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Domingo, 19 de junio de 2011

RESCATES > LA MUESTRA DE GIANNI MESTICHELLI CENSURADA EN LOS ’80

Ahora podemos hacerlo

A mediados de los ’80, con el regreso de la democracia todavía acechado por la mojigatería, una muestra de fotos de Gianni Mestichelli con la Compañía Argentina de Mimo recibió una denuncia, varias imágenes fueron censuradas y tardaron tres años en sobreseerlo. Ahora, finalmente, la muestra vuelve a exponerse y puede verse como el testimonio de una época donde los cuerpos, el desnudo y el sexo eran un frente de batalla contra una parte grande de la sociedad que no quería dejar sus peores hábitos.

 Por Gianni Mestichelli

Tres años pasaron hasta que me sobreseyeron en la causa y me devolvieron las fotos. Era el principio de la democracia, pero en ese momento todavía subsistían algunos tics de la dictadura y para mucha gente los desnudos eran intolerables. Así que me hicieron una denuncia y me censuraron varias imágenes, que eran parte de una muestra colectiva que se hizo en 1986, en el Centro Cultural Islas Malvinas, que estaba en las Galerías Pacífico.

A comienzos de los ’80 yo había empezado a hacer fotos con desnudos de parejas para Cuerpos abrasados, un libro compartido con poemas de Rodolfo Braceli, que publicó De la Flor en 1984. Empecé a trabajar con una pareja real, pero como a veces las fotos íntimas son desgastantes busqué alternativas y así me conecté con la Compañía Argentina de Mimo y con su director, Angel Elizondo, y ahí sumé el trabajo de dos modelos. Con ellos, la verdad, salieron las mejores fotos para el libro. En ese momento la Compañía estaba haciendo, si no me equivoco, Apocalipsis según otros, en el Teatro Picadero, una obra espectacular que duró cuatro o cinco funciones, porque los censuraron. La muestra hoy tiene un sector dedicado a fotos de espectáculos del grupo, que eran caóticos, muy corporales, hechos sin plata, con poquito, chatarra y cosas que encontraban por ahí. Hay una foto que hicimos en el depósito del PH que ellos tenían en Paso 156, lleno de cachivaches: me gustó poner los cuerpos ahí, en medio de todo eso. Durante la dictadura ellos habían hecho obras como Pi 3,14, Boxxx, El intranauta, Los diariosss y Ka Kuy. A Ka Kuy también la habían censurado. En algún momento llegaron a hacer una obra que se montaba en casas particulares, para evitar que la prohibieran. Fue un grupo muy jugado y muy creativo que relaciono con lo que después hizo La Fura Dels Baus, por ejemplo.

Cuando vi lo que hacían y que estaban todos muy habituados a trabajar con desnudos, les propuse hacer algo desde la absoluta improvisación. Y aunque al principio la consigna no era que se desnudaran, siempre había alguno que lo hacía. Yo no pensaba en una muestra: fue una experiencia fotográfica, digamos. Cuando les planteé trabajar desnudos se fue generando una estética que hoy veo como bastante caótica, con cierta rusticidad, una rusticidad que me gustó, que puede conjugarse con mi oficio de reportero gráfico; ahora se produce mucho, pero antes no era así, uno se adaptaba a las condiciones de luz y a las características del sitio. Creo que eso da una impronta más veraz, auténtica. Por eso las fotos no tienen la finura de esas muestras fotográficas que se tildan de “formales”.

Después de hacerlas, las empecé a exponer de a poco. En el ’83 expuse algunas, inquietantes pero no fuertes, en un teatro del Sindicato de Empleados de Comercio. Y en el ’86 armamos un grupo, Núcleo de Autores Fotográficos, y montamos esa muestra colectiva en Galerías Pacífico. Había fotos con desnudos de otros dos fotógrafos, Ataúlfo Pérez Aznar y Enrique Abatte. Y uno de esos chupacirios, que solía esperar el momento justo para dar con un juez de turno que le fuera afín, hizo una denuncia. Nos secuestraron las fotos y estuvimos como tres años interdictos. Nos iniciaron un juicio por obscenidad. Quedamos marcados por la policía. Tenía que pedir permiso para salir del país. Puse un abogado. Cuando todo se resolvió leí que en el veredicto decía que de obsceno las fotos no tenían nada, aunque fueran, decía, “de mal gusto”. En ese momento me dije bueno, ahora le hago yo un juicio al tipo. Pero no, me dijeron que él podía estar obrando de buena fe, que se molestó y podía denunciar. Por suerte ahora eso no existe más.

Admiro a la gente que se expresa con el cuerpo; yo soy de una generación reprimida, que si bien rompió con ciertos dogmas, todavía carga algunos lastres de formación. Ahora el ser humano tiene muchas más posibilidades de expresarse, sobre todo desde lo sexual o lo corporal. Y eso que en los ’60 y los ’70 yo era bastante rebelde. Paco Vera, un gallego republicano al que tuve de jefe en Abril y luego en Atlántida, un formador de fotógrafos, me aumentaba el sueldo si me cortaba el pelo corto; yo me resistía todo lo que podía, pero cuando mis compañeros despegaban mucho le daba el gusto y me lo cortaba. Aunque enseguida volvía a dejármelo largo.

Por eso creo que estas fotos dan cuenta de una época respecto a la liberación de los cuerpos y de su represión. Cuando las hicimos ellos parecían estar jugando, pero iban apareciendo cosas, incluso sin darnos demasiada cuenta. Hay una violencia subyacente en algunas imágenes, de repente alguno se tapaba con un nylon, o aparecía alguna calavera. Semiarmábamos alguna imagen y a uno se le ocurría meterse en una bolsa de plástico, por ejemplo. Hay imágenes chocantes, provocativas, de peleas, de tensiones y también de juego. Hay una de un grupo ante una escalera también sintomática: cada uno por su lado, y eso armando una situación general. Es una formidable muestra de época, y por eso es un material que de algún modo quería reivindicar. No sólo a las fotos, sino también al grupo que participó.

Es curioso que no haya en las fotos una carga erótica, o de sexualidad. Y generan cosas diversas: a algunos, gracia, y a otros hasta irritación. En general a todos los fotógrafos nos gustan los desnudos. Cuando conocí a este grupo vi que podíamos investigar, hacer algo que no se había hecho, trabajar con cinco o siete personas desnudas, y divertirnos. El único que se sentía un poco incómodo era yo, porque no estaba habituado. Siempre me gustó el tema del cuerpo porque siento que la mayoría de la gente, todos nosotros, en general, es muy inexpresiva con el cuerpo. Incluso los actores: fotografié muchos y noto eso. Recién ahora hay una generación más expresiva. Por eso confieso que me da un poco de pudor, todavía, el montaje de esta muestra. Un pudor propio. Los fotografiados se han emocionado. Y algunos también sienten pudor, porque tienen hijos, y aquello, de alguna manera, fueron como travesuras juveniles.

Pero no, cómo voy a tener miedo de que aparezca otra vez un chupacirios. Al contrario, que venga.

Mimos. Cuerpos sin censuras
Gianni Mestichelli
Centro Cultural Recoleta
Sala 10
Desde el 24 de junio al 10 de julio
Entrada gratuita

Gianni Mestichelli nació en 1945 en Ascoli Piceno, Italia. Desde 1948 reside en Buenos Aires. Es fotógrafo desde hace 50 años. Sus fotografías han aparecido en diarios y revistas de América y Europa (Europa Press, O’Cruzeiro, Siete Días, Panorama, El Gráfico, Crisis, Satirikón). Es miembro fundador del Núcleo de Autores Fotográficos. www.mestichelli.com


Testimonio recogido por Angel Berlanga

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