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Domingo, 25 de noviembre de 2012

MUSICA > NATALIA LAFOURCADE PRESENTA SU HOMENAJE A AGUSTIN LARA

Piensa en mí

Durante años, Natalia Lafourcade fue un talento promisorio de la música mexicana, en la estela y a la saga de Julieta Venegas. Diez años después de su irrupción, con la pegadiza despedida a su inocencia “En el 2000”, su música parece haber encontrado un inesperado punto de inflexión: Mujer Divina, un rescate de la obra del gigante Agustín Lara en el que canta a dúo con hombres como Kevin Johansen, Adrián Dárgelos, Vicentico, Miguel Bosé y hasta Gilberto Gil. El sábado que viene, además, se presenta en Buenos Aires.

 Por Micaela Ortelli

Siempre tan dulce y discreta Natalia Lafourcade. Nombrarla es recordar a aquella mexicana menudita, que de jeans y zapatillas cantaba: Ya no soy la infantil criatura, la inocencia se acabó, y no podía parecer, todavía, más infantil e inocente. Era hora de que “En el 2000” –de 2002 en realidad–- dejara de ser su canción más conocida. Su carisma y talento dieron para mucho más, y su quinto disco, Mujer Divina, Homenaje a Agustín Lara, es, finalmente, la revelación. Un álbum de covers puede ser grandioso y relevante en la carrera de un músico, pero normalmente no es el punto de inflexión. Si éste es el caso de Natalia, que tiene 28 años y los mismos en contacto con la música –su madre es creadora de un método de enseñanza musical para niños–, es precisamente porque el trabajo, editado en septiembre, supera y redefine la categoría de tributo.

Mujer Divina es, primero, la resurrección del compatriota Agustín Lara, pianista y cantautor nacido en 1900 y muerto en 1970. Famoso por su picaflorismo y su matrimonio con “la mujer más bella del mundo”, la actriz María Félix, Lara fue un músico virtuoso, un cantante excepcional y un letrista enorme, pero sobre todo, un enamorado, un apasionado. Sus canciones y boleros son un mundo: tienen cuerpo, sangre e historia, y resultan una delicia para los que no son amantes del género o le escapan por asociarlo a Luis Miguel.

En 2010 Natalia participó de los festejos por el Bicentenario, y mientras buscaba compositores mexicanos para interpretar esa noche, fue el flechazo con la música de Lara, que a partir de entonces empezó a escuchar con fervor. Ya sabía que su siguiente disco –el anterior, Hu Hu Hu, es de 2009– sería conceptual y diferente de lo que venía haciendo, incluso que quería trabajar con canciones ajenas y emblemáticas, pero hasta investigar la biografía de Lara y desgranar su obra, no supo que El Flaco de Oro, como se lo conocía, llegaría a convertirse en el gran romance de su vida.

Mujer Divina –llamado así en honor a la musa indiscutible de Lara a lo largo de su carrera– es un álbum artesanal y sofisticado, creado con libertad y respeto por partida triple. Los temas están cantados a dúo con una voz masculina y en todos los casos, en mayor o menor medida, conviven con naturalidad el estilo y espíritu de los tres protagonistas. La producción y los arreglos –de vientos y cuerdas– son completamente funcionales a un oído contemporáneo: Natalia y su banda borran las texturas blanco y negro de los originales y los visten con tonos pastel y un brillo tenue.

El disco abre con la voz de Adrián Dárgelos en “Mujer Divina”, que adapta la letra de “Mujer” y la convierte en un pop sencillo tan propio de Natalia Lafourcade como de algún Babasónicos. La versión de “Limosna”, junto a Emmanuel del Real (Café Tacvba), es alegre y up-tempo: Natalia canta con dulzura y con el ukulele, el conjunto es adorable. “Imposible” mantiene la oscuridad y la tensión del original, con percusión mínima y acústica y Natalia y León Larregui (Zoé), que parece Calamaro, cantando esa letra angustiosa: Yo sé que es imposible que me quieras, que tu amor para mí fue pasajero/ Y que cambias tus besos por dinero, envenenando así mi corazón. Una de las grandes participaciones, Gilberto Gil en una versión de “Farolito” –la canción que conquistó a Natalia–, roza el bossa.

De lo mejor del disco es “La Fugitiva”, junto a Kevin Johansen. Son tan bellas y armoniosas las voces cantando al unísono La fugitiva sensación de un beso largo que huye/ La fugitiva sensación de un beso largo que se me escapó, que ese estribillo eriza la piel. El dramatismo de Vicentico hacia la mitad de “Piensa en mí” no podría irle mejor a la canción: Si tienes un hondo penar, piensa en mí/ Si tienes ganas de llorar, piensa en mí/ Ya ves que venero/ tu imagen divina, tu párvula boca,/ que siendo tan niña, me enseñó a pecar. Rescatar estas letras es, más que una lúcida decisión estética, un acto de generosidad.

Natalia es pura melodía con Miguel Bosé en “Si no pueden quererte”, que reescribe “Quién me roba tu amor”; y suavidad al extremo con Adanowsky en “Morir y renacer”, adaptación de “Coplas Guajiras”. Con Devendra Banhart en “Amor, amor de mis amores” (el original tiene un “amor” menos) son dos jóvenes enamorados: Poniendo la mano en el corazón, quisiera cantarte toda una canción/ Que tú eres mi cielo, eres mi consuelo, que respiro el aire que respiras tú, canta él y hacen suspirar: él y Agustín. “Aventurera”, junto a Alex Ferreira, que se parece a Lisandro Aristimuño, conserva la picardía de la original y le agrega ritmo y color. En “Oración Caribe”, Jorge Drexler aparece como suele hacerlo en sus temas, casi sin música, dejándose disfrutar. La última colaboración es una versión lenta y melancólica de “Azul”, junto a Rodrigo Amarante.

El álbum termina con “María Bonita”, la canción de María Félix, la única que Natalia hace en solitario, apenas acompañada con guitarra. Como si fuera una despedida íntima, como si Natalia, tardíamente enamorada, se lo cantara a María y Agustín, esa pareja de película. Ella, la mexicana menudita de los rodetes y la ropa colorida, brilla y sorprende con este homenaje: nunca más mujer y más divina.

Natalia Lafourcade se presenta el sábado 1º de diciembre, a las 18.30, en el escenario Motorola del Personal Fest (en GEBA sede San Martín). Mujer Divina se consigue en disquerías del país.

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