rosario

Sábado, 17 de noviembre de 2007

CONTRATAPA

Tembladeral

 Por Miriam Cairo *

I

Estimada teóloga despeinada:

Mi guía del grupo de autoayuda nos enseña que hay que despertar con la misma naturalidad con que se respira. Y yo hago todo por obedecerle. Cada mañana me impongo no pensar en la longitud extrema del día. Niego que cuando revuelva el café se me revolverá el alma. Evito leer el oscuro jeroglífico que me aleja de las especies bien parecidas. Con cada dosis de Zoloft ingiero un intento. Y los resultados están a la vista: en el trabajo, recibo clientes y no restos fósiles de la última esperanza. En el bar, ni se me ocurre pensar que quienes pasan por la vereda son mutiladas repeticiones de una consabida horma. Pero a pesar de todos mis esmeros, despertar sigue siendo un problema. Me pregunto si usted, salvo imprevistos, podría ayudarme a abrir los ojos en una oscuridad donde finalmente ya no haya oportunidad de ver. Aguardo su bienaventurada respuesta.

La intentadora tenaz


II

Estimada intentadora:

Permítame decirle que su guía ha errado el tratamiento. Yo creo que para evitar el desafortunado suceso de despertar, nunca hay que dormir.

Esta lucidez que me enaltece es resultado de los muchos años de formación que van desde las primeras lecciones de encierro en sucesivos círculos oscuros, hasta el caer de pie en el centro de un diminuto universo impar y de un azul desmedido. No tema recargar sus razonamientos de vicios y fatalidades, porque cada uno de nosotros ha sido creado con una dosis de alevosía. Las huellas del creador, sobre sus criaturas, son imborrables. Además, es natural que la inmensa resonancia de la noche la obligue a permanecer despierta, pero sobre todo tenga en cuenta que no está en sus manos impedir que amanezca.

Reciba mis bendiciones verdinegras.

La teóloga despeinada


III

Camarada lector:

Ninguno de los que aquí se narran se niega a ser mal interpretado. Pero las voces que los divulguen deberán juzgarse tan absurdas como sus propias vidas. Cada lector podrá elegir un tono que los distinga sin prescindir de la estereofonía. Es aconsejable que sus pensamientos se fulguren en el mayor número posible de siluetas como en un improbable escenario pintado por Kandinsky. Y como valor agregado, para los recién llegados a este tipo de lectura, podrá haber palabras y susurros, durante algunas eternidades, con el fin de prolongar la atmósfera arpía de estos instantes altos. Según sus facultades y su naturaleza, el lector recién llegado logrará desarticularse, descomponerse progresivamente, desinflar su sabiduría y enviudar de sus antiguas convicciones. De esta manera, la libre interpretación estará garantida.

Al final del acto de leer, de interpretar, de bufar, tranquila y sonriente, en un sueño con todo pago, la teóloga despeinada, sucia, manca, les ofrecerá un canapé y recitará versos de difícil dicción. Como broche final, con su dislocada mano, que no puede bruñir el bronce de la consagración, saludará como una princesa descalabrada al auditorio ideal. Y esto, si ustedes quieren, podrán considerarlo un generoso gesto de candor. Hasta más ver.

El anunciador invisible


IV

Estimado anunciador:

Nosotras estamos hartas de sentir que el hocico de la noche nos husmea desde la ventana. Los textos que nos llevaron a este punto no hace falta, por el momento, mencionarlos. En cambio siempre es necesario recordar de nuevo el camino que tratamos de recorrer y que hemos señalado con el dedo. Pero si recurrimos a usted es para que nos explique si la esencia de leer lleva el sello de la confabulación malditista. Y más aún, quisiéramos saber si al mismo tiempo ese sello queda oculto hasta el momento en que la lucidez se vuelve impresentable. Aunque esto no es todo. Ya que nos han dado la posibilidad de preguntar, respondemos: ocultas permanecen también, entre las palabras, las atroces membranas del silencio. Y sobre todo nos queda velado qué significa esto para nosotras. Sin embargo, no separarnos de esta oscuridad se nos vuelve la cosa más clara del mundo. ¿Qué nos puede decir al respecto? ¿Cómo podremos prescindir de ver magnolias teñidas de amarillo? "Si nos envuelven en plumas, tintas chorrean.", dijo el poeta, y dijo bien.

Aguardamos su visionaria respuesta.

Las noctámbulas translúcidas

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