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Domingo, 12 de octubre de 2003

PERSONAJES

La vida es bella

Hippie viejo, nudista ferviente, militante infatigable del sinceramiento sexual, Rolando “Lanny” Hanglin anima las mañanas radiales con RH Positivo, un eficaz cóctel de información, entretenimiento y servicios en el que habla tanto como escucha y despliega una singular manera de estar de vuelta de las cosas: el pragmatismo optimista, una filosofía que le permite –entre otras cosas– sostener que las villas miseria son espacios de libertad, monologar sobre sexo en el escenario de un teatro y promover por radio encuentros eróticos entre oyentes.

Por Laura Isola
De lunes a viernes a las 9 de la mañana, después de que las voces del informativo radial anuncien problemas de tránsito, novedades sobre el último de los secuestrados, precios y temperatura en aumento, Rolando Hanglin desata su tradicional saludo: “No haga un tango de todas las cosas. El día ya está planteado: como cayó quedó. Usted dése una buena vida hoy, haciendo exclusivamente lo que le gusta. Lo único que nos falta es plata. Pero seremos riquísimos, no en esta vida. En este momento está más joven y más sexy que nunca. De manera que hoy sí, ¿eh?”
La bienvenida con que Hanglin inaugura la versión matutina de RH Positivo, que conduce desde 2002, es la misma que encabezó durante diez años la versión originaria, vespertina, un espacio muy distinto que compartía, sin embargo, la misma filosofía de vida: “Me costó un poquito porque la tarde es una burbuja, un valle, y la mañana es un vendaval de actualidad y noticias. Yo ya lo he hecho antes, y tuve que volver despacito. Al principio con mucho miedo porque estaba desactualizado, aunque no parezca; no de noticias y de temas, pero sí de ritmo: cuándo meterse, cuándo no, qué nota poner. Me costó mucho físicamente”, explica con pausa el conductor, mientras el bloque de noticias le roba el aire y le da una tregua para la entrevista.
De negro, con la cabeza rapada y una leve coleta que remata el corte a cero, Rolando Hanglin parece tener todo el tiempo del mundo. No es cierto, por supuesto, y la urgencia del bloque no tarda en devolverlo al estudio, una especie de panic room superpoblado. Pero apenas pueda saldrá y seguirá hablando. De eso se trata su programa, también: es actualidad, son noticias y reportajes, pero sobre todo es escucharlo hablar. Después de la una, cuando se apaga la luz del aire, Hanglin no puede decir ni una palabra más: “Yo hablo cuatro horas: es un programa de mucha concentración. A la una estoy grogui y no puedo más: necesito dormir y hacer mutis dos o tres horas. Me cuesta mucho, después del programa, hablar y prestar atención a lo que están diciendo”, dice, y en un rato llegará a su casa y apenas saludará a su mujer, porque callar es venerar al silencio. “Es un principio que no es mío sino de muchos pensadores zen: Pensá, antes de hablar, si tu palabra es mejor que el silencio. El silencio de por sí es muy importante y dice muchas cosas, además de dejar lugar a que hablen otros.”

TE ESCUCHO
Hanglin hace que los otros hablen gracias a su escucha privilegiada: un estilo bien particular que consiste en preguntas simples, trato cordial y nunca, bajo ninguna circunstancia, pelearse con sus entrevistados. Hoy, al calor de las violentas mañanas argentinas, sigue ejercitando con políticos, comisarios y funcionarios las mismas rutinas que ponía en práctica por las tardes con criadores de chinchillas, fabricantes de queso de cabra o ex deportistas. Sólo él conoce el secreto de esas notables entrevistas, aunque tiene algunos apuntes para revelar: “Llamo a distintas personas y les ofrezco el micrófono para que se expresen. Puedo oponer un argumento u otro, pero siempre respeto lo que el otro dice. Eso de tratar a la gente de ‘señor’ es lo que corresponde. Además, la gente no es tonta y da su propio veredicto. No estoy en tiempo de opinar; estoy en tiempo de aclarar y ordenar y oponer algunas objeciones en nombre de los oyentes, pero siempre dejando que el otro exponga. Soy un vehículo: ésa es la idea. No se trata de dar mi punto de vista. Además, yo tengo la opinión suspendida desde hace muchos años”.

EL HIPPIE VIEJO
A las once y media el informe del campo y, pegada, otra tanda del informativo: entre las dos cosas suman algo así como diez minutos de radio, tiempo de sobra para seguir hablando con este hombre que a veces, por algún motivo, quizá inducido por el tándem que forma con Mario Mactas, parece manifestar cierta disconformidad con la realidad desde la burocracia que todo lo entorpece, plasmada en el segmento de la OSA (Organización del Sufrimiento Argentino), donde los oyentes dan rienda suelta a la ira, la pacatería y los prejuicios argentinos, hasta minucias como la humedad o la suciedad de Buenos Aires. Pero no todo lo que exhalan sus silencios es lo que parece: “Mario y yo compartimos muchas cosas. Yo no tengo ninguna lectura apocalíptica de la realidad. Para mí la vida no cambia, es siempre igual. Lo que pasó ahora ya pasó antes; lo que se dice ahora ya se dijo antes, pero a nadie le importa. No veo ningún fin del mundo: veo una nueva versión de la vieja versión”.
Según se lo escucha –y se sabe por su historia personal–, usted parece estar de vuelta de muchas cosas. ¿Cómo lleva esta etapa de su vida dentro del sistema?
–Yo soy un hippie domesticado y profesional, aunque para ser un burgués soy un poquitito exótico. Todos estamos domesticados. Todos los de aquella época, los que estaban en acción en los ‘60 y ‘70: están domesticados los hippies, están domesticados los fachos y los montos. Hoy los fachos y los montos son ministros. O los fachos se hicieron montos y viceversa. Y los artistas que estaban en el Instituto Di Tella ahora crean esculturas para la publicidad de analgésicos. Todos hemos evolucionado hacia una forma de vivir más rentable y nos autosustentamos. Éramos adolescentes y hemos crecido.
¿Considera que la new-age es una
continuación y una domesticación
del hippismo?
–Es la comercialización, más industrial, de los mismos ideales y sueños de los hippies para los que ahora tienen 50 o 60 años y hacen buenos negocios.
¿Qué pasa cuando las drogas no son la elección libre de un estilo de vida, como en los ‘60, y se ligan, como hoy, a la marginalidad?
–Si se refiere a la villa, creo que es el lugar libre del mundo. Tiene una vida que el burgués no conoce. Ahí no se pagan impuestos: cada uno hace lo que quiere. Hay libertad sexual, mucha libertad sexual. Lo que pasa es que en la villa hay violencia.
Y pocas oportunidades.
–Afuera de la villa también. Pero hay gente que prefiere vivir sin oportunidades. Lo que quiere es libertad. Yo veo a la villa de una manera desmitificada, no como el fin del mundo. La veo como otra vida, y hay miles de vidas así. No es obligatorio que comprendamos todo.
La hija de Frank Zappa cuenta que lo que más envidiaba de sus vecinos era que todos los días comían en familia a las siete de la tarde, cosa que en su propia casa nunca pasó. ¿Cómo son sus hijos?
–Los más grandes, los treintañeros, son como mis abuelos. Unos viejos.

ME DEBO A MI PUBLICO
Hanglin no está solo y vuelve a la mesa de trabajo que comparte con Florencia Ibáñez (la locutora oficial del programa), Diego Valenzuela (a cargo de los comentarios económicos), Sergio Kanevsky en deportes, José Luis Alvarez Fermosel (“El caballero español”), especializado en generalidades y profundo conocedor de la mente de El macho posmo, su criatura preferida, y el inefable Mario Mactas. Vuelve raudo porque es la hora de “El gato y el zorro”, el espacio de “reflexión y cultura” que comparte con Mactas desde las 11.50 hasta el top de las 12. Allí, los profesores ad hoc improvisan una conversación disparatada y deliciosa sobre temas varios. Expertos en botánica, zoología, medicina y demás ciencias, deliran apenas interrumpidos por las interjecciones y comentarios de la alumna Floppy, bajísimos e ingenuos. El señor de las rutinas tiene la propia y es así: “Llego una hora antes, leo todos los diarios y, a mano en un carpetón grande, escribo mi propio diario. Elijo las noticias del día de cada una de las secciones. Con eso tengo entradas breves para cortar la tanda, informar sobre lo que está pasando o lo que se dijo y entretener a la gente con cosas más insólitas, divertidas. Me gusta meter lo exótico”. Mientras explica su método se escucha un separador muy simpático: una oyente casi fanática equivoca varias veces su nombre: “Rony, querido”, “Lo escucho siempre, Rony”, etc. Pero a Lanny –como quiso decir la señora– no le importa.
¿Qué pasa con los oyentes, que se enamoran del conductor pero no saben su nombre?
–Creo que no oyen bien. Yo no abuso del nombre. Soy Rolando y cariñosamente me dicen Lanny. El público no sigue con exactitud lo que se dice en la radio, y no sólo lo que digo yo: hay una relación emocional con un mensaje general, con un tono. Son confusiones que no tienen importancia. Creo que la gente capta grosso modo el mensaje de manera correcta.
¿Cómo es el programa de la noche: “Cartas y encuentros de cualquier tipo”?
–Era una sección del programa de la tarde: creció tanto que se transformó en un programa en sí mismo. Va de lunes a viernes, de 22 a 24, y lo defino como un estallido de libertad. Allí mi función es ponerme al servicio de las personas que buscan a otras para hacer el amor, formar un trío, un grupo de orgía, ir al cine o jugar a la paleta. Y es divertido ver en qué anda la gente.
Como un buen samaritano, Hanglin, además, sigue ofreciendo su saber y su energía en vivo. En el Chacarerean Theatre, domingo de por medio, hace El hippie viejo habla de sexo, un monólogo con intervenciones de Florencia Ibáñez: “Tiene anécdotas y chistes verdes, pero trata de ser profundo y abrir un espacio para hablar sobre sexo. Trata de hacer pensar en el sexo, que es un tema fundamental para todo el mundo pero nunca se habla. Da vergüenza, es inoportuno. En realidad, ¿con quién se puede hablar de sexo? Da calor hacerlo con la mujer o con los amigos. En realidad, no se habla nunca”.
¿Por qué mantiene el contacto con la audiencia hasta cuando se va de vacaciones?
–Para no distanciarme tanto. Como me extrañan, yo les cuento los viajes. Me voy a lugares un poco exóticos porque soy nudista.
¿Cuánto hace?
–Diez años.
¿Qué significa ser nudista, además de andar desnudo?
–Es un modo de estar cómodo. Y una vez que lo conocés, no lo cambiás por nada.

RH Positivo. De lunes a viernes de 9 a 13 por Radio Continental, AM 590.
Cartas y encuentros de cualquier tipo.
De lunes a viernes de 22 a 24 por la
misma emisora. El Chacarerean Theatre está en Nicaragua 5565.

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