CULTURA / ESPECTACULOS › MUSICA. MAñANA SE PRESENTA EL IGNACIO MONTOYA CARLOTTO SEPTETO

La identidad del compositor

A poco más de un año de haber sido reconocido como nieto biológico de Estela de Carlotto, el pianista y autor llegará a la ciudad para presentar un proyecto musical donde sintetiza un extenso y comprometido camino artístico.

 Por Edgardo Pérez Castillo

El 5 de agosto de 2014 la noticia conmovió al país con un efecto poco habitual: el de despertar una sensación de alegría colectiva. Con el correr de las horas, y los días, la restitución de identidad del nieto de Estela de Carlotto, emblemática presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, se impregnó de mayor calidez cuando el joven en cuestión, hasta entonces conocido como Ignacio Hurban, resultó ser un músico sensible, comprometido, afín a la lucha de instituciones como la que preside su abuela biológica. Con el correr de las semanas, y los meses, la feliz conmoción abrió paso a la posibilidad de descubrir el repertorio del pianista radicado en Olavarría, una obra con identidad propia, ésa que el compositor viene sosteniendo con una misma sensibilidad e intención, aunque desde un nuevo nombre: Ignacio Guido Montoya Carlotto.

Y con mayor visibilidad, claro, en una situación que intenta asumir con madurez, según apuntará en diálogo con Rosario/12, en una entrevista motivada por la llegada de su septeto, grupo conformado por Inés Maddío (voz), Ingrid Féniger (clarinetes y saxo), Luz Romero (flauta), Valentín Reiners (guitarra), Nicolás Hailand (contrabajo) y Juan Simón "Colo" Maddío (batería), y con el que mañana a las 21 actuará en Empleados de Comercio (Corrientes 450).

En esa misma sala, esta tarde a las 18 el músico formará parte de la charla "Notas sobre identidad", que bajo la organización de Hijos y Abuelas Rosario, sumará además a Iván Fina y Sabrina Gullino Valenzuela. Con su ya conocida sinceridad, Montoya Carlotto entiende que la suya es una figura emblemática, aunque confiesa: "Es un rol al que trato de escaparle. Hay cosas sobre las cuales no me siento del todo capacitado para opinar. A partir de éso he reflexionado bastante, porque con esta noticia cae sobre mí una expectativa de que tengo que transformarme en un difusor de la historia de Abuelas. Yo trato de elegir el camino por el que lo hago, que a veces tiene que ver con, a través de mi laburo, llegar a lugares en donde a veces es más difícil llegar para la gente de Derechos Humanos. Es delicado de explicar, y más difícil todavía de elaborar para mí".

- En ese sentido aparece como algo fundamental que tu camino musical ya tenía una identidad marcada. Sobre todo para que la visibilidad que cobraste desde el 5 de agosto de 2014 no corriera tu eje artístico.

- Sí, claro. He pensado mucho qué hubiera pasado si esto me hubiera tomado unos años atrás, capaz que no me agarraba tan armado y me perdía un poco. Y, de pronto, no tenés la claridad para decir que no a algunas cosas. Que son cosas buenas, positivas. Por ejemplo, para mí es muy difícil y controversial decir que no a una charla de Derechos Humanos, todos sabemos el valor y la importancia que tiene, pero en un momento tengo que ser claro, y éso lo puedo hacer porque tengo una cierta madurez. Y en la música también, porque ya tenía más o menos un camino trazado, tengo las ideas claras sobre lo que quiero. Me han invitado a hacer cosas de lo más inverosímiles, que cualquiera aceptaría para estar ahí, pero lo que verdaderamente me interesa es lo que vamos a hacer en Rosario: tocar mi repertorio, con mi grupo, tocando la música que creo. Es un poco lo que decías: cuando todo esto empezó elegí una frase que sostengo, y es que la identidad estética se había empezado a manifestar mucho antes que la identidad en el documento. Eso me ayudó, sin duda.

- En tu camino artístico existían ya intercambios con Liliana Herrero, Juan Quintero, el Negro Aguirre, Raly Barrionuevo; editaste un disco como Musa rea... Hay antecedentes a los cuales remitirse para entender también por dónde va ese camino. Incluso cuando la música del septeto no tiene un contacto estético directo con esos músicos, sí hay una conexión a partir de una intención y mirada sobre la música.

- Sí. Todos esos músicos que nombrás (y podría sumar a dos que son como mis héroes musicales, Ernesto Jodos y Guillermo Klein, amigos y grandes referentes), son tipos que si bien tienen propuestas artísticas diferentes, siempre hay un riesgo asumido. Que tiene que ver con una sapiencia, una observación minuciosa y cuidadosa de la tradición, pero a su vez entender que esa tradición no existe si no se la sobrepasa, si no se mira hacia adelante, construyendo nueva cultura, nueva música por sobre lo que ya estaba hecho. Son músicos que miran hacia adelante, van buscando el riesgo. Eso es lo que me identifica, esa búsqueda del lenguaje en el arte.

Poco frecuente dentro de la música popular, la formación de septeto que impulsa el pianista reluce con una delicada sonoridad camarística que ha cautivado al compositor. "Estoy muy contento. Esto funciona en mi cabeza, no sé si en la gente funciona igual, pero tengo la idea de que ese color musical tiene que ver con el color de lo que se cuenta en las letras y el de la mirada que proponemos desde esta música --apunta--. Ya todos entendemos la mecánica de trabajo y cómo debe sonar la música, aunque toquemos algo por primera vez. Todo eso se ve favorecido por el hecho de que tocamos mucho, en lugares y situaciones muy variadas. Eso hace también que uno explore la música escuchándola desde diferentes perspectivas".

- Si bien hablábamos sobre esa identidad musical asentada, si uno piensa en la escritura de las letras debe resultar imposible eludir las emociones generadas a partir de la restitución de tu identidad. ¿Se filtró en la escritura?

- Sí, si bien la poesía de las canciones siempre es abstracta (salvo el caso particular de algunos autores), esa abstracción siempre es mucho menor que la abstracción en la música. Ahí es donde se nota un poco la mano de lo que uno quiere decir, suponiendo que uno quiera todo el tiempo decir cosas. Algunas cosas han aparecido, en el disco que acabamos de grabar, y en el repertorio que vamos a presentar en Rosario, hay letras que hablan de este momento, de todo lo vivido, de este enorme viaje que empezamos a transitar desde el 5 de agosto hacia acá. También es cierto que, citando infinitamente a Horacio Quiroga en ese "Decálogo del perfecto cuentista", él sugiere "nunca escribir bajo el imperio de la emoción, hay que dejarla morir y evocarla luego". Estoy como en esa situación: muchas cosas que he escrito en ese imperio de la emoción no las he llevado a otro puerto, me parecía que no eran lo suficientemente maduras. Ahora estoy evocando, decantando lo que sucedió y bajándolo hacia las letras. En algunos casos me está costando, en otros no. Porque también ahora cuento con algo que antes no tenía: el rebote de la gente y saber que mucha gente lo va a escuchar. Jugar con ese oyente posible a veces hace que uno piense de más y no te liberes poéticamente todo lo que deberías.

- Oyentes que, además, estarán esperando precisamente ver qué se dice en esas letras...

- ¡Claro! Inclusive a veces esperando temas específicos, pero que seguramente nunca voy a escribir (risas). No sé si va a llegar la canción "Estela"... Llegará, pero puesto en otras palabras. En las canciones que escriba, de aquí hasta que me muera, esta historia va a estar contenida en todas y cada una. Pero quizás nunca de manera explícita.

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Ignacio Montoya Carlotto, al piano, junto a los integrantes de su septeto.
 
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