CULTURA / ESPECTáCULOS › TEATRO. EL OTRO GALILEO SE PRESENTA EN EL TEATRO ARTEóN.

Estrella de las estrellas

A partir de textos de Bertolt Brecht, Naum Krass le dio forma a un trabajo que muestra el costado humano del padre de la astronomía y física modernas.
Universal, el espectáculo también se enfoca en el cuestionamiento al poder.

 Por Edgardo Pérez Castillo

Algo más de diez años han transcurrido desde que El otro Galileo comenzó con sus funciones matinales para alumnos de escuelas de la ciudad, cuando las instalaciones del Planetario (desde donde surgió la propuesta) funcionaban como decorado. En el tiempo transcurrido, la obra fue presenciada por públicos disímiles, tanto en Rosario como en distintos puntos de la provincia y, también, en España, donde terminó de comprobar la universalidad del relato creado por Bertolt Brecht en su Galileo Galilei. Esta noche, los responsables de llevar adelante la obra volverán a disfrutar de un marco teatral para el proyecto, que a las 21 (y como todos los viernes de agosto) subirá a escena en la sala de Arteón (Sarmiento 778).

Responsable de interpretar (entre otros personajes) al propio Galileo, Naum Krass recuerda nítidamente el debut del espectáculo, que se había ideado para alumnos de escuelas secundarias y debió estrenarse ante espectadores de 4to y 5to grado. La confusión inicial fue finalmente un indicio del enorme atractivo de un trabajo que, con el correr del tiempo, fue aplaudido por públicos diversos. Es que, con El otro Galileo, el elenco --que hoy se completa con Christian Alvarez, Alejandra Zambrini, Gisela Bernardini y Marichi Bernard-- recorrió el norte provincial, abrió en varias ocasiones el ciclo lectivo de la Facultad de Ingeniería (con charlas y debates posteriores) y recorrió España, en "otra experiencia realmente importante", según apuntó Krass a Rosario/12.

"No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar, porque no fuimos a la España glamorosa, sino a la profunda. Estuvimos en Extremadura, donde hicimos 18 funciones, cada una en un pueblo diferente. Llegábamos al pueblo y veíamos con qué nos encontrábamos. En algunos pueblos de montaña actuábamos en el mismo lugar comunal donde agrupaban las máquinas agrícolas, los arados. Después, por invitación de la diputación de Segovia, hicimos unas funciones en la Iglesia de San Nicolás, que es del año 1300. Lo único que queda de la iglesia es el atrio, que nos servía como fondo de escenario. Fue muy intenso. El paso por España fue una experiencia alucinante por el recibimiento, la respuesta de la gente. Y hemos aprendido montañas de cosas", apuntó Krass, quien además dirige esta obra de claro carácter universal.

Para el actor y director, esa universalidad tiene algunas explicaciones: "La figura de Galileo de por sí es atractiva, y nosotros hemos tomado al personaje como lo toma Brecht, el antihéroe total, un personaje vital, sanguíneo, que se equivoca. Que abjura, pero preso de la inquisición logra escabullirse y escribir lo que fue el legado más importante de la física moderna. Creo que lo que atrae del espectáculo es su dinamismo, porque somos cinco actores que hacemos todos los personajes que te puedas imaginar, y que están presentes en la obra. De pronto son cuatro monjes de la inquisición que, con un movimiento, se visten y hacen un carnaval con un títere enorme y cantando canciones populares, burlescas. Pero siempre con un trasfondo crítico. Tomando la estética brechtiana producimos las articulaciones a través de una actriz cantante. Y lo que canta no son pavadas, sino cuestiones que hacen al asunto".

Por su parte, Christian Alvarez completó el concepto, al destacar que "hay un cuestionamiento del poder muy interesante", y remarcó: "Una cosa es tomar la geografía y el contexto de Galileo, pero la gente cuando lo escucha lo hace de acuerdo a este entorno, a este momento, entonces lo va analogando con lo que está pasando hoy. Eso siempre es universal. En un momento Galileo dice 'el poder es el poder, en tu momento o en el mío'. Entonces cada espectador ubica a ese poder a su manera. Puede ser la iglesia, lo político, lo mediático, o incluso el saber, que también es fundamental. Y es lo cuestionador, algo que se le cuestiona también a Galileo: ¿qué hace con ese saber? ¿por qué no se juega a fondo con ese saber?".

"Creo que lo que nos importa de esto es que queda flotando en el aire algo, dejamos plantado algo. La gente no sólo se sienta y goza del momento, sino que se lleva algo. Y a través de las doscientas y pico de funciones que llevamos, es eso lo que nos queda en el cedazo", concluyó Krass.

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Naum Krass se pone en la piel de Galileo Galilei, en una obra que cuestiona al poder.
 
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