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Domingo, 3 de noviembre de 2013

> LA CONFERENCIA DE PRENSA DE LOU REED EN ARGENTINA

Esperando al hombre

Cuando tocó por primera vez en Buenos Aires, en septiembre de 1996, Lou Reed accedió a hacer algo inédito: conceder una conferencia de prensa. Radar reproduce sus mejores respuestas.

Cuando comenzó, el rock fue una música revolucionaria. En tu opinión, ¿qué es lo que expresa el rock hoy en día?

–Bueno, quizá fue revolucionario en el sentido de que desplazó a otra música que había. Eso que fue algo bueno porque no era música atractiva. Pero otras clases de música siguieron andando bien, como la música negra, a la que llamaban música de raza. El rocanrol ayudó a sacar a la luz eso, porque se convirtió en una forma aceptada. Pudo haber sido revolucionario en el sentido de que nadie lo había escuchado antes. Pero en otros aspectos sólo rascó la superficie de lo que podría haber sido. En los viejos tiempos, a la música pop le decíamos pan lactal, porque no tenía sustancia, pero el soul, la música negra, el gospel y el jazz, puestos frente a frente y aliados, se convirtieron en un híbrido llamado rocanrol, que aflojó las cosas un montón.

¿No te parece revolucionario que el rocanrol le cambie la vida a una persona, como describís en tu canción “Rock’n’Roll”?

–Eso es algo idealista que escribí: que la música le cambiara la vida a alguien. Le pregunté a Vaclav Havel (poeta y presidente de Checoslovaquia) si la música puede cambiar cosas y me contestó que es la gente la que cambia las cosas. Pero yo creo que la música puede cambiar a las personas o quizá guiarlas en cierta dirección. A veces creo que nada puede cambiar a la gente, porque siempre hubo gente desagradable que escucha esta misma clase de música. Por otra parte, si sos una persona con ojos rojos y creés que sos la única, y escuchás una canción por la radio que hizo alguien con ojos rojos y que habla de que hay un planeta entero de gente con ojos rojos, la música te cambiará. Inmediatamente.

En el año ’88 circuló el rumor de que querías venir a tocar al concierto de Amnesty en la Argentina, interesado por los derechos humanos en la Argentina y Chile. ¿Fue cierto?

–No puedo acordarme de 1988. Hubo varias veces en que iba a venir, pero por una razón u otra no se dio. Generalmente fue por razones de agenda. La última vez que se suponía que iba a venir, me rompí la pierna durante un concierto. Hay aún muchos lugares donde todavía no toqué. Yo amo tocar frente a la gente, eso es lo que les gusta a los músicos. No nos gusta tocar sin público. Y además es bárbaro ir a un lugar nuevo. Hay países que se interesan ahora por esta clase de música y no habían estado tan interesados antes. Eso es muy bueno para mí, obviamente.

¿Cuál es tu disco favorito?

–Oh, no sé. Siempre prefiero el último, porque ahí se nota todo lo que aprendí de los anteriores. En cada disco que hice me sentí un poco más cercano a tener el sonido y la performance, todos esos elementos... Porque el disco es sólo una de las veces en las que hacés la canción. Si la canción hubiese sido grabada dos horas o una semana más tarde, sería diferente. La gente no parece entender que todo lo que está escuchando es un momento en particular. No es necesariamente la forma en que la canción termina, porque las cosas continúan cambiando. Es sólo un momento en el tiempo. Pienso que tocar en vivo es mejor que el disco. Para mí, el disco es sólo un momento pasajero, pero la canción respira al tocarla en vivo, y siempre trasciende al disco.

¿Y discos de otros artistas?

–Probablemente mi preferido es un disco de Ornette Coleman llamado Change Of The Century, porque hay una canción llamada “Lonely Woman”, que es la más hermosa canción que haya escuchado, con la más deslumbrante musicalidad.

¿Quiénes fueron las personas que más influyeron en tu carrera?

–Tuve una gran influencia de un escritor llamado Delmore Schwartz, también de Andy Warhol, de William Burroughs. También tendría que nombrar a Ornette y a Jimmy Reed.

¿Qué compartiste con ellos?

–Simplemente me gustan, no sé por qué. Siempre estuve muy impresionado por la habilidad para construir sonidos increíblemente visibles con palabras muy simples.

¿Ves a Nueva York como un país aparte o como parte de los Estados Unidos?

–Yo la veo como un país aparte. Pienso que deberíamos tener impuestos más bajos. Y nuestro propio ejército.

Recientemente, en la entrega de premios de MTV, Neil Young hizo una versión de “The Needle and the Damage Done” (una canción que habla sobre el daño producido por la heroína) y se refirió al consumo de heroína, que parece haber vuelto a la escena musical norteamericana. La industria se preocupa por frenar un poco ese consumo. ¿Qué opinión tenés de estos esfuerzos?

–No sé, no soy un experto en esto. Creo que en realidad nunca se fue el hábito, lo que pasa es que cada tanto muere alguien famoso y todos dicen: “¡Oh!”. Dicen (mueve la cabeza y pone una voz de falsa preocupación): “¿No es terrible?”. Pero realmente creo que las drogas deberían ser legalizadas. Que sean fáciles de conseguir les quitaría el glamour. Pero no creo que se deba sermonear a la gente sobre nada, ni decir a la gente –y ciertamente yo no lo haría– “No hagas esto”, “No hagas aquello”.

¿Cuál es tu relación con la industria musical?

–¿Cuál relación? Lo único que me interesa es poder caminar sin chocarme con las sillas.

Cuando apareció The Velvet Underground, ¿había un concepto para la música que hicieron o fue producto de las personalidades de los que lo integraban? Porque era música muy adelantada a la época...

–Oh, sólo fue una gran combinación de gente. Pero yo estaba escribiendo todo aquello sobre lo que consideraba que había un vacío, aquello sobre lo que el rock podía tratar, y que no había sido llenado. Y yo quería ser el primero en llenarlo.

La banda fue más reconocida después de separarse que cuando existía. Pero mientras el grupo funcionaba, ¿se sentían adelantados a su época? ¿Esperaban ese reconocimiento que les llegó?

–Siempre pensé que merecía reconocimiento. Y cuanto más rápido, mejor. Porque Sterling Morrison murió y el reconocimiento llegó después. Hubiera sido bueno para él que llegara antes, por ejemplo.

¿Cómo es tu relación actual con John Cale?

–Cordial.

¿Te gustan sus discos?

–No los escuché.

¿Y los de Moe Tucker?

–Oh, amo a Maureen. Amo sus discos, amo su versión de “Pale Blue Eyes”. Es una gran compositora. También pienso que es una de las más grandes bateristas del mundo y es una vergüenza que la gente no lo sepa. Creo que ella inventó un estilo para tocar la batería que combina los tambores africanos, con Bo Diddley, el rock y un montón de cosas. Ella le mostró el camino a muchas mujeres músicas y no tiene el reconocimiento que merecería por eso.

¿Cómo explicás el éxito de sus canciones en países de habla hispana, donde poca gente entiende tus letras?

–No puedo hacerlo, ésa es una pregunta que tienen que contestar los periodistas. Creo que algunas cosas no son necesariamente verbales. La gente se puede comunicar por las emociones. A veces se puede decir cosas a la gente sin decir nada. Ustedes saben eso. Te encontrás con alguien y simplemente tenés el feeling. La música es ciertamente como eso. Si hay gente que no entiende las letras, hay un feeling que sí entiende.

En el momento de componer, ¿cuál es la influencia que ejerce tu conocimiento de literatura?

–Estudié literatura en la universidad, así que tengo ciertas ambiciones para una letra. En el momento en que empecé a escribir pensaba que sería interesante meter esa especie de visión de poeta o novelista en las letras. No había nada que no pudieras hacer por entonces. Había una forma completamente desnuda y podías llenarla fácilmente con el tema que quisieras, porque nadie más estaba haciéndolo. Todavía hoy es asombroso para mí cuán poca gente está escribiendo sobre todas las cosas interesantes sobre las que se puede escribir en una canción de rocanrol. Me resulta muy extraño que los logros aparezcan tan limitados.

¿A quiénes considerás buenos escritores de canciones?

–Morrissey, Elvis Costello, Bob Dylan. Y Leonard Cohen, más por sus letras. Creo que la frase “Amo la cocaína y el sexo anal” es una de las mejores que se puede escribir.

En realidad dice “Denme crack y sexo anal”.

–Mejor todavía. No entiendo cómo la gente no se da cuenta de que hay tanto interesante por escribir. Y es muy valiente escribir cosas como ésa, porque por el resto de la vida, cada vez que hay una conferencia de prensa te van a preguntar (impostando la voz): “¿Realmente te gusta el crack y el sexo anal?”. En el año 2030, Leonard Cohen tendrá una conferencia de prensa y alguien le va a decir: “¿Te acordás de que en 1992 dijiste que...?”.

¿Todavía te pasa lo mismo con la canción “Heroin”?

–No recientemente, pero...

¿Hay algo en tu carrera de lo que estés arrepentido?

–He sido muy afortunado y no cambiaría nada, porque quien fui me hizo estar donde estoy ahora, que es un muy buen lugar. Todos tenemos que aprender de algún modo y yo he aprendido. Así que si estuve arrepentido de algo y deseé que algo no hubiera ocurrido, quizá no estaría tan bien ahora. Al menos, eso es lo que me dijo mi psiquiatra.

Estas preguntas y respuestas fueron publicadas en su momento por la revista La Maga. Entre otros, Martín Pérez y Roque Casciero –que rescató esta nota de su archivo personal– formaron parte de los periodistas presentes.

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