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Domingo, 12 de octubre de 2003

PERSONAJES

¿Por qué no charlamo’ un ratito?

Alessandra Rampolla es uno de los personajes más peculiares y encantadores que ha ofrecido la televisión en mucho tiempo: es capaz de contestar sobre posiciones, eyaculaciones, clítoris, vibradores y sexo anal sin que se le mueva un pelo (e incluso sugerir nuevos horizontes al televidente). Con 29 años, un doctorado en carpeta y experiencia en América del Norte, del Sur y del Centro, esta puertorriqueña se ha convertido en una auténtica sexóloga mediática. Por eso Radar también la llamó e hizo sus consultas.

POR MARIANA ENRIQUEZ
Alessandra Rampolla no se ríe de la gente y en general no se enoja, y eso que tiene que escuchar cada cosa... Como un hombre que no puede ser fiel porque su mujer quiere tener relaciones sólo cuatro veces por semana, o una mujer casi desesperada porque su amante no quiere usar forro. “Es impresionante cómo falla el tema de la protección: la situación es muy similar a hace veinte años”, se queja. “Me canso de dar charlas sobre sexo seguro, tanto en América latina como en Estados Unidos. Los latinos creemos que en el Norte están más concientizados sobre el uso de protección, pero la verdad es que no es así en absoluto.”
Es la sexóloga de Confidencias, el consultorio sexual del canal Cosmopolitan TV, y su misión en la vida es ayudar a los demás para el placer. “Mi objetivo es a gran escala. Me conformo con ayudar a alguien en una consulta, pero mi sueño es que se hable de sexo sin hacer chistes, que se hable porque es normal, porque es muy importante, y porque hay que darle el lugar que corresponde en la vida.”
Lo que más llama la atención de Alessandra no es su capacidad de contestar cualquier cosa al aire, ni siquiera que no se le mueva un pelo ante las consultas más explícitas. Es que está de lo más tranquila, pero nunca solemne, profesional, aunque no necesariamente seria. Edith Serrano, la modelo que co-conduce, se ruboriza constantemente. Es que Alessandra, cuando le preguntan qué hacer cuando en medio de una relación sexual a él le da un calambre en la musculatura de la pelvis, recomienda: “Imagínate que estás tratando de expulsar aire por la punta de su pene”. O usa analogías como: “La sensibilidad de la vagina es similar a la de los testículos del hombre. Por eso casi siempre sientes más placer con la estimulación clitoriana”. Una consulta sobre las mejores posiciones en el sexo anal puede derivar en recomendaciones sobre cómo manejar el tema de las suciedades que a veces acarrea... y culminar en una sugerencia de coprofagia. “Puede gustarte”, le dice al consultante, que se queda mudo.
Siempre, dice, trata de hacer hincapié en el placer femenino, que le parece más importante porque todavía está relegado. “No es culpa tuya”, le dice a Leticia de México, que está frustrada porque su pareja tarda mucho en eyacular. “Es posible que él tenga un problema de eyaculación retrasada, que puede ser causado por cientos de circunstancias, incluso la ansiedad: cuanto más quiere eyacular, menos lo logra.” Y enseguida les recomienda vibradores o cualquier otro juguete para amenizar. El siguiente consultante tuvo una erección impresionante cuando su pareja estaba usando un dedo para la penetración anal, y está preocupadísimo porque cree que puede ser homosexual. “No –le dice Alessandra–, es sólo que hay terminaciones nerviosas en el ano que provocan placer (especialmente en el hombre), sobre todo cuando se roza la próstata. La orientación sexual se define por la preferencia sexual, no por el comportamiento”, le explica al angustiado Teófilo de Costa Rica. “Adelante, y sigan con los juguetes que son tan bellos.” Más tarde habla con un eyaculador precoz. Primero le recomienda que consulte a un especialista. Cuando el chico le dice que su problema sólo acontece en las primeras relaciones sexuales, que cuando la pareja se afianza ya eyacula en tiempo y forma, Alessandra entiende que se trata sólo de nervios, y le da un tip: “Antes de la primera cita, mastúrbate. El segundo round siempre es más largo que el primero. Es regla general”.
Alessandra tiene 29 años, es de Puerto Rico, y antes de ser sexóloga mediática estudiaba francés y, según dice, pensaba en pajaritos. En la adolescencia, no sabía que existía un campo de estudio del tema más formal; la sociedad puertorriqueña sigue siendo muy conservadora y no tenía dónde evacuar su vocación. Averiguó, y se fue a Estados Unidos, donde se graduó en el Institute for Advanced Study of Human Sexuality, con títulos en educación sexual, sexología clínica, erotología, prevención de enfermedades de transmisión sexual y reestructuración de actividades sexuales. En este momento está completando el doctorado. En sus consultas privadas hace terapia de pareja y también atiende a homosexuales, pero llama la atención que muy pocos la consultan en su programa de TV. Lo atribuye a que ella está al aire en un canal que no está dirigido al público gay. Pero siempre se las arregla para meter bocado, y desviar alguna pregunta hacia otros territorios sexuales: el programa y el canal está dirigido a mujeres heterosexuales, pero ella no tiene por qué atenerse a esa limitación. Debutó en televisión en 1999, casi de casualidad, y desde entonces tiene un segmento fijo en Univisión (Teleonce de Puerto Rico), y trabaja en un consultorio privado en su país y en Estados Unidos, además de dar conferencias y charlas, y escribir columnas en medios locales. Pero, dice, en sus consultas no ve grandes diferencias culturales entre latinos y norteamericanos. “Aunque de la boca para fuera los norteamericanos son más liberados, la desinformación sexual es similar.”
Pero tiene que haber alguna diferencia.
–Sólo de foco: en Estados Unidos le dan más importancia al placer. América latina es muy católica, y el sexo aún es considerado por gran parte de la sociedad como un medio para la reproducción, no para el placer. Todo el mundo sabe cómo tener hijos, pero pocos saben cómo disfrutar.
¿Cuáles son las consultas más frecuentes?
–La clásica de las mujeres es la dificultad para llegar al orgasmo, o que nunca los han tenido, o que no tienen tantas ganas de tener relaciones como sus parejas. Yo insisto en que no existen las mujeres que no pueden tener orgasmos; en todo caso, son pre-orgásmicas. Los hombres, claro, casi siempre están preocupados por el tamaño del pene. Todos están frustrados, todos creen que lo tienen pequeño. También el control eyaculatorio, especialmente la eyaculación precoz. Son los problemas casi excluyentes.
¿Con qué mitos te encontrás en el consultorio?
–El más frecuente es la creencia de que cuando el hombre eyacula, se terminó el coito; es una regla que muchas personas aceptan como cierta. Otro, que la penetración es el momento de mayor placer para la mujer; es increíble que muchas aún hoy ignoran la función del clítoris, y ni hablar de los varones. Otro mito es que el orgasmo simultáneo es el mejor, que si no llegan juntos la calidad del orgasmo no es la misma. Cuando, en realidad, acabar juntos es muy difícil y no tiene por qué ser mejor. Y después el mito del tamaño: está instalado que cuanto más grande sea el pene, mejor. Y es falso, a muchas mujeres les resulta molesto y tienen problemas para mantener relaciones, porque sienten dolor.
¿Resulta raro ser una sexóloga mediática?
–Bueno, llama la atención y despierta curiosidad, pero mi misión es que deje de ser así. He tenido en más de una ocasión llamadas obscenas muy graciosas de hombres que piensan que una mujer joven que habla todo el tiempo de sexo está todo el tiempo excitada. Y yo no me caliento ni más ni menos que nadie. Soy de lo más común.

Confidencias va de martes a viernes
a las 23 por Cosmopolitan TV
y se reciben consultas en
[email protected]

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