CONTRATAPA

Tres heladas

 Por Beatriz Suarez

Este será el tercer invierno que paso sin ella. Se fue en Géminis, una tardecita engarrotada como su ausencia de mayo insepulto.

Fueron tres respiraciones, la última interrumpió la felicidad para siempre y en esa habitación (desbordada por el mando supremo de una Parca) se durmió en su propio cuerpo, serena, civil.

Quedé amándola con la intermitencia del faro; recuerdo ese letargo final donde caían una y otra vez su estómago, su páncreas, su valentía.

Miré morírsele los dedos uno a uno pero además la lucha por existir también moría, fue apagándose y alejándose de esa estirpe presidencial que acompañó su andar mientras estuvo.

Esta será la tercera vez que baja la temperatura y ya no está, siento su fin como el cabo del mundo, un descomunal desinfle sin consuelo de la necesidad de vivir dos veces.

Se fueron ese día su ansiedad, una esperanza envenenada, las cosas sin remedio, su gratitud. Murió torcida hacia el placard, mirando toda la ropa en el día más verdadero de la historia. La ropa y su respeto, el mal humor, la cristalería de su voz.

Qué autoritario es el invierno, quedo extraviada ante el frío y el sentido histórico de esta desaparición.

Encima mi cabeza la tiene, un intérprete onírico la trae muchas noches y cenamos juntas las frutas azucaradas de la infancia, aquellas que no sabían de finales.

Segunda

Desde Dorrego y el río se ve una casita isleña, la segunda de una serie donde un señor pasa en canoa cada día mas o menos a las siete y media de la tarde. Suele llevar jaulas de pájaros, un perro, enormes tambores colorados y, en esa madriguera de poder que da el Paraná, cruza pescado fresco y mujeres.

Ayer lo vi nuevamente (justo a la hora de la camperita primera) vestía uniforme de campaña, buzo verde, botas y corderito. Cargó una bolsa grande llena de ropa y cruzó el río metrallándolo con un motor destartalado. Se ve que prepara algo por el frío.

¿Cómo será pasar la estación cruda en esa segunda casa del barrio camalote que proclama amnistía general con la ciudad pero que sin embargo parece otra tierra?.

El señor cruza sus redes y además un disparo de ciencia natural mientras yo equipo las estufas de otro litoral. Litoral gas.

Primera

La numeración de los fríos se me ocurrió esta mañana.

El primero es el más insoportable, viene lo de media estación para conformarme pero entrar en el invierno desde el verano, sentir el vaho pascual, los petardos de la gloria que viene, júblilos impuestos, la verdad... es terrible.

De los fríos que siguen nos aísla la costumbre, quinto frío con olor a alcanfor o eucaliptus, la eme contaminada de virus, la ene chanta. Ni haciéndole una nebulización sale clara.

Las estaciones tienen origen incierto por más que nos impongan el estado del tiempo.

Los primeros fríos tienen escándalo porque en la jurisdicción del cuerpo algo se tapa con la lona de junio y solamente los amantes valoran su riqueza.

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