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Domingo, 7 de octubre de 2007

CULTURA / ESPECTáCULOS › POESíA. POETAS NACIONALES Y EXTRANJEROS CON LOS PRESOS DE LA UNIDAD 3

Una intensa luz entre las rejas

Un grupo de poetas que participan del Festival Internacional de Poesía de Rosario, ingresaron esta semana a la Unidad de Detención Nº 3 para intercambiar palabras orales y escritas con los internos que desde 2001 participan del taller Historial de Soledades que coordina Susana Valenti.

 Por Edgardo Pérez Castillo

Cuatro son las puertas que, custodiadas por sus respectivos guardias, hay que franquear para ingresar a uno de los patios centrales de la Unidad de Detención Nº 3 de Rosario. Y si bien los guardiacárceles parecen estar habituados a la circulación del lugar, la mañana del jueves seguramente les habrá resultado más agitada de lo habitual, a partir de la llegada del contingente de poetas que se acercó para intercambiar palabras (escritas y orales) con los internos que participan del taller Historial de Soledades, proyecto que desde mayo de 2001 coordina Susana Valenti y que les permite descubrir en la poesía un "rincón luminoso donde nadie puede hallarnos".

Escrita prolijamente en el pizarrón ubicado al fondo de una amplia sala adecuada para la ocasión (según el evidente testimonio de sus amplias paredes de un blanco renovado, y de su única ventana elevándose con sus vidrios antes inexistentes), la frase se ofrecía como bienvenida a ese grupo de vates que, a partir de su participación en el Festival Internacional de Poesía de Rosario, decidieron formar parte de un encuentro con esos hombres que, privados de la libertad, descubren en las letras un medio desde el cual convertir los sueños en versos, en una vía para exorcizar sus soledades, su pasado y presente.

Lejos de transformarse en una exhibición de especies extrañas -el recluso por un lado, los poetas y su diversidad cultural por el otro-, la reunión se vio atravesada por un carácter general de camaradería y respeto en el que todas las voces tuvieron su lugar. Porque luego de un recibimiento de los internos que conmovió con su aplauso sincero (y que se correspondió, a su vez, con el de los invitados), Valenti ofreció una breve introducción que dio paso a la lectura de poemas.

"No siempre estos lugares concitan el interés de los poetas, hay gente reticente, temerosa, pero lo interesante es venir acá a darse cuenta de lo que es esta población, que es muy rica. Como poeta, en este momento de mi vida me ha marcado para siempre. Disfruto de este espacio, que no es fácil, pero es un espacio de resistencia y de libertad", apuntó la coordinadora, responsable de haber impulsado la edición de tres antologías que contienen las obras de los internos que participan del taller: Entre la oscuridad y la valentía, Condición circular -"A esta cárcel le dicen La Redonda. Y siempre decimos que el interno tiene un camino circular, va al gimnasio, a los talleres y después vuelve a su celda, es muy reducido su camino", explicó Valenti- y A centímetros del día -"Porque esta cárcel está prácticamente en el centro, a centímetros del día, la calle, donde pasa la multitud, pasan los otros", detalló-.

Fue entonces el momento de las palabras escritas, que se corporizaron en ese conjunto de voces heterogéneas, que se hicieron palpables en los acentos, las tonadas, en la timidez de los internos que, aunque conscientes del valor de los invitados, no se privaron de la posibilidad de exponer sus propias creaciones. El primer turno, sin embargo, fue para los invitados, y así pasaron el tucumano Javier Foguet con su poema del arúspice, el bonaerense Eduardo Mileo con el "San Cayetano" incluido en su libro Poemas del Sin Trabajo, la venezolana María Antonieta Flores, el sanjuanino José Campus, las porteñas Nilda Barba, Mora Torres y Teresa Arijón, el uruguayo Jorge Arbeleche y su cálida oda a un añorado guiso de la infancia, Allison Cooke y sus palabras que llegaron desde la Nación Cherokee de Norteamérica, el peruano Renato Sandoval, el español Javier Jover y la cubana Nancy Morejón con sus bellos versos a la hoja de papel, receptora de la inspiración poética.

Pero habría más voces extranjeras en la mañana, como la del ruso Viacheslav Kupriyanov, que luego de una introducción en su propia lengua, leyó la traducción al castellano de un poema dedicado a los pájaros y las jaulas. Por su parte, el colombiano Rómulo Bustos Aguirre rescató la figura del Sensonte (pájaro reconocido por su capacidad de emular cientos de cantos de otras aves) como una vía para hablar del silencio: "A veces, pareciera cansarse de ser tantos pájaros/ y ensaya un misterioso silencio./ Todo su adentro calla, como si se escuchara a sí mismo callando./ Como si descubriera que en su silencio habita otro pájaro, que canta suspendido en su ramal interior./ Es quizás entonces, más sensonte, que el sensonte".

Y si de sonidos silvestres se trata, el guatemalteco Humberto Ak`Abal permitió uno de los momentos más cálidos del encuentro, entonando un poema en su lengua maya k`iche, el "Cantos de pájaros" con el que retrató generosamente una fauna fantástica, siempre mediante sonidos entre vivos y guturales, a través de silbidos y chasquidos. Estampadas en los rostros de todo el grupo, las sonrisas oficiaban como claro reconocimiento a un trabajo sorprendente.

Llegaría entonces el turno de los participantes del taller Historial de Soledades. Silencio, noche, vida e infancia encontraron sus metáforas en las voces de Leonardo, Ariel, Horacio, Néstor y Mauricio, algunos de los representantes de un proyecto que integra y reforma a través de las letras. Proyecto que en la mañana del jueves recibió un espaldarazo de parte de ese grupo de creadores que se determinó a franquear las barreras del desconocimiento para introducirse en ese mundo plagado de límites (geográficos y de los otros). Como Fabián Silva, que a pesar de haber recuperado la libertad decidió volver a encontrarse con sus viejos compañeros de taller y ser partícipe del hecho histórico.

Y ese carácter de inédito no fue pasado por alto por ninguno de los asistentes. "La verdad que es una posibilidad que no te la da nadie, porque nosotros estamos presos, privados de la libertad, porque hemos hecho daño en la calle. Hoy tenemos la posibilidad de escribir y poder compartirlo con gente de otros países es algo muy lindo", reconoció Ariel, mientras que Horacio apuntó: "Es muy importante que poetas del exterior puedan venir a escuchar lo que uno escribe, dentro de este lugar en el cual me encuentro. Por un lado es como aterrador, pero por el otro muy satisfactorio, porque siento como que me expando y que lo que escribo sale hacia afuera, me siento libre".

Figura recurrente, las letras parecen estar instaladas en los talleristas como una vía de escape. "Buscando en el interior de uno encontramos muchas cosas que no podíamos hallar -analizó Javier-. Es ver más allá y decirlo como nos sale de adentro, ver más allá de estos muros, de los guardias, más allá de la muerte, porque en estos lugares está mucho el tema de la muerte. Ahora estando en un encuentro internacional nos muestra que se puede, que tenemos potencial. Que nuestra forma de vivir no era solamente vivir en un lugar marginado, o morir joven".

Entre los poetas invitados, la sensación corría por senderos similares. "Es una experiencia sui generis muy particular -apuntó el guatemalteco Rómulo Bustos-. Realmente debo decir que es la primera vez que vengo a leer a una cárcel. Me habían propuesto otras veces y siempre me he rehusado, porque me parecía que iba a ser una experiencia muy depresiva. Esto ha sido todo lo contrario, ha sido una fiesta. Porque hay un público especial, singular, receptivo y creador en la palabra. Me maravilló en algunos de los textos ese alto sentido de dignidad, de fuerza interior que lo preserva, que le crea una coraza. Realmente, debo decirlo, es una experiencia maravillosa".

"A la poesía la asumo como una búsqueda interior, la búsqueda de ti mismo. Yo, como creo que todos los seres humanos, he plegado un camino que está lleno de confusiones. A veces no sé qué soy realmente, pero cuando quiero saber qué soy, en algún momento que estoy muy confuso, entonces recurro a mi libro de poesía, y ahí me encuentro. Entonces si la poesía es una zona de encuentro con uno mismo, entonces la poesía ante todo es eso, libertad. Porque cuando tú te encuentras a ti mismo es cuando eres realmente libre, mientras tanto no, estás en cárceles de otro tipo. No son las cárceles de hierro, sino las que el mundo te impone. Porque creo que esta época moderna, industrial, es una época de cárceles, de cárceles sutiles, como el dominio de la mass media, la prueba más sutil y peligrosa de las cárceles. Sobre todo porque la gente no sabe que está encarcelada", agregó.

Ya disuelta la ronda que permitió la ordenada sucesión de lecturas, sobre el mediodía el encuentro ingresó quizás en su terreno más rico: el del intercambio anárquico y casual de historias, el de la humilde solicitud de autógrafos para esos invitados que, a su vez, se empapaban de los relatos de sus huéspedes. Orgullosa testigo, Susana Valenti no ocultaba sus emociones: "Estoy más que satisfecha, super emocionada. Yo soy bastante escéptica y digo que uno tiene que partir de la desesperanza y del escepticismo, porque tenés que manejarte con la realidad y a partir de ahí caminar y construir. Esto me demuestra que no todo está perdido".

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Los poetas y poetas-reclusos en el encuentro.
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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