CULTURA / ESPECTáCULOS › RAZONES DEL POR QUé DEL éXITO DEL FILM ARGENTINO MáS TAQUILLERO DE LA HISTORIA

Otro capítulo de nuestra mitología

Desde un afiche que recuerda al del serializado film del nuevo Hollywood, "Los indestructibles" de Syvester Stallone, el ultrataquillero "Relatos Salvajes", camino al Oscar, propone un cínico divertimento desde una actitud astuta y manipuladora.

 Por Emilio A. Bellon

En estos días, y a partir del estreno de "Relatos salvajes" tras su presentación en el Festival de Cannes, y posteriormente en otros en los que el film despertó una recepción desigual, gran parte de la sociedad argentina experimenta ese placer anticipado de que el film del guionista y realizador Damián Szifron es uno de los firmes candidatos al Oscar a la mejor película extranjera, al Premio Goya, tal como así han apostado sus productores.

Frente a expresiones puesta en boca de funcionarios de que tanto el Papa como Lionel Messi son argentinos alguna vez ocuparon este lugar el tan controvertido Diego Maradona, el vitoreado Carlos Monzón , otra estatuilla lustrosa y dorada se sumaría a esta galería que tanto hace feliz a los administradores de turno. Claro está, la distribución internacional y garantizada a cargo de la Warner, ya de antemano, a diferencia de tantos films latinoamericanos que ni siquiera pasan de la semana en cartel, resulta de un estudio de mercado, con una proyección internacional y un andamiaje publicitario que los films de otros realizadores ni siquiera conocen. Más aún deben desaparecer en silencio a la sombra de films como estos, taquilleros por su condición de cine de fórmulas, convencional en su narración, pese a ser desaforados en sus picos extremos, hábilmente calculados.

El pasado once de diciembre, en Italia, el film se presentó en sesenta y cuatro salas. Y desde hace dos meses ocupa la cartelera despertando una inusitada euforia en varias ciudades de España. Me pregunto por aquellos films que, tras presentarse en el cine Gaumont, kilómetro cero del Espacio INCAA, ni siquiera cruzan y van más allá de la General Paz. Si supiéramos los que vivimos aquí, en Rosario, cuánto de los films de los jóvenes realizadores no llegamos a conocer en nuestros espacios (eventualmente los cines El Cairo y Arteón lo permiten) quedaríamos tristemente asombrados por tan perversa política de exhibición.

Gran parte del público, a la salida del cine comentaba sobre el film de Szifron ya de manera catártica: "Es un reflejo fiel de los que toca vivir", "¡Y viste sólo nos queda!", "claro, es así, la ley no funciona; son todos unos corruptos, entonces ¿qué te queda?".

Pienso entonces en relación con el episodio número cuatro, "La propuesta", interpretado por Oscar Martínez, María Onetto, Osmar Nuñez y Germán De Silva en el que todos los personajes finalmente están movidos por los mismos intereses, sean estos, el empresario, el abogado, el fiscal, el casero jardinero; todos ellos, en un siniestro pacto de complicidades; salvo, en un instante, la voz del hijo que quiere dar la cara. Pero hasta ahí. Pienso, y para mí uno de los más reflexivos films del año que ya cierra, en el film rumano "La mirada del hijo" de Calin Peter Netzer, en "El capital humano" de Paolo Virzi, en el film argentino, que sólo permaneció algunos contados días en cartelera, "Sin retorno" del 2010 de Miguel Cohan.

Cuando en un film todos sus personajes actúan de la misma manera, cuando están nivelados a partir de los mismos intereses, cuando todos pactan y no hay voz disidente alguna, estamos ante un film de tesis.

Ni una sola voz, sino un interesado acuerdo de complicidades. Y si el mundo es así (como si una obra pudiera captar la totalidad de la vida misma), lo único que nos queda es cerrar la puerta a los hechos o silenciar los actos movidos por la venganza de propia mano, como lo resuelve obscenamente, desde mi parecer, el personaje que empáticamente interpreta Ricardo Darín en la tan taquillera, exitosa, multipremiada, "El secreto de sus ojos" de Juan José Campanella.

¿Aceptar que el mundo es así?. Aquí sí sería importante volver la mirada sobre la obra de Roberto Rossellini, Joseph Losey, Bertrand Tavernier, Ettore Scola, Francesco Rosi, el mismo Mario Soffici, los Hermanos Dardenne, Ken Loach, Luis Buñuel, Fritz Lang, entre otros, y hasta el mismo Alfred Hitchcock que ubicaba al espectador en esa zona fronteriza en dónde lo llevaba a vivir sus propios dilemas. En uno de los momentos finales de "Vivá la libertá" de Roberto Andó, un realizador japonés le muestra una grabación al fugado funcionario político, en la que Federico Fellini expresa de manera contundente su posición ética. De manera inmediata, el mismo director le comenta con tono pausado: "Fellini luchó toda su vida para que la indecencia no se vuelva algo natural".

A partir del primer episodio, "Pasternak", que funciona como prólogo del film y en el que cabe el asombro, el artificio fílmico, Damian Szifron, igualmente autor del guión, descarga de manera progresiva toda una serie de estereotipos, lugares comunes, planos efectistas, deliberada truculencia, que empujan, desde una actitud demagógica, a la risa fácil, a la carcajada y al aplauso.

En "Las Ratas" la figura de la cuchillera se exhibe desde el molde de la psicología de la apariencia, de los rasgos físicos, de los que no podrían ser jamás honorables personas. A partir de una acumulación de componentes que despiertan rechazo, quedan enfrentadas dos posturas, la joven y frágil camarera del lugar frente a la figura obesa, con pasado `carcelario, de mirada fulminante. Y sobre el final el brilloso charco de sangre, expandido, destacado con plano publicitario.

¿Justicia por mano propia?. En el film de Damián Szifron la misma se pasea orgullosamente a lo largo de todos los relatos. Y claro, en la ruta, los actos del personaje que vive en un pueblo del norte de nuestro país deben ser literalmente más escatológicos que los del señorito de Capital. Invito al lector a que recorra con su mirada, a que se detenga en el accionar de uno y de otro, pese a que el último plano burdamente los lleve a sonreír mejilla a mejilla. Y sobre este cierre, que mueve a tantas risotadas, mucho más podríamos decir.

Arrullado por la gran acogida del film, Damián Szifron parece haber olvidado un detalle. Y no menor. En tanto apunta a identificar este film con "la realidad que nos toca vivir" (lamentable su postura de la ausencia del Estado), descuidó algo en relación con algunos de sus personajes. Y es que hemos leído en numerosos medios que cuando parte de ese público que se divirtió con este film se encuentra frente a Darín, ya no lo llama por su nombre, sino, desde la empatía, como "Bombita". Y en más de una oportunidad el tan hiper valorado actor ha tenido que aclarar que él no hubiese reaccionado así, sino que hubiese acudido a la justicia.

Claro. Y el broche de oro, armado con citas tarantinescas, bizarro y repetitivo en sus supuestos gags, previsible hasta más allá del límite, lo marca desde mi punto de vista, "Hasta que la muerte nos separe" que apunta al gran final a todo orquesta. Todo calculado en función de una carcajada manipulada y de la exclusión de todo acto reflexivo.

¿Es posible que a lo largo de sus más de dos horas, este film igualmente producido en parte por los hermanos Agustín y Pedro Almodóvar, no habilite al espectador a pensar algo más allá de lo literal, de lo obvio, de lo subrayado tantos veces y que permita asomar una mirada ética?. Simultáneamente pareciera que Damian Szifron dejó de lado algunos de los principios de la obra de arte, tales como la alusión, la metáfora. Y en el cine, el fuera de campo. En reunión de amigos, comentábamos la noche del sábado, a partir de la secuencia final de "El escritor oculto" de Roman Polanski, el poder que tuvo ese desenlace desde el trabajo con el sonido y las hojas de esos escritos al viento, rodando por la calle. Sólo eso y la capacidad de que el espectador pueda plantearse sus propias construcciones, que pueda abrirse a interrogantes.

Pero claro está, ¡qué importante sería sumar otro Oscar a los estantes de una olímpica galería de personajes y acciones que lleven a afirmar que ya no sólo el Papa, Lionel Messi, sino también el mismo Damian Szifron legitiman este espejismo de ideas de que Dios, en la sociedad de hoy, está del lado de los argentinos!.

Y con ello, a seguir domesticándonos ya en la vida cotidiana, de que cuántos más mitos triunfalistas vayamos esculpiendo, más fuertes y reconocidos, más aplaudidos, podemos llegar a ser. Los funcionarios de turno bien conocen este juego estratégico a la hora de exhibir los trofeos que, por decreto, apuntan a identificarnos.

Y mientras tanto, ya no resulta obsceno ni despierta asombro la miseria, la desocupación. Y hasta la misma violencia, sea individual o de grupos está aceptada como la moneda de cambio de todos los días. Pareciera que no sólo en el fútbol, el orden religioso; sino también, la misma Violencia son motivo de adiestrada admiración.

Sobre el final, quisiera volver sobre el plano que cierra el film de Lita Stantic, "Un muro de silencio", de principios de los 90. Y el que igualmente deja al personaje suspendido en "Match Point" de Woody Allen, tras haber cometido un condenable acto homicida.

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Sbaraglia en una de las escenas más violentas que tiene el largometraje de Damián Szifron.
 
ROSARIO12
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