Por la tarde tiene lugar con gran pompa y circunstancia la botadura de la balsa Plataforma, estación piloto autosuficiente purificadora de agua para posible catástrofe post new age del argentino Eduardo Navarro. Tomás Espina se cae al agua y al día siguiente amanece resfriado.

EL DESFILE EL VIENTO, DE SERGIO DE LOOF.

Domingo 18 de octubre. Día 7. Día dedicado a dos de las figuras tutelares de la Bienal. Por la mañana cumplo mi sueño de muchos años de ver una representación de Breath (Aliento), la pieza más breve de Beckett y, quizá, de la dramaturgia mundial: en un escenario cubierto de desparramada basura horizontal, bañado por una luz tenue, se escucha un grito (un vagido: el grito del recién nacido, especifica el autor). Luego, una inhalación, mientras la luz aumenta de intensidad. Luego, una exhalación, y la luz baja hasta alcanzar la penumbra inicial. Y otro grito idéntico al primero. Y eso es todo. La vida, nuestra vida, reducida a su forma mínima: 45 segundos según las instrucciones de Beckett, algo más de un minuto en esta puesta. Beckett ya había presentado esta figura en Esperando a Godot, pero lo había hecho verbalmente: “Dan a luz a caballo sobre la tumba, el día brilla por un instante, y después de nuevo la noche”. En Breath logró, por fin, darle forma escénica. La puesta de la directora brasileña Daniela Thomas, que forma parte de la muestra Ficciones de lo invisible y que se repetirá con regularidad beckettiana, cada 15 minutos, hasta el fin de la Bienal, es de una intensidad escalofriante: vale la pena acercarse a Porto Alegre sólo para verla.

Por la tarde asisto a la performance Indeterminacy de John Cage, en la cual la artista Laura Kuhn, actual directora del John Cage Trust, lee noventa cuentos (mejor: microrrelatos) del compositor, ninguno de los cuales supera el minuto. Mi favorito: aquel en el cual Cage, que introdujo el Zen en USA mucho antes que la moda de los ‘60, tilda de “melodramático” el final de El Zen en el arte de la arquería, de Eugen Herrigel, en el cual el protagonista acierta al blanco en la oscuridad, y le opone la figura de uno de los más grandes arqueros Zen, que no le dio al blanco nunca en su vida, ni siquiera a plena luz del día. La lectura de Kuhn fue acompañada por el brasileño DJ Flu, todo aleatorio como Cage manda.

LOS GUSANOS DE SEDA ANTE EL CARTONERO CON MASCARA DEL COLOMBIANO JOSE ALEJANDRO RESTREPO.

Del 16 de octubre al 29 de noviembre. 45 días. A 1000 kilómetros de Buenos Aires, es decir, a 1h 20’ de avión, está teniendo lugar uno de los principales eventos artísticos del año (que, dada la voracidad omnívora de lo que en alguna época se denominaron artes visuales, incluye cine, video, narrativa, poesía, música y teatro). Un evento, además, 3 de cuyos 10 curadores, y 25 de sus casi 120 artistas en exposición son argentinos. A falta de una Bienal de arte propia (¿para cuándo?), la del Mercosur es lo más parecido que tenemos, y esta edición es una prueba de que tenemos con qué. Sin embargo, ni prensa ni público parecen, por estas costas, haberse dado muy por enterados.

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1. ISABEL TORRES, DEL FRANCES JEROME BEL, PROTAGONIZADA POR VERONIQUE DOISNEAU.
 
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