CULTURA / ESPECTáCULOS › LOS GANADORES DEL CONCURSO DE NOVELA DE LA EDITORIAL MUNICIPAL

Un rosarino y dos casildenses

Marcelo Britos, María Laura Martínez y Nicolás Doffo son los ganadores del Premio Musto. Al analizar las obras, salta a la vista que el lenguaje de las dos premiadas es de una bella intensidad poética, en una veta modernista.

 Por Beatriz Vignoli

Un autor rosarino y dos casildenses radicados en Rosario obtuvieron distinciones en el concurso municipal de narrativa Manuel Musto 2010, que organiza la Editorial Municipal de Rosario y que este año estuvo dedicado al género novela. De entre más de 70 obras presentadas, Marcelo Britos (Rosario, 1970) ganó el primer premio por su novela Empalme. Más conocida por su seudónimo de Amanda Poliéster, María Laura Martínez (Casilda, 1968) recibió el segundo por su novela Patas de rana (que, off the record, iba a titularse "Los acuáticos", pero ya hay una de Marcelo Cohen con el mismo nombre). Y a Nicolás Doffo (nacido en Casilda, en 1983), autor de El Molino, le correspondió una mención especial (con recomendación de publicación) de un jurado compuesto por Liliana Heer, Jorgelina Núñez y esta cronista. Heer destacó y defendió la calidad estética de las dos obras premiadas, mientras que Núñez apostaba por El Molino, de la que es preciso señalar que es más sólida como novela. Todas coincidieron en que Empalme y Patas... eran novelas "muy escritas", y sólo se difería en la valoración.

Al analizar las tres obras, salta a la vista que el lenguaje de las dos premiadas es de una bella intensidad poética, en una veta modernista; lo que se debe seguramente a que Britos es discípulo y amigo del poeta Mario Trejo, mientras que Martínez dialoga en su obra (incluso a través de alusiones explícitas) con el "objetivismo lírico" del escritor rosarino Edgardo Zotto. Una lectura en vivo de este autor y de Concepción Bertone en una antigua biblioteca junto al río Paraná, en un día muy lluvioso de la primavera de 2006, inspiró a Martínez, uno de cuyos personajes elige como nick en un diálogo virtual el de Impluvium. Tal es el título del tercer libro de poesía de Zotto, un poeta que tiene a la lluvia y el agua en general entre sus obsesiones. Es en un mundo acuático similar, pero metafórico, donde nadan, bucean, se hunden, se mojan y a veces salen a flote los acuáticos de Amanda Poliéster, esos personajes que se impusieron hace dos años en su imaginación y desde entonces de algún modo se escribieron solos, aunque con mucha reescritura. Así, con frescura, fueron entretejiendo en una prosa ingeniosa y musical sus voces casi indiferenciadas desde sus múltiples puntos de vista (pueden leerse fragmentos de los primeros borradores en su blog, amandapoliester.blogspot.com).

Cuando se le pregunta, Marcelo Britos sabe decir de qué se trata su libro. Es el único escritor édito de los tres y sostiene un riguroso compromiso estético y político: cree en la responsabilidad del arte y la literatura ante lo social. Es militante desde su primera adolescencia, que coincidió con el comienzo de la democracia, y la llamada telefónica de Rosario/12 lo encuentra con las respuestas listas. "Creía necesario hablar sobre el menemismo desde el punto de mi generación, que sufre las consecuencias de desarraigo y desesperanza de ésa a la que llamo la segunda década infame", dispara. En esa década se ambienta el retrato de Lobo, el hijo de un pescador al que las condiciones de empleo precario de la época convierten en un migrante interno "sin rumbo", un jornalero rural que duerme en las estaciones de tren y que cuando el tren es arrasado deviene en sicario y "encarna la tragedia". Los otros personajes son más cercanos en el tiempo. La agonía de Patricia convoca a Maximiliano y a Alejandra, quien según su autor "encarna la esperanza" al buscar su destino en el sur. El título del libro no es la abreviatura del barrio Empalme Graneros sino el nombre de un pueblo de empalme ferroviario a 5 kilómetros de Villa Constitución. En el año 2000 Marcelo Britos publicó Recursos del amor imaginario, un libro de poesía del que hoy reniega. Su primer libro de cuentos, Los dogos, fue publicado en 2004 por Ciudad Gótica. Sus relatos aparecieron en Rosario/12 y en revistas literarias. Es miembro del consejo de redacción de la revista Ciudad Gótica y su segundo libro de cuentos, Alexandria (2007), fue editado en forma conjunta por dicho sello y por la Universidad Nacional del Litoral. Es profesor de Lengua y Literatura egresado del IES Olga Cossetini y enseña en la escuela media. Fue alfabetizador del programa "Nunca es tarde" de la Federación Universitaria Argentina. Una de sus convicciones es que no se puede escribir sin contar una historia y sin hablar de lo que pasó en los últimos 25 años en el país. Empalme fue rechazada por dos editoriales. Pero su prosa es fascinante.

Nicolás Doffo estudia Psicología en la Universidad de Rosario. Tanto él como María Laura Martínez pasaron por el taller de Marcelo Scalona. El Molino (el autor está disconforme con el título, pero no pudo hallar otro mejor; se le había ocurrido Mientras estoy tirado en el piso, entre varios otros) surgió al principio como la imagen de una curandera como líder de un pueblo molinero ficticio de la provincia de Santa Fe cuyo nombre es el título del libro. Durante el proceso de escritura, que fue muy intenso y duró un año, fueron apareciendo otros personajes del pueblo: el médico, el cura, el sacristán, el dueño del videoclub, el cándido Pichón y los propietarios y empleados del molino. Elementos del género policial fueron introducidos con el fin de dar tensión narrativa a la trama. El eje terminó siendo el narrador protagonista, Martín, un estudiante desencantado que vuelve al pueblo natal de la mano de un compañero recién recibido que consigue trabajo como psicólogo. Éste se pregunta cómo es que no hay locos en El Molino y qué ha sido de Glorio, un tipo que se brota y desaparece de pronto. Traccionada por este misterio, la narración fluye sin baches y con una hondura psicológica notable. El amargo humor urbano de Martín se entremezcla con pinceladas costumbristas satíricas o tiernas en un registro coloquial, sin pretensiones preciosistas pero en una novela eficaz, legible y contundente. Los capítulos están separados entre sí por intermedios experimentales, como un cuaderno de aforismos o el borrador de un guión de cine. En página aparte, la mente obsesa del dueño del videoclub construye un diagrama de flujo con los posibles paraderos de Glorio, ese Don Quijote del siglo XXI.

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Marcelo Britos, que publicara en Rosario/12, ganó el primer premio por su novela Empalme.
 
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