CULTURA / ESPECTáCULOS › MADRE CABRINI REPONE UN ITALIANO EN CHICAGO, SOBRE "L'AMéRICA" SOñADA

Una peli del entrañable Ettore Scola

La sala de avenida Pellegrini ofrece hoy una perla del anciano director, de 1971. En clave dostoievskiana, el protagonista representa a un boxeador en las vicisitudes de la marginación del subproletariado en uno de los círculos del infierno.

 Por Emilio A. Bellon

A las 20.30, tras la visión del western de Anthony Mann (todo un nombre del género), La última frontera, con las actuaciones de Victor Mature, Robert Preston y Guy Madison, se podrá ver, en la familiar sala Madre Cabrini, Avda. Pellegrini 669, uno de los más olvidados films del hoy octogenario y admirado realizador Ettore Scola, cuya labor como guionista data de principios de los años '50 y su primer film, en carácter de director, -Se permettete, parliamo di donne (Hablemos de mujeres)-, interpretado por Vittorio Gassman nos lleva a 1964.

El film que podremos ver esta noche data de 1971. Así, un año despues de que Scola estrenara Celos estilo italiano, con Marcello Mastroianni, éste volverá a actuar para el mismo Ettore Scola en un grotesco filmado no ya en ciudad italiana alguna, sino en la misma Chicago.

Tal es el film que esta sala anuncia para hoy: Un italiano en Chicago, cuyo nombre original recupera el vocablo de su primer film: "Permette" Rocco Papaleo, y que aborda en el mundo de aquellos años las vicisitudes, la indiferencia, que debe afrontar y soportar nuestro protagonista, cuyo nombre señalamos y que como tantos otros inmigrantes un día, él también, soñó la América.

Con guión del propio Scola y de su habitual colaborador Ruggero Maccari, el film que hoy anunciamos nos coloca frente a un personaje que representa la marginación del subproletariado; ahora llegado de otras tierras, de conducta tan inocente como la de un cordero, que de pronto se ve inmerso en uno de los círculos del infierno. De esta manera, desde esta apreciación que el mismo Scola considera de raíz dostoievskiana, su personaje comenzará a modificar sus conductas como jamás había pensado.

Desde su condición de ex boxeador, Rocco fue igualado por la crítica al personaje que Mastroianni ya había compuesto en el film anterior de Scola, el de Oreste, un albañil, que vivirá como rival a un pizzaiolo, rol que asume Giancarlo Giannini, frente a la bella Adelaida, una seductora florista, lectora de novelas con finales felices y adoradora de astros de la pantalla. Y en su inicial inocencia, encontramos en Rocco un cierto parentesco con el personaje de Gelsomina de La Strada, de Federico Fellini y el de Totó, el de la ya mítica y fabulesca Milagro en Milán de Vittorio De Sica.

Lejos de ofrecer una mirada turística, el film de Scola nos acerca a un recorrido urbano que nos lleva a recordar momentos de dos films del director inglés John Schelesinger (1926-2003) Perdidos en la noche del 69 y Como plaga de langosta, estrenada cuatro años después.

Marcello Mastroianni es considerado uno de los más grandes talentos actorales de la historia del cine. Y en este film, en el que su labor fue destacada por la crítica, pese a que el gran público le dio la espalda, actúa junto a Lauren Hutton, Tom Reed, Margot Novak, Umberto Travaglini y Pompeo Cappizano.

En conferencia de prensa, Scola, quien por lo general ha rodado sus films en Italia, y está al igual que Mr. Sabbatini dónde está?, filmada en Africa, son ciertamente las excepciones, comentaba, entonces, que la elección de Chicago, en lugar de Nueva York, obedecía a la necesidad de desvincularse del estereotipo y al mismo tiempo reconocer un espacio más cercano al ámbito provincial. Enfatizaba además, (¿qué diría hoy?), que en el país del Norte la primera pregunta que siempre le hacían era respecto de cuánto ganaba al mes. Y denunciaba que sentía una verdadera indignación frente al rechazo que gran parte de la población, a través ya de los pequeños actos cotidianos, experimentaba hacia los negros, portorriqueños, los mismos italianos, del sur, que aún no habían encontrado un lugar.

A más de cuarenta años de su estreno, este film que no figura entre los más comentados de su realizador, nos permite ya desde el título tratar de comprender ese intento de acercamiento por parte del que recién llega. "Me permite, me llamo...", parece decir el mismo, el que no es respondido, no es atendido, el que es ignorado.

Tal como en la mayoría de sus films, Ettore Scola, nacido en un pequeño pueblo de la zona cercana a Nápoles, mira en sus films, a seres marginados y olvidados, excluidos y estigmatizados. Pero no lo hace desde un gesto, desde una mirada superior, desde una actitud de conmiseración; sino que le otorga el mismo lugar, la misma altura, que a sus otros personajes. El mismo Marcello será ese conductor radial Gabriele, quien será separado del medio y confinado al sur, en los años del fascismo, por su homosexualidad. Y en ese día, de 1938, en el que Hitler y Mussolini se encontrarán en la Plaza del Foro y sellarán un nefasto acuerdo, conocerá a su vecina, Antonietta, silenciada en sus tareas domésticas, reducida a su condición de sujeto procreador y a los mandatos de su marido. Todo ello, el despertar al asombro y a la ternura, en este film del 77, para Mastroianni el rol más amado de su filmografía, junto a su amiga Sofía Loren, en Una giornata particolare. En su libro Sí, ya me acuerdo declara: "Para mí, este film sigue siendo un ejemplo de cine verdaderamente extraordinario, puro. Una obra maestra".

Un 19 de diciembre de 1996, pocos días antes de Navidad, y sin haber podido realizar aquel film de un Tarzán ya envejecido, fallecía Mastroianni luego de haber dejado una huella en la pantalla, por más de cuarenta años. Su último film Viaje al principio del mundo, de Manoel de Oliveira, tiene ese carácter de recorrido proustiano, de tiempo de la memoria. Filmado en Portugal, donde pocos años antes había dado vida al personaje de Pereira, creado por el siempre presente Antonio Tabucchi, al lado de este eximio maestro, de este tan reconocido director, quien en la actualidad, a la edad de ciento cinco años sigue filmando.

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El gran director desanda un recorrido urbano desde la mirada de seres olvidados.
 
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