CULTURA / ESPECTACULOS › DANZA. ANDREA SERVERA PRESENTARA EN LA COMEDIA COMO UNA NIEBLA

Bailar para vencer a la gravedad

La coreógrafa y bailarina bonaerense llegará a la sala de Mitre y Ricardone con una puesta de profundo tono autobiográfico, donde a partir de la danza y el video relata los sentimientos que la atravesaron tras un grave accidente.

 Por Edgardo Pérez Castillo

De un profundo tono autobiográfico, Como una niebla es la última creación de Andrea Servera, la bailarina y coreógrafa bonaerense que luego de un grave accidente automovilístico y de un prolongado proceso de recuperación pudo darle forma a un trabajo en el que música, video y movimiento se conjugan en una puesta que se corre de lo puramente dramático. Esta noche, y por primera vez en la ciudad, Servera presentará su creación en La Comedia, en una función que dará comienzo a las 21 y que se enmarca en la Celebración Anual de la Danza 2013.

En diálogo con Rosario/12 la artista brindó detalles sobre el proceso de creación de una obra que, a pesar de estar inspirada en un momento traumático de su vida, "tiene algo muy luminoso y esperanzador". "Yo estoy viva, estoy bailando. Y desde el principio para mí la danza es muy trascendental, entonces siempre estuvo presente por más que lo que me pasaba tenía que ver con mi cuerpo, con la imposibilidad de moverme --apuntó--. Los médicos me decían cosas muy feas sobre lo que no iba a poder hacer. Pero me fui encontrando con otros médicos con una visión diferente, que me decían que tenía que ser feliz, que tenía que seguir bailando. Todavía soy joven, tuve un reemplazo de cadera, soy re activa. El cuerpo del bailarín no tiene que ser perfecto. Eso lo sé, claramente. Y a mí la danza me salvó: soy muy flaquita y quedé atrapada en un espacio mínimo. Después en terapia no paraba de mover las piernas, algo sobre lo que médicos se sorprendían, hasta que se enteraban que era bailarina. Había algo en el deseo de recuperarse. Esas situaciones dependen del empuje que uno le ponga y yo tenía mucho deseo de estar en pie, de expresarme con el cuerpo, que es mi lenguaje y siempre lo fue".

Y si bien el accidente y la posterior recuperación no afectaron a la productividad artística de Servera, debería transcurrir algún tiempo para que pudiera traducir todo ese proceso. El primer paso, entonces, fue el de crear el mundo sonoro de aquella experiencia, tarea que abordó junto a su marido, el músico Sebastián Schachtel (integrante de La Portuaria y Las Pelotas).

"El estuvo muy cerca de todo el proceso del accidente, entonces empezamos a probar cosas con los sonidos que me remitían al resonador, a los aparatos de terapia, a la fantasía de los momentos más extraños que a uno le pasan en una situación tan extrema, con la morfina, las drogas hospitalarias. O con el hecho de estar en terapia, donde todo el tiempo hay luz, gente, donde se pierde la noción del tiempo. Salí de todo eso con muchas fantasías sobre la realidad", precisó Servera.

Y detalló: "Empezamos a jugar con la música, de hecho las músicas son sobre el metal, por el accidente, sobre la sensación de quedar atrapado. Después hay una escena que se llama 'Morfina', que es muchísimo más placentera desde lo sonoro. Hay otra, 'Resonador', que es mucho más violenta, uno detesta los exámenes y tiene que ver con ese aparato. El trabajo vino desde ese punto de partida. Después empezamos a trabajar ideas visuales, buscando cómo trasladar eso a imágenes, poéticamente, sin ser literales".

Finalmente llegó el turno del movimiento, donde Servera trabajó sobre un concepto bastante radical. "Tenía la idea de trabajar con la gravedad, hay un trabajo fuerte con el suelo, a partir de la posibilidad de estar en ese estado sin verticalidad. Tiene que ver con no luchar contra la gravedad, sino entregarse. Investigamos mucho en ese proceso de movimiento. De alguna manera es como una caída. Es como si fuera una caída en el espacio, hasta que logramos poner los pies sobre el suelo".

La experiencia para Servera y sus compañeros --Mariela Puyol, Yesica Alonso, Nelson Simonelli y Nelson Barrios-- es intensa. "Perdemos la noción espacial cuando la hacemos, perdemos noción de dónde está el público. Es un estado físico y emocional fuerte el que pasamos ahí adentro", reconoció la coreógrafa, que con su relato fue guiando el proceso creativo.

"Los ensayos fueron muy especiales, yo les contaba cosas en relación a lo que me pasó, a esto de sentirse fuera de los tiempos. Por ejemplo, un día tuve que ir a hacer un trámite con las muletas, en subte, viendo cómo la gente te atropella. Vos estás lento, vas a otro tiempo. Para un bailarín todo éso significa un montón de información muy posible de trasladar al movimiento. Uno está todo el tiempo conectado con lo motriz, con las sensaciones. Era bastante sencillo contarles percepciones mías, médicas, psíquicas, de los huesos, o la gravedad, y que eso fuera llevado al movimiento de manera bastante orgánica. Hablábamos un poco y bailábamos mucho tiempo en relación a estas sensaciones", explicó sobre una obra que, aunque autobiográfica, "se vuelve universal".

"La gente me ha referido a cosas muy propias, más allá de que pueda emocionarse o entender que se está hablando de algo como el accidente. La intensidad te lleva a un viaje bastante personal", concluyó.

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Andrea Servera escribió y dirige una puesta sumamente personal, que además protagoniza
 
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