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Lunes, 22 de mayo de 2006

CULTURA / ESPECTáCULOS › "CRONICA DE UNA FUGA", LA ESPERADA REALIZACION DE CAETANO

Un descenso al mismísimo infierno

Caetano se aleja de toda actitud reduccionista y en un espacio
a puerta cerrada, que se transforma en la metáfora del infierno,
construye un relato en el que están presentes los interrogantes.

 Por Emilio A. Bellon

"Crónica de una fuga". Argentina, 2006.

Dirección: Adrián Caetano

Guión: Esteban Student, Julián Loyola y A. Caetano

Fotografía: Julián Apezteguia

Música: Iván Wyszogrond

Intérpretes: Rodrigo De la Serna, Nazareno Casero, Lautaro Delgado, Matías Marmorato, Guillermo Fernández, Martín Urruty y Pablo Echarri.

Duración: 120 minutos.

Salas de estreno: Monumental, Del Siglo, Showcase y Village.

Puntos: 8 (ocho).

Como punto de partida, podemos estar en un aspecto de acuerdo: se presenta como todo un desafío el estreno de este film de Caetano, "Crónica de una fuga", en la misma semana, en nuestra ciudad, en la que todas las salas exhiben en más de una sala el mega estreno (a nivel mundial) de la tan promocionada "El código Da Vinci", alimentada su presentación por todo un debate en el campo de la iglesia, que se viene dando desde hace algunos meses a partir del best seller de Dan Brown. En estos días, en que en nuestro país el film de Ron Howard se proyecta simultáneamente en más de doscientas salas, "Crónica de una fuga" compite igualmente en el Festival de Cannes, espacio inaugurado oficialmente con enojosa respuesta del público y de la crítica, por el otro film en cuestión.

Y es el film de Caetano, el que creo, a mi entender, que nos lleva necesariamente a otro debate: el que aún la sociedad tiene pendiente y, que en su conjunto, se esfuerza en distraer; a no ser por la presencia contínua que marcan los grupos de Derechos Humanos, que conforman asociaciones que siguen militando, desde los terribles días, por la dignidad en la búsqueda de la reparación de los valores de la ética y la Justicia. En este film, que se acerca por su tono lacónico y despojado a uno de sus más logradas obras, según lo creo, "Bolivia". Su realizador se aleja de toda actitud reduccionista y en un espacio a puerta cerrada, que se transforma en la misma metáfora del infierno, logra construir un relato en el que siempre están presentes varios interrogantes.

Al seguir con esta línea de pensamiento, tal vez, una de las preguntas que nos formula su director es cómo y hasta dónde representar, sobre un tema que incluye secuestro de persona, tortura y humillación. Al respecto en entrevista publicada a fines de abril en un diario porteño, Caetano afirma: "Desde el punto de vista cinematográfico hay cosas que no quiero mostrar. Aunque está en la película sin verse directamente, al tortura es muy individual en cada persona. Eso no conduce a nada, mostrar el horror puro no sirve". Desde aquí, podemos acercar este film, que está basado en el libro "Pase libre", historia ficcionalizada por una de las víctimas, Claudio Tamburrini (publicada en su exilio en Suecia) a "Garage Olimpo" de Marco Becchis, por su mirada y actitud respecto de los hechos que se narran.

Si en "Garage Olimpo", ya desde el título es el espacio el que juega de amenazante protagonista; aquí igualmente lo es la "Mansión Seré", predio perteneciente en alguna oportunidad a una familia aristocrática, ubicado en el partido de Morón. Y es esta casona, que los títulos de presentación toman como motivo, por los encuadres oblicuos y desestabilizadores, la que será el escenario que pone en juego una trágica mascarada en la que, impunemente el cinismo, la burla y la degradación adquieren el nivel de recepción de lo intolerable. Pero, a diferencia de la tan exitosa "La noche de los lápices" aquí las escenas de horror, aquellas que laceran al ser humano, no están vistas de frente: un calibrado fuera de campo nos aleja de todo hecho actuado en directo, nos lleva a reconstruir desde sonidos y actitudes un microcosmos, que reproducía otros tantos; mientras tantos individuos de esta sociedad seguían afirmando que a ellos no les pasaba nada. Y que en tal caso, por algo sería. Esto sí, se puede observar a partir de algunas respuestas que escucharemos por boca de algunos ocasionales personajes, atentos a otras cuestiones y dominados por una actitud indolente.

El film de Caetano, obra de un diálogo y solicitud con dos productores, Oscar Kramer y Hugo Sigman parte de aquel libro citado anteriormente y el guión se fue armando con los testimonios de cuatro sobrevivientes, quienes, actualmente, según rezan las leyendas finales, viven en el exilio. De manera no cronológica (y esto se puede pensar como todo un hallazgo), el film recorre ese año y medio en el que estas personas, que no se conocían hasta ese momento de llegada, por distintas acusaciones están allí; obligados y sometidos a un continuo y progresivo despojo de identidades.

Narrado el film en una clave que oscila entre "el film de género" y la crónica-testimonio, esta singular realización nos muestra en su prólogo, previo a los títulos iniciales, el accionar de los grupos de tarea, entregados a acciones violentas y actos de pillaje. Siempre, en un segundo plano, respecto de los interrogatorios familiares, se ven manos volcadas a apoderarse de lo ajeno; algo que, como ya dieron cuenta los informes periodísticos llevó a que muchísimas familias perdieran todos sus bienes.

Con una iluminación que nos recuerda la paleta de algunos artistas que han elegido una composición barroca, "Cónica de una fuga" adquiere altas notas de cinismo y patetismo en la secuencia del rezo, en donde las palabras del "Padre nuestro" transforman a los prisioneros, secuestrados, en protagonistas de un escabroso martirio. En ese clima en el que se apunta a que la delación se transforme en la moneda de cambio el espacio, el clima opresivo, adquieren la fuerza de una historia gótica, poblada no ya de gritos sobrenaturales, sino de voces que viven en un estado humillante de desesperación.

Si hay algún punto, a mi entender, en donde se pueden observar ciertos desniveles, en esta historia que se arma en base a silencios y voces delatoras que llevan a todo un replanteo sobre aquellos años, es en el de la composición actoral; particularmente, en lo que compete al rol de Pablo Echarri, muy cercano a los villanos de caricaturas; cuyo bigote, el movimiento del mismo lo transforma en un archiestereotipo. Y si el film fue posible, y si la historia aún puede debatirse, es también porque en nuestro país, como lo señala el mismo Caetano, tuvo lugar, de manera inédita, el juicio a las Juntas Militares, situación paradigmática y que marcó el inicio de los nuevos tiempos, hecho jurídico e institucional olvidado, algunas veces, por el discurso oficial de hoy.

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Echarri -casi un villano de caricatura- y De la Serna componen los personajes centrales. El film narra en una clave que oscila entre "el film de género" y la crónica﷓testimonio.
 
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